Así es el cómic español inspirado en los cientos de animales que fueron abandonados tras el desastre de Fukushima
David Muñoz y el ilustrador Tirso Cons cuentan en Abandonados la historia de una mujer de 70 años que no tiene más remedio que adoptar el perro de su hijo fallecido. Una catástrofe nuclear les separará y cambiará para siempre.
David Muñoz
Ilustraciones: Tirso Cons
Editorial: Astiberri
Año de publicación original: 2026
En 2011, tras el desastre nuclear de Fukushima, ocurrió algo que apenas ocupó titulares. Miles de animales se quedaron dentro de la zona de exclusión. Perros atados, gatos encerrados, granjas enteras abandonadas. Durante días, durante meses. En algunos casos, durante años. Abandonados parte de ahí.
No del accidente en sí, sino de sus consecuencias más silenciosas. De todo lo que no entra en los relatos oficiales cuando se habla de catástrofes.
'Abandonados' parte y se inspira en las consecuencias del desastre nuclear de Fukushima
La historia de esta novela gráfica tiene dos protagonistas: una humana y un perro. La humana es una mujer de setenta años que, tras la traumática muerte de su único hijo, se tiene que hacer cargo del can. Lo hace, en un principio, —a regañadientes— como una forma de rellenar el hueco dejado por su hijo.
El otro protagonista se llama Valiente. Es un husky. Antes de acabar con la mujer vivía con un hombre bloqueado, inseguro. El alcoholismo le hacía incapaz de sostener su vida. Y se apoyaba —suponemos, porque nunca lo vemos en la historia— en el perro. Lo llama Valiente y suena casi a ironía. O a deseo. Porque él es incapaz de tomar las riendas de su vida.
Juego de espejos
A través de Valiente, el cómic construye algo muy incómodo. Un espejo en el que mirarnos. Porque mientras los humanos nos perdemos en el miedo, en la culpa o en lo que vendrá, el perro simplemente sigue. Come si puede. Espera si no hay otra opción. Sobrevive.
Mientras los humanos se pierden en el miedo, en la culpa o en lo que vendrá, el perro simplemente sigue
Y decimos "sobrevive" porque, a pesar de que Valiente y la mujer acaban construyendo una vida cómoda y amable, un accidente nuclear cerca de su casa lo corta todo. Llega la evacuación. Y con ella, la separación. La gente se va. Los animales, no.
Este abandono masivo que el cómic recoge con toda su crudeza se convierte en algo permanente. Así que tanto la mujer como Valiente tendrán que sobrevivir a la separación. Ella de forma emocional. Él, también de forma literal.
Sin nombres propios
Imagino que no os habrá pasado desapercibido que en esta novela gráfica solo hay un personaje que tiene nombre. Valiente. Los humanos no. Ellos hablan, sienten, recuerdan, pero no tienen una identidad concreta. No tienen una etiqueta que los defina. Podrían ser cualquiera. Y, claro, eso cambia la lectura.
'Abandonados' no va de una historia concreta. Va de muchas. De todas las que se repiten cuando hay una crisis
Porque al final Abandonados no va de una historia concreta. Va de muchas. De todas las que se repiten cuando hay una crisis. Cuando algo se rompe, siempre lo hace por el mismo sitio. Por el eslabón más débil.
La anciana tiene que recomponerse. Vivir en otro lugar con la culpa de haber abandonado a su perro. Pero ella también ha sido abandonada. Por su hijo que deja de luchar y se suicida. Y ahora está desubicada, porque no entiende lo que está pasando. Porque no tiene recursos para reconstruir su vida. Y si nos fijamos en los pobres animales, directamente, se han quedado fuera de cualquier sistema de protección. Abandonados a su suerte y, llegado el momento, sacrificados si hace falta.
Parcos en palabras
Hay momentos duros en Abandonados. Sin apenas diálogos, son las viñetas las que se encargan de hablar cuando toca. Pero no todo es tragedia. Este cómic esconde también una gran carga de esperanza. La mujer protagonista no se queda mucho tiempo bloqueada. Conoce a otra persona que está casi como ella.
'Abandonados' es un cómic abrumadoramente tierno cuando se lo propone
La situación les junta y en la soledad y la desesperación por el destino de los pobres animales, surge el amor. Amor como bálsamo. Amor como compañía. Amor como ese golpe de suerte que da la vuelta a cualquier vida de mierda.
Abandonados es un cómic abrumadoramente tierno cuando se lo propone. Y eso es gracias en gran parte a los trazos de Tirso Cons. Tiene una capacidad enorme para construir atmósferas como lleva tiempo demostrando en los cómics de la todopoderosa DC. Espacios vacíos, silencios largos, miradas cómplices, esa sensación de abandono que no necesita palabras. Esta novela se apoya mucho en eso. En lo que no se dice.
A fuego lento
El germen de esta obra se remonta a 2016. Ha sido un camino de casi diez años. Y el resultado se nota pero no porque el tema sea de actualidad, que ya no lo es, sino por la forma de abordarlo. No es una historia catastrofista, a pesar de que todo el tiempo nos esté hablando de varias catástrofes —la natural y la humana—.
Lo que nos queda tras acabar 'Abandonados' es esa diferencia entre cómo vive Valiente y cómo nosotros. Ellos están en el presente. Nosotros no
Lo que nos queda tras acabar Abandonados es esa diferencia radical entre cómo vive Valiente y cómo vivimos nosotros. Ellos están en el presente. Nosotros no. Y esa distancia es, en parte, lo que nos rompe completamente. Porque este cómic podría haberse quedado en una historia sobre Fukushima, o sobre animales abandonados, o sobre una catástrofe en concreto. Pero no va de eso.
Va de lo que pasa después. De lo que nadie recoge. De lo que queda cuando todo el mundo ya se ha ido. Justo ahí, en ese vacío es donde este cómic encuentra su sitio para llenarlo. Sin levantar la voz. Sin grandes giros pero con una sensación incómoda, un peso en el estómago y también un calorcito por el resultado final que se queda contigo bastante tiempo.
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