La española que ha reconstruido el mapa de Estados Unidos a base de inmigración, racismo y muchas canciones
Ayesha L. Rubio recorre, en Volverán como fuego, la historia de la inmigración y el desarraigo en un Estados Unidos que respira al mismo ritmo que las canciones de Bob Dylan, Nirvana o Daniel Johnston.
Editorial: Random House
Fecha de publicación original: 2026
Decía el poeta cubano José Martí, a propósito de Hojas de hierba, que Walt Whitman meditaba sobre aquello que más le complacía: "En el canto de lo universal, para beneficio del hombre común". Aquel hombre común, estadounidense medio que acababa de firmar su independencia de la metrópolis inglesa, admitía en palabras de su autor que "es muy dulce morir avanzando", y Martí acometía como respuesta: "Y caer al pie del árbol primitivo, mordido por la última serpiente del bosque, con el hacha en las manos".
'Volverán como fuego' gira en torno a la inmigración en sus tres movimientos: llegada, arraigo y huida
Precisamente las sierpes tienen especial protagonismo en este Volverán como fuego, ya que que reaparecen una y otra vez a lo largo de los 17 relatos firmados por Ayesha L. Rubio. Textos que giran en torno a la historia de los Estados Unidos, en los que la muerte llega con la acometida del progreso a lo largo de sus escasos casi tres siglos de historia. Un libro que gira en torno a la inmigración en sus tres movimientos: el de llegada, el del arraigo y el de la encrucijada y posterior huida.
Desde el Oregon Trail y la conquista del Salvaje Oeste, la Hambruna de la Patata que llevó a miles de inmigrantes irlandeses al Nuevo Mundo o la salida a la carrera de las tropas yanquis de Saigón al término de la Guerra de Vietnam.
Historias en las que los animales aparecen entre sueños, como imágenes premonitorias o simbólicas y que forman parte del oficio, hasta ahora desarrollado por su autora, el de los cuentos infantiles, aunque con un giro más siniestro y urgente en su primer libro para adultos.
Esos otros cuentos
Anansi, la deidad-araña africana, observa cómo sus hijos son capturados y llevados a otro continente. La historia de la esclavitud se cuenta a través de un folklore oscuro, que se mide con la realidad más terrible de la historia de los Estados Unidos. También los caballos rojos de los Sioux se asoman aquí para hacer una alegoría de la matanza indígena. Y por todos lados, ellas: las serpientes.
Los personajes de los relatos de Ayesha L. Rubio están compuestos de recuerdos, de la imagen cada vez más lejana de su tierra natal, de las visiones familiares que provocan el desarraigo con una realidad que les repudia en cada uno de estos cuentos. Quienes aquí aparecen se abren a codazos en el continente, a lo largo de una historia que se escribió en las enormes colas humanas de la Isla de Ellis que filtraba a los inmigrantes europeos que, por aquel entonces, ansiaban una oportunidad lejos del Viejo Continente.
Los personajes de los relatos de Ayesha L. Rubio están compuestos de recuerdos
Sentimos la claustrofobia de los últimos pensamientos de un condenado a muerte. La amplificación de la realidad más nimia, transformada en algo trascendental por ser lo último que este mundo le brinda al reo. Así Rubio nos hace sentir la vibración de la maquinilla surcando nuestro cráneo, eliminando el pelo de la cabeza que, de otra forma, ardería al contacto con la brutal descarga de la silla eléctrica.
Ideas que surgen del imaginario propuesto por el músico Nick Cave en The mercy seat y que se repiten a lo largo del libro, proponiendo un hilo de referencialidad que viaja al mismo ritmo que sus historias para anclarnos a una realidad desconocida. Iluminando las regiones más oscuras y olvidadas de la existencia en esa, por momentos absurda, parcela del mundo supuestamente libre.
Esta tierra es tu tierra
Corren en paralelo las historias del desarraigo del país norteamericano con la playlist de sus forajidos. Y nada es casual en cada uno de los pedazos de canciones que Rubio disemina como puerta de entrada a sus historias. Allí encontramos a quienes delimitaron los confines emocionales del país, en Bob Dylan o Tom Waits, bandoleros y desarrapados habituales de la Norteamérica mítica, otras a reivindicar como la hermana Rosetta Tharpe, pionera afroamericana del rock and roll y por ende olvidada.
Corren en paralelo las historias del desarraigo del país norteamericano con la 'playlist' de sus forajidos
Pero también esos otros, quienes vieron el paisaje de sus ciudades natales a través del bostezo de la Generación X, convertido en grunge en los 90. Desde el lisérgico suroeste de Meat Puppets, hasta las lluviosas calles del Seattle de Nirvana o la California extraña del malogrado Daniel Johnston. Nada casual que sean sus canciones y sus miradas las que hagan del particular Virgilio que Ayesha L. Rubio nos propone para entrar en sus historias.
Volverán como fuego
Volverán como fuego es un ejercicio de literatura exigente. No solo porque se trata de la primera obra que su autora dedicada a la ficción para adultos, sino porque cada uno de los escenarios que lo componen nos remiten a otros que ya hemos 'vivido' antes. Ya sea en las novelas de John Dos Passos, Steinbeck, Norman Mailer o el cancionero antes mencionado. Hacerlo con el estilo que derrocha la autora es el verdadero ejercicio de equilibrismo entre el canon y la propuesta de la escritora.
Lejos de convertirse en hándicap, Rubio aprovecha para derribar cuantos clichés pudieran hacer acto de presencia aquí. Como resultado vemos a fogonazos el verdadero 'Nacimiento de una nación' que firmaría el cineasta D. W. Griffith, reviviendo todos sus fantasmas por el camino.
Rubio aprovecha para derribar cuantos clichés pudiesen aparecer en sus relatos
Esa técnica mixta nos remite a ese invento pernicioso que el propio realizador legó a la humanidad: el montaje. Las imágenes al servicio de las historias que se desean contar, desordenadas y reorganizadas para convertir a quienes sufren en seres malignos y a sus verdugos en héroes de brillante armadura o, en este caso, sombreros de pico como los del mismo Ku Kux-Klan que el cineasta ayudó a revivir de sus cenizas con su película más famosa.
Imposible asomarnos a esta historia de la inmigración y el desarraigo sin escuchar de fondo el estático de la actualidad, de los dos activistas muertos en Minnesota a manos del ICE y de las miles de personas hacinadas en prisiones a la espera de una resolución sobre su estatus en los Estados Unidos de Trump.
Regresamos a Hojas de hierba para referirnos al hormigueo que Volverán como fuego nos provoca, en esa 'Masa' —con la M capitular— que el poeta vio como cargada de un futuro que hoy es de pesadilla: "Yo canto para mí, una simple y aislada persona // Sin embargo pronuncio la palabra democracia, la palabra Masa.".
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