Niños durante el asedio de la ciudad de Sarajevo en el invierno de 1992 a 1993. | Wikimedia Commons | Christian Maréchal

30 años después del asedio de Sarajevo, esta novela rescata la guerra que nunca terminó para los niños

Tijan Sila tenía 10 años cuando comenzó el asedio de la ciudad. Una experiencia agónica que sufrieron miles de niños como él y que convierte en novela en Radio Sarajevo, 30 años después de su final.

AhoraQuéLeo
 |   | 17/08/2026

Reseña por María Del Álamo

Tijan Sila

Traducción: Javier García Albero

Editorial: Libros del Asteroide

Fecha de publicación original: 2023

Hay libros que cuentan una guerra y otros que intentan explicar qué significa crecer dentro de ella. Radio Sarajevo, de Tijan Sila, pertenece a estos últimos. El asedio de Sarajevo es el escenario, pero el verdadero centro del relato es un niño que tiene que aprender a crecer mientras a su alrededor desaparecen, poco a poco, las condiciones normales de la infancia.

Sila regresa a aquellos años para reconstruirlos desde lo cotidiano. No tanto desde las grandes batallas o los acontecimientos históricos, sino desde las pequeñas cosas que ocupan la vida de un niño. La guerra está siempre presente, pero no consigue detener la adolescencia, y eso bien lo sabe su autor, quien arrastró esos mismos recuerdos muchos años más tarde, convirtiéndolos ahora en novela.

Crecer bajo el asedio

Una de las mayores virtudes de Radio Sarajevo está precisamente en esa mirada infantil. Tijan no puede comprender del todo la dimensión de lo que está sucediendo, pero sí percibe sus consecuencias. La muerte deja de ser una idea lejana y se convierte en algo que puede aparecer en cualquier momento.

La muerte deja de ser una idea lejana y se convierte en algo que puede aparecer en cualquier momento

Recuerda, por ejemplo, cómo la madre de Ermin, un vecino, se había opuesto a que su hijo se marchara al frente. La posibilidad de que alguien tan joven pudiera morir hace que Tijan empiece a mirar la guerra de otra manera. “Si un cráneo es tan frágil como una cáscara de huevo y hasta el intrépido Ermin podía morir, ¿qué significaba eso para un niño?”.

"Sarajevo me parecía un bosque negro; la muerte, un cazador". Es una imagen que resume bien la manera en que el protagonista empieza a experimentar la guerra. Pero mientras todo eso ocurre, Tijan continúa siendo un niño. Él y sus amigos buscan la manera de pasar el tiempo. Son las anécdotas que cuenta, las que hacen que el relato funcione.

Una infancia que deja de serlo

Tijan descubre también que crecer significa cambiar la relación con sus amigos. Aparecen las diferencias, las discusiones y los primeros desencuentros. Esa convivencia entre lo cotidiano y lo extraordinario recorre todo el libro. Los niños siguen teniendo sus propios códigos y preocupaciones mientras los adultos intentan conseguir alimentos, proteger a sus familias y encontrar una forma de continuar.

Esa convivencia entre lo cotidiano y lo extraordinario recorre todo el libro

La escasez convierte incluso la comida en una preocupación permanente. En ese contexto aparece Muhamed, amigo del padre de Tijan, como una figura que intenta ayudarles. Frente a una ciudad en la que la guerra modifica las relaciones entre todos, su presencia representa uno de esos pequeños gestos de solidaridad que permiten seguir adelante. Sila consigue así mostrar que una guerra no transforma a todas las personas de la misma manera. Hay miedo, violencia y egoísmo, pero también amistad, generosidad y ayuda.

Padres que también sobreviven

La guerra también modifica la mirada que Tijan tiene sobre su propia familia. Su padre aparece como una figura frágil, un hombre sobrepasado por las circunstancias que en ocasiones descarga su frustración sobre su hijo y llega a comportarse violentamente con él. Es una de las partes más incómodas del libro, precisamente porque rompe con la idea del padre como refugio frente al peligro exterior.

Las guerras no terminan necesariamente cuando dejan de sonar las bombas

La guerra está fuera, pero también entra en casa y altera las relaciones familiares. "Mis padres habían sobrevivido a la guerra, pero esta les acabó destruyendo. Nosotros salimos de nuestra guerra con cuerpos extraños en el cráneo". La supervivencia, por tanto, no es presentada como una victoria limpia. Se puede salir con vida de un conflicto y, aun así, quedar marcado por él. Quizá sea esta una de las ideas que mejor atraviesan Radio Sarajevo: las guerras no terminan necesariamente cuando dejan de sonar las bombas.

La vida que quedó atrás

La huida a Alemania introduce una de las contradicciones más dolorosas del relato. Desde la mirada de un adulto, marcharse de una ciudad sitiada parece una decisión evidente. Pero Tijan es todavía un niño y no entiende por qué tienen que abandonar Sarajevo para siempre. Allí está su casa, sus amigos, su lengua y todo aquello que reconoce como propio.

La guerra también obliga a tomar decisiones que no pueden medirse únicamente desde la lógica

"¿Qué futuro mejor podía esperarme en Alemania?", se pregunta su protagonista. Si hubieran permanecido en Bosnia, una vez terminada la guerra, considera que, siendo hijo de dos profesores universitarios, habría tenido muchas posibilidades de continuar su vida allí.

Pero la guerra también obliga a tomar decisiones que no pueden medirse únicamente desde la lógica. Marcharse significa ponerse a salvo, pero también renunciar a un futuro posible, a una ciudad, a unas relaciones y a una vida que quizá nunca llegue a recuperarse. La familia comienza entonces una nueva etapa en Alemania, pero Sarajevo permanece. No solo como el lugar del que huyeron, sino como el espacio en el que Tijan se convirtió en quien es.

La memoria de una guerra

Radio Sarajevo es, en definitiva, un relato de formación muy particular. Tijan no cuenta simplemente cómo sobrevivió al asedio, sino cómo aquel contexto condicionó la persona en la que terminó convirtiéndose. Lo interesante está en que Sila no necesita convertir constantemente sus recuerdos en grandes reflexiones. Muchas veces basta con observar lo que hace un niño mientras la guerra sucede a su alrededor.

Sila no necesita convertir constantemente sus recuerdos en grandes reflexiones

Porque los conflictos bélicos no solo destruyen. También modifican la infancia, adelantan etapas vitales y obligan a entender demasiado pronto cuestiones que deberían llegar mucho más tarde. En ese sentido, Radio Sarajevo tiene más que ver con la memoria personal que con una reconstrucción histórica del conflicto.

Sila vuelve a Sarajevo para mirar de nuevo aquel niño que fue y entender qué significaban entonces cosas que solo muchos años después pudo nombrar: "Sentí que sobrevivir significaba, sobre todo, soportar el horror".

Sigue el canal de Ahora Qué Leo en WhatsApp para estar al tanto de todas nuestras reseñas, reportajes y entrevistas.