John Gwynne, autor de 'Maldad' | Planeta

Lo escribió mientras cuidaba a su hija con discapacidad y es uno de los mejores libros de fantasía del siglo XXI

John Gwynne debutó con Maldad en 2012 y ganó el premio al mejor debut de fantasía del año. Tardó ocho años en encontrar editorial y lo escribió en los ratos libres que le dejaba el cuidado de su hija discapacitada.

 |   | 01/07/2026

John Gwynne

Traductor: Simon Saito

Editorial: Minotauro

Año de publicación original: 2012

Hay tres libros que lo cambiaron todo en la fantasía épica. El señor de los anillos construyó el molde, es decir, el mundo en el que se desarrolla la historia —lo que ahora llamamos 'lore'—, la mitología propia y el viaje del héroe.

Canción de hielo y fuego rompió ese molde. Los buenos mueren, los malos tienen razones para serlo y hasta puedes empatizar con ellos. Nadie está a salvo.

Hay tres sagas que lo cambiaron todo en la fantasía épica: 'El señor de los anillos', 'Canción de hielo y fuego' y 'Drenai'

Entre medias de estas dos sagas archiconocidas y sin que casi nadie lo notara, David Gemmell demostró con Leyenda —el libro que abrió la saga de Drenai— que se podía escribir sobre gente corriente dentro de mundos mágicos con miedos, cicatrices y problemas mundanos y que, aun así, hacían lo que tenían que hacer. Eran moralmente intachables, vamos.

Ese espacio entre Tolkien y George R. R. Martin es donde se colocó Gemmell. Y ese territorio, donde la épica es de andar por casa y ser un héroe es algo más que derrotar al mal, es justo el lugar donde habita Maldad. Y también es el lugar donde vive su autor, John Gwynne, desde que empezó a escribir este libro sin que nadie se lo pidiese.

El libro que nadie esperaba

Gwynne no había pensado en su vida en escribir un libro. Nunca. Trabajó en la cadena de una empresa empaquetando jabón, tocó el bajo en una banda de rock, sirvió como camarero en Canadá siendo él británico de los pies a la cabeza. Y acabó volviendo a su país para dar clases en la Universidad de Brighton.

Gwynne escribió este libro por su mujer, por sus hijos y por un puñado de amigos cercanos que quizás lo leerían algún día

Todo cambió cuando a una de sus hijas le diagnosticaron una discapacidad severa al nacer y requería cuidados a tiempo completo. Fue entonces cuando Gwynne dejó la docencia para estar con ella. En los ratos libres que le quedaban, empezó a escribir. No con la idea de ser autor, ojo.

Lo hizo por su mujer, por sus hijos y por un puñado de amigos cercanos que quizás lo leerían algún día. Tardó cuatro años en terminar el primer borrador y ocho en conseguir un contrato con una editorial.

'Maldad', además, es la puerta de entrada a la tetralogía de 'Los fieles y los caídos'

El resultado se llama Maldad y llegó a las librerías anglosajonas en 2012. Ahora, por primera vez y de la mano de Minotauro, llega a España. Maldad, además, es la puerta de entrada a la tetralogía de Los fieles y los caídos, una de las sagas de más renombre de este autor.

Gwynne siguió después de esta novela abriendo su imaginación y su talento a más sagas como, por ejemplo, la trilogía de inspiración nórdica Hermanos de sangre. Podríamos decir que hay mucho que leer de este autor pero Maldad es el sitio perfecto donde arrancar. Esta novela lo empezó todo.

Maldad es la obra de un autor que escribía desde las entrañas, sin calcular nada, sin pensar en cuotas de mercado o en modas. Y vaya si se nota.

Las tierras desterradas

Al abrir la novela por su primera página nos vamos a encontrar con un mapa. Sí. Hay doscientas obras hoy que arrancan igual. Pero cuando se escribió, en 2012, no había la saturación que hay hoy. La fantasía no era un filón.

El escenario de ese mapa es un mundo llamado las Tierras Desterradas, donde una profecía de dos mil años de antigüedad está a punto de cumplirse y donde la guerra que se avecina no es política. Es cósmica.

En las Tierras Desterradas, hay una profecía de dos mil años de antigüedad que está a punto de cumplirse

El bien contra el mal, dioses y gigantes y la humanidad atrapada entre medias. La historia sigue a cuatro personajes cuyos destinos se irán entrelazando.

Corban, un chico joven que solo quiere ser guerrero al servicio de su rey. Evnis, un hombre que ha sacrificado demasiado en su búsqueda de poder y que no tiene la mejor de las intenciones. Veradis, un espadachín extraordinario que vive siempre a la sombra de su hermano mayor y Nathair, el príncipe heredero que tiene planes propios y la determinación de llevarlos a cabo.

Las líneas entre héroes y villanos se dibujan con lápiz. No con tinta indeleble. Esas líneas se pueden borrar

Los tropos son de sobra reconocibles: el elegido, la profecía, el señor oscuro y el conflicto entre reinos. Gwynne no los inventó en ningún caso. Se limitó a heredarlos de los autores que le inspiraron y los bajó al barro. Los humanizó hasta los huesos.

En Maldad casi ningún personaje cree estar en el bando equivocado. Las líneas entre héroes y villanos se dibujan con lápiz. No con tinta indeleble. Son líneas que se pueden borrar fácilmente.

Paciencia recompensada

Si habéis llegado leyendo hasta aquí, tengo que ser honesto con vosotros. Las primeras quinientas páginas de esta novela no son un derroche de ritmo. Gwynne dedica casi el sesenta por ciento del libro a construir su mundo, presentar personajes y plantar semillas que no germinan hasta mucho después. Vamos a disfrutar de ellas si confiamos en el proceso. Quien lo haga, será ampliamente recompensado.

Los tropos son de sobra reconocibles: el elegido, la profecía, el señor oscuro y el conflicto entre reinos

Porque la segunda mitad de este libro es pura adrenalina, con traiciones, muertes y giros que hacen que todo lo anterior encaje de repente con la precisión de un reloj suizo.

Y antes de que se me olvide, las batallas merecen una mención aparte. Gwynne dota a las escenas de combate de esta novela de un peso físico casi real. Son peleas que tienen consecuencias de verdad. Es decir, se puede palpar el ruido y la confusión de lo que serían en la realidad las batallas que se imaginan en Maldad.

La frase que lo resume todo

Al abrir esta novela, después de ese mapa del que os hablaba unos párrafos más arriba, os vais a encontrar una frase tomada de Paraíso perdido, de John Milton. Dice así: "¿De quién, sino del autor de todo mal, pudo nacer tanta maldad?"

La segunda mitad de este libro es pura adrenalina con traiciones, muertes y giros que hacen que todo lo anterior encaje

Es la idea de que el mal no es simple ni gratuito, sino profundo, con motivaciones muy arraigadas y casi comprensible. Y esto es lo que hace que Maldad sea algo más que un ejercicio de género. John Gwynne lo escribió en los márgenes de su vida. En los ratos que le dejaba cuidar a su hija. Catorce años después, por fin podemos leerlo. Merece la pena haber esperado tanto.

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