Caricatura de la escritora Briar Boleyn | Instagram - Joey Kao

Esta autora ha escrito un romantasy con dragones, vampiros y algo que muchos olvidan: una gran historia

Briar Boleyn entra en el saturadísimo territorio de la fantasía romántica con Sangre de dragón y consigue que entendamos perfectamente por qué este género está tan de moda.

 |   | 10/03/2026

Briar Boleyn

Traductor: Víctor Ruiz Aldana

Editorial: Planeta

Año de publicación original: 2024

Una nueva obsesión —otra más— recorre las estanterías de medio mundo. Dragones, academias letales, enemigos que terminan enamorándose y heroínas que descubren un poder que nadie sospechaba. El romantasy —este fenómeno a caballo entre la fantasía épica y el tórrido romance— lleva un par de años colonizando TikTok, las listas de ventas y las librerías.

En ese territorio en el que hay una lucha encarnizada por triunfar y vender millones de ejemplares aterriza Sangre de dragón, la primera entrega de la saga Academia Bloodwing escrita por Briar Boleyn, una autora que ya sabe muy bien cómo moverse en ese cruce entre aventura fantástica y pasión.

El 'romantasy' lleva un par de años colonizando TikTok, las listas de ventas y las librerías

Antes de que entremos en harina, conviene aclarar algo. Esta novela no llega de la nada. Boleyn lleva tiempo construyendo un imperio dentro de la fantasía romántica. De hecho, aunque no haga falta porque esta novela tiene sentido por sí sola, antes de Sangre de dragón existe una saga inédita que no ha llegado a nuestro país y que está conectada con esta que nos ocupa.

Son cuatro novelas cuya protagonista es la tía de Medra, la estrella de esta saga, Academia Bloodwing. Repito, puedes leer este libro sin mirar nada. Se entiende perfectamente. Pero nosotros nos vemos en la obligación de deciros que existen estas cuatro novelas, la saga Blood of a fae que conectan —de alguna manera que no os vamos a descubrir— con este Sangre de dragón.

Esos cuatro libros han entrado en las listas de lo más vendido del New York Times y The Sunday Times. Por eso, las —y los— que entienden de esto están como locas. La expectación es considerable.

Un campo de batalla

Arrancamos la historia con una frase que define perfectamente el tono del libro: "La academia Bloodwing no es una escuela, es un campo de batalla". Hasta allí llega Medra, una joven que carga con una identidad tan misteriosa como peligrosa. Dicen que es la última jinete de dragón, aunque lo cierto es que hace mucho tiempo que no se ve un dragón en ese mundo. El problema es que otros sí creen en ese rumor. Y por eso la capturan.

"La academia Bloodwing no es una escuela, es un campo de batalla"

La llevan a Bloodwing, una institución dominada por vampiros —sí, los reyes de este mundo son chupasangres— donde los estudiantes compiten, conspiran y sobreviven como pueden. Allí los llamados "altasangres" mandan y los demás apenas son peones dentro de un tablero político bastante oscuro.

A ese escenario ya de por sí complicado se suma Blake Drakharrow, un vampiro poderoso —que está para comérselo— y arrogante que convierte la vida de Medra en un duelo constante. Para colmo, un antiguo ritual los une en un compromiso que ninguno de los dos ha elegido. Vaya por dios...

Ya imaginaréis que aquí no se viene a buscar sutileza romántica. Esto es un enemies to lovers de manual mezclado con dark academia. Tensión constante, pullas afiladas, alianzas incómodas y una atracción que crece justo cuando ambos personajes preferirían degollarse antes que admitirlo.

Un manual bien ejecutado

Si uno se pone a analizar los ingredientes de Sangre de dragón, no parece haber mucha lugar a la sorpresa. El libro sigue el manual del género con bastante fidelidad: academia peligrosa, protagonista con poderes ocultos, jerarquías sociales injustas, romance a fuego lento y un misterio central que apunta a algo mucho más grande.

Pero ahí está precisamente la habilidad de Briar Boleyn. En saber utilizar todos estos códigos sin que la historia parezca un simple refrito de una trama mil veces vista.

La autora tiene la habilidad de que la historia no parezca un simple refrito de una historia mil veces vista

Esta autora ha explicado en varias ocasiones que su fascinación por la fantasía viene de su amor por los mitos y las leyendas —de hecho, antes de dedicarse a escribir estudió textos sobre literatura fantástica y mitología— y eso se nota mucho en el trasfondo del libro.

En Sangre de dragón hay vampiros, sí, pero también hay ecos de fantasía clásica: criaturas ancestrales, profecías, linajes ocultos y una política de poder muy en la línea de lo que puso de moda ya hace tanto Canción de hielo y fuego. Es decir, intriga y guerra.

Al final, lo que tenemos es una novela que combina dos pulsiones narrativas muy claras. Por un lado, la historia íntima de Medra: quién es realmente, qué significa su conexión con los dragones y por qué su existencia altera el equilibrio del mundo. Y por otro, el espectáculo puro del género: competiciones letales, conspiraciones en los pasillos de la academia y romances que se desarrollan entre amenazas constantes.

¿A qué se debe este éxito?

Es la pregunta que todos nos hacemos. ¿Por qué este tipo de libros arrasa tantísimo? La verdad es que la respuesta parece bastante simple en realidad. El romantasy ofrece exactamente lo que muchos lectores buscan hoy. Mundos expansivos y escapistas combinados con emociones intensas y personajes carismáticos.

Es una fantasía más emocional que épica. Menos centrada en mapas y genealogías imposibles y más en relaciones, identidades y deseo. En este sentido, Sangre de dragón es un ejemplo bastante representativo de este fenómeno. Tiene acción constante, romance en ebullición y un misterio central lo suficientemente potente como para empujarnos a leer hasta la última página.

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