Stig Dagerman en un retrato tomado en los años 40. | Wikimedia Commons

Escrita en plena mili y profundamente antibelicista, esta novela es una de las joyas de la literatura sueca

Stig Dagerman escribió La serpiente en plena Segunda Guerra Mundial, mientras realizaba el servicio militar. Un libro que trata de explorar conceptos como la justicia o el miedo en pleno conflicto.

 |   | 25/06/2026

Stig Dagerman

Traductor: Carmen Montes Cano

Editorial: Nórdica Libros

Fecha de publicación original: 1945

Stig Dagerman empezó a escribir muy joven, "casi al mismo tiempo que empezó a leer", rezaba en 1950 la reseña de The New Yorker de su quinto libro, Niño Quemado. Lo hizo hasta 1949, después abandonó las letras hasta su suicidio en 1954. Dejó cuatro novelas, cuatro obras de teatro, varias novelas cortas, cuentos, ensayos y poemas.

El silencio en el que se sumieron sus letras en los últimos años que pasó en el mundo solo se rompió en 1952 con la publicación de Nuestra necesidad de consuelo es insaciable. Una suerte de ensayo o carta desesperada en la que muchos vieron —tarde, eso sí— un preludio a su prematura desaparición.

"Puedo estar sentado ante la lumbre en la habitación menos expuesta al peligro y sentir de pronto que la muerte me rodea"

"Puedo estar sentado ante la lumbre en la habitación menos expuesta al peligro y sentir de pronto que la muerte me rodea", así se expresaba en 1952 Dagerman, aquejado ya de todo lo que le terminó por empujar fuera del mundo. Una sensibilidad que afiló a los 22 años con la publicación de La serpiente, su primera novela. Un libro lúcido y plagado de metáforas sobre la violencia y que Nórdica Libros recupera con una nueva traducción que la acerca más a la intención de su autor.

Una isla en el nazismo

Antes de arrancar con la sinopsis de esta novela, es necesario matizar en qué contexto se escribió. Durante la Segunda Guerra Mundial, Suecia se mantuvo neutral. Un estatus que le permitió mantener acuerdos comerciales con ambos bandos durante la contienda y que generó un clima extraño en el país escandinavo, en una suerte de limbo en pleno horror, sin participar del conflicto pero acosados por la sombra de la anexión o la insurrección contra el Reich.

En 1945 se publicó 'La serpiente', convirtiendo a Dagerman en una figura prometedora de las letras suecas

Dagerman entró en contacto con el anarcosindicalismo muy joven, a través de su padre. Dedicó buena parte de su adolescencia a colaborar con diarios obreristas, escribiendo poemas satíricos y artículos. En 1943, se casó con Annemarie Götze, una refugiada alemana proveniente de una familia de militantes que habían escapado a la Barcelona de la Guerra Civil tras el ascenso de Hitler, asentándose en Suecia tras huir del avance de la Wehrmacht durante el conflicto.

El hogar de los Götze servía de enlace para cientos de refugiados de toda Europa, los cuales sirvieron al escritor para construirse una noción del continente en aquellos años, más realista de lo que la vida detenida en Suecia ofrecía. Dos años después del matrimonio, en pleno armisticio, se publicó La serpiente, convirtiéndole muy pronto en una de las figuras más prometedoras de las letras suecas.

Dos historias sobre el miedo

La serpiente tiene dos cabezas, dos historias que giran en torno al miedo y la violencia que se mantiene al acecho. En la primera se cuenta la de Irène, una mujer que trabaja en un campamento militar, perdidamente enamorada de Bill, un soldado sádico e incontrolable. El recluta invita a la mujer a una cabaña donde se va a celebrar una reunión de amigos y, en el transcurso de una noche de verano, la muerte y la violencia se aparecen constantemente.

Bill recoge una serpiente en un momento dado de la historia y la mantiene dentro de su petate, símbolo del peligro que Dagerman se empeña en recordarnos, siempre amenazante. El escritor convierte su reptar dentro de la bolsa en sensaciones que recuerdan "la mano de un niño" a veces, otras en un silbido amenazante, replica el sonido de las escamas chocando contra las copas de la fiesta, mientras serpentea hacia el final del relato.

La serpiente tiene dos cabezas, dos historias que giran en torno al miedo y la violencia que se mantiene al acecho

La sierpe adopta la forma de Scriber, álter ego del sueco. La segunda parte de la historia se divide en otras seis, con los reclutas como protagonistas. Arranca con No podemos dormir, donde el insomnio se convierte en un coloquio de literas, con los reclutas compartiendo historias desde la negrura del barracón.

De nuevo, el escritor nos pone frente a relatos sobre el miedo. Uno de sus compañeros cuenta cómo dejaron caer deliberadamente una barra de hierro sobre un teniente despótico o las vivencias de otro en plena Guerra Civil española. Sus personajes tratan de sobreponerse al temor y controlarlo, entrar en la noche, olvidar el tiempo detenido que inunda el cuartel.

Descubrimos el preludio al sueño de una generación que viviría la pesadilla del progreso del siglo XX. Dagerman parece hurgar en la conciencia de sus compatriotas, pero la falta de épica militar nos deja con el regusto amargo del recluta estático, a la espera de que algo más ocurra que justifique las botas, los barracones y los fusiles, algo terrible y a lo que ninguno está preparado para enfrentarse.

Una sierpe de palabras

Conviven en las letras del sueco la literatura de Albert Camus, la perplejidad de su Extranjero; de Faulkner en el presente que nos recuerda todo el tiempo el martilleo de un ataúd a punto de terminarse en Mientras agonizo; de Kafka como catalizador del absurdo del siglo XX, de cuerpos demasiado graves o demasiado livianos para una existencia que se va estrechando cada vez más entre la muerte y la violencia.

Buena parte de esto tiene que ver con el estilo del autor. Dagerman agolpa los tiempos verbales en la narración y convierte las sensaciones en algo más vivo, que también respira y se arrastra entre sus personajes. Así la embriaguez se ve a través de una botella verde, las puntas de los cigarros "dan saltitos" en la solitaria oscuridad de una conversación entre dos fumadores. Y todo resulta tan extraño como familiar, como la vida cuando parece detenida y soñada, justo antes de la tragedia.

Cuenta con la traducción de Carmen Montes Cano, realizada directamente sobre el texto original en sueco

Esta nueva edición cuenta con la traducción de Carmen Montes Cano, realizada directamente sobre el texto original en sueco y recuperando muchos de los elementos que caracterizaron a su autor. Un buen ejemplo son los diálogos en la edición de Alfaguara, con traducción de Jesús Pardo, estos se separan de los párrafos y los convierte al estilo directo. Su autor los concibió dentro de la asfixiante sintaxis que derrocha y agolpa en el original y que ahora Nórdica Libros vindica con la presente edición.

Podemos concebir a esta serpiente bicéfala de Dagerman también como una compuesta de palabras. De intrincadas escamas que mezclan pensamientos, diálogos, metáforas y ensoñaciones, todas al mismo nivel de una realidad alucinada. Brillan en su reptar las metáforas e imágenes que derrocha el animal. Aunque sepamos que, en sus destellos, amenaza también el siseo de su mordedura.

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