Detalle de la portada de '30.000' drimedarios de Patricia Almarcegui | H&O Editorial

El dromedario que cargó con el 'boom' del turismo en Mallorca y murió intoxicado por el alcohol

Patricia Almarcegui persigue en 30.000 dromedarios la joroba del turismo en España a partir de la historia del animal que viajó hasta las Islas Baleares para convertirse en portada de miles de postales.

 |   | 07/08/2026
Patricia Almarcegui

Editorial: H&O Editorial

Fecha de publicación original: 2026

¿Para qué sirve un dromedario? La respuesta depende de dónde nos encontremos. En el desierto su única joroba sería extremadamente útil, quizás incluso para anunciar cigarrillos o como logo de una banda de rock de los años 70. Pero, ¿y en Mallorca en los años 60? ¿Para qué sirve ahí?

La respuesta es menos obvia: para forjar una imagen, una postal que reproducir en más de 30.000 unidades y diseminar por media Europa y Estados Unidos. En pleno boom del turismo balear, los dromedarios tomaron playas y calles para convencer a sus visitantes del exotismo de un país que había permanecido cerrado a cal y canto desde la Guerra Civil.

En pleno boom del turismo balear, los dromedarios trataron de convencer a los turistas del exotismo del país

Una vistosa imagen, la del animal cargando con el peso de sus visitantes, ajenos y divertidos. Mientras un país se sometía al esfuerzo de empezar a definirse entre la tradición y la modernidad cañí de cinta de Moebius, de avanzar y permanecer en el sitio, lastrados por lo de siempre: véase la avaricia y el quiero y no puedo.

Con un poco de cada una de esas cosas se dibujan en el horizonte los Treinta mil dromedarios de Patricia Almarcegui. Pacen en el desierto de la turistificación insular, del desenfreno del todo incluido o el triple salto mortal directo al pavimento de la realidad inmobiliaria de la isla. Hoy son miles los que se manifiestan contra un modelo económico impuesto y que ahoga a sus habitantes, aunque es necesario echar la vista atrás para entender las postales que enviaron sus primeros colonos.

Treinta mil postales

Es el número que la Casa Planas diseminó de una de sus postales más famosas. 30.000 recuadros de cartón que cruzaron fronteras para que los remitentes contasen sus vacaciones, el sol y el mar y aquella imagen de turistas a lomos de un animal desubicado. Esta empresa fotográfica, fundada por Josep Planas i Muntanyà nació en plena expansión turística, convirtiéndose en proveedores de recuerdos y constructores de su primera memoria visual.

Lo que más destaca Patricia Almarcegui es la extrañeza que aquella joroba nos generaba en el paisaje. Los mallorquines que vieron a Mohamed —este era su nombre y sobre él volveremos más tarde— se encontraban por primera vez frente a un animal como este. No hace falta a estas alturas recordar que sus largas patas fueron trasplantadas desde África al viento de la Tramontana.

Se recibía el dinero de quienes no veían con malos ojos la dictadura franquista, siempre y cuando incluyese una hamaca y un paseo en dromedario

Provenía de los últimos remanentes del imperialismo español en Marruecos, aquel que deliberadamente ignoramos en el Sáhara, pero que nos procuraba esa mezcla de exotismo, de corte nazarí mezclada con Reyes Católicos; de Guardia Mora y Santa Inquisición, con tantas otras cosas que el franquismo fue incorporando y desechando a medida que avanzaba el siglo. Para los turistas del norte de Europa, aquella imagen permitía crear una suerte de coordenadas.

Éramos pues, el norte de África y el sur de Europa, ni europeos ni rifeños; simpáticos vecinos bañados por el sol que había secado nuestras aspiraciones europeístas. El "yes, very well" que se hizo nuestro santo y seña de aquellos años, traducido macarrónicamente en un "pasen y vean" con el que se recibía el dinero de quienes no veían con malos ojos la dictadura franquista, siempre y cuando incluyese una hamaca por aquí y un paseo en dromedario por allá.

La vuelta en dromedario

Almarcegui mezcla aquellas visiones turísticas —hasta tres millones de imágenes en total llegó a producir Casa Planas contando con postales, posters y souvenirs en toda su historia— con la curiosa epopeya que vivieron el periodista Miguel Vidal y el pintor Gustavo Peñalver en 1965, parte de un libro editado por el sello Miramar: Mallorca a paso de dromedario.

Hasta tres millones de imágenes llegó a producir Casa Planas contando con postales, posters y souvenirs

En pleno enero de aquel año dedicaron varias jornadas a recorrer los pueblos baleares como reyes magos insospechados y fuera de temporada. Así describe la estupefacción de quienes les veían aparecer a lomos de esa empresa extraña que se habían propuesto aquellos dos hombres, y que el animal acataba con su débil constitución.

Salió rana el asunto del dromedario y el animal murió a medio camino, presumiblemente intoxicado por un grupo de curiosos que le dio de beber licor de palo, tradicional de la isla y de cuya ingesta no se recuperó. Así acabaron los días de Mohamed, magullado y llevado hasta la extenuación por quienes trataban de mamar en demasía de la teta del boom turístico insular, un destino trágico y profético, a la altura de su nombre.

30.000 dromedarios

Mohamed murió por los pecados de otros, uniendo su destino al que tendría años más tarde la propia isla. Almarcegui intenta llegar hasta el fondo del asunto, del juego de luces que pretendía mostrarnos al exterior como un país moderno, amable con los foráneos pero fiel a sus tradiciones. Aunque estas se inventasen por el camino, mezcladas con el orientalismo y la idea exótica que Europa buscaba en nuestro país.

Almarcegui descubre el juego de luces que pretendía mostrarnos al exterior como un país moderno pero fiel a sus tradiciones

Patricia Almarcegui se detiene precisamente en este proceso, aprovechando la imagen del animal para hablar del colonialismo abandonado al otro lado del Estrecho. A paso de dromedario nos adentramos en la isla, intentando entender desde la altura del animal qué es lo que se trataba de vender en aquellos años y cuál es la factura que hoy pagamos.

Mohamed es la mera excusa para hablar de imágenes idílicas, fabricadas e irreales, como todas esas cosas que surgen en el desierto y se deshacen a medida que tratamos de acercarnos a ellas.

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