Bebés robados, explotación laboral y disciplina moral: así reprimió y adoctrinó el franquismo a las mujeres díscolas
La historiadora Carmen Guillén ha trabajado durante años en Redimir y adoctrinar, un libro —que fue primero tesis doctoral— en el que analiza el Patronato de Protección a la Mujer, una institución franquista que sirvió de represión a la mujer.
Carmen Guillén
Editorial: Crítica
Año de publicación original: 2026
Es difícil explicarle a alguien qué fue el Patronato de Protección a la Mujer si ese interlocutor no conoce nada de lo que supuso el franquismo para la sociedad española. Solo entendiendo la represión moral y la imposición de valores católicos y tradicionales que vivimos en España en aquellos años se puede comprender la creación de una institución tan atroz y terrible.
La historiadora Carmen Guillén se interesó por el Patronato en la Universidad de Murcia y escribió su tesis sobre él
La historiadora Carmen Guillén se interesó por este Patronato mientras era estudiante en la Universidad de Murcia y escribió su tesis sobre él. Para ello mantuvo varias conversaciones con mujeres que habían pasado por allí y habían podido sobrevivir para contarlo. Su trabajo terminó siendo reconocido con el Premio a la Mejor Tesis Doctoral en materia de violencia de género en 2021.
Ahora aquella tesis da el salto a las librerías, en una edición ampliada y pensada para arrojar luz sobre uno de los episodios y de las iniciativasmás oscuras del franquismo. Una institución que estuvo casi 40 años activa y que sirvió a la vez como amenaza e instrumento represor para las mujeres que se salían de la doctrina clásica de amas de casa, cuidadoras, amables y sexualmente complacientes con sus maridos, sin iniciativa ninguna.
Reprimidos por el Estado y la Iglesia
Si una familia se veía incapaz de controlar a su hija, si una joven escapaba del pueblo en busca de un futuro mejor sin terminar de encontrarlo y si una pobre desdichada se quedaba embarazada antes de haberse casado: el Patronato las acogía para tratar de enderezar su vida.
Sin embargo, detrás de aquella apariencia de control moral y social, se escondía un entramado de represión, trabajos forzados e incluso una trama de trata de recién nacidos que arrancaba a los bebés de los brazos de sus madres para ser entregados de manera irregular a familias afines al régimen.
Un entramado de represión, trabajos forzados e incluso una trama de trata de recién nacidos
Protegidos por los dos estamentos más poderosos de la dictadura, el Estado y la Iglesia, el Patronato desarrolló durante casi cuatro décadas un control moral de la mujer para obligarla a ajustarse a las ideas del régimen: sumisión, reproducción y oración. Y quien se saliera de ese carril era reeducada y readaptada a la sociedad.
En un internamiento estricto, como si de una prisión se tratara, el castigo físico servía para llevar a las internas más rebeldes a amoldarse a lo que se suponía que tenían que ser como mujeres. Allí, el cuerpo femenino se convertía en el escenario del proyecto ideológico del franquismo: no valía con controlar las ideas y las acciones, había que controlar también la manera de mover o de vestir el cuerpo de la mujer
Una ventana al pasado reciente
Así, la sexualidad fue la clave de la identidad femenina durante aquellos años. Una sexualidad volcada a satisfacer la masculina, sin identidad propia, abnegada y solícita, que no se podía mostrar bajo ningún concepto fuera del matrimonio. E incluso ahí, era reprimida y sujeta únicamente a la procreación.
Una sexualidad volcada a satisfacer la masculina, sin identidad propia, abnegada y solícita
En una conversación con su propia abuela, la autora asegura que esta le confesó que, a pesar de haber tenido seis hijos, jamás había visto desnudo a su marido. Y ese es uno de los puntos fuertes de este libro: la cercanía. Las conversaciones que Carmen Guillén ha mantenido con internas del Patronato y otras mujeres que vivieron en persona aquellos años convierte esteRedimir y adoctrinar en algo más que un libro de historia.
Aquí hay una ventana a un pasado demasiado reciente —el Patronato se cerró diez años más tarde que la dictadura, en 1985—, que muestra un paisaje terrible, explicado además por quienes transitaron por él. Una radiografía del patriarcado que todavía se puede ver en el interior de nuestra sociedad, que muestra cómo aquella moral machista se coló a la fuerza en todas las casas y permeó hasta reducir a la mujer a un papel testimonial y ornamental.
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