Esta autora superventas se inspiró en Goya para escribir el romantasy más adictivo del año
Rachel Gillig, fenómeno en BookTok y en el New York Times, publica El caballero y la polilla, donde una adivina ve todo excepto el futuro del único hombre que puede salvarla.
Rachel Gillig
Traductora: Patricia Henríquez Espejo
Editorial: Hidra
Año de publicación original: 2025
Francisco de Goya creó sus Pinturas Negras directamente sobre las paredes de su casa. Saturno devorando a su hijo, El aquelarre, Duelo a garrotazos... Nadie se las encargó. Las pintó para sí mismo, como quien necesita sacar algo oscuro que le está destrozando por dentro.
Cuando Rachel Gillig visitó nuestro país por primera vez hace unos días para presentar El caballero y la polilla, una de las cosas que dijo fue que el arte de Goya siempre la ha inspirado, que comparten esa oscuridad hasta cierto punto.
De Goya al New York Times
Rachel Gillig nació en 1989 en la costa de California, estudió Teoría y Crítica Literaria y lleva años compaginando la escritura con la docencia. Sus primeras novelas pasaron prácticamente desapercibidas para la crítica. Fueron los lectores de BookTok quienes las descubrieron, las compartieron y las convirtieron en un fenómeno global.
Fueron los lectores de BookTok quienes descubrieron las novelas de Rachel Gillig y las convirtieron en un fenómeno global
Una ventana a la oscuridad, el primero de su díptico El rey pastor, es hoy uno de los títulos más virales de fantasía gótica en todo el mundo. Hay, literalmente, miles de vídeos de lectores describiendo su atmósfera inmersiva, su tensión psicológica y su, como no, romance imposible.
El caballero y la polilla llega después de semejante exitazo, con el número uno de las listas del New York Times ya en el currículum, y con una premisa que Gillig ha construido desde el mismo lugar que todas sus historias. Esa oscuridad que, según ella misma ha explicado, no es un recurso, es una necesidad. La misma que tuvo Goya en su día para dar a luz a sus pinturas negras.
La adivina que no adivina
Sybil lleva nueve años siendo clarividente en una catedral. Junto a otras chicas cambiaron una década de su vida por tener un hogar, recibe en sueños las visiones que le conceden seis criaturas sobrenaturales llamadas las Maldiciones.
Gracias a ellas puede predecir desgracias antes de que ocurran. La gente atraviesa páramos enteros para que les revele qué les deparará el futuro. El problema es que sus compañeras empiezan a desaparecer una a una. Y la única persona que puede ayudarla a encontrarlas es Rodrick, un caballero maleducado, blasfemo y endiabladamente atractivo que llega a la catedral sin previo aviso.
Gillig no construye el romance desde la atracción física sino desde la imposibilidad epistémica
El verdadero problema no es que Rodrick sea difícil de tratar. El verdadero problema es que Sybil, que puede ver el futuro de cualquier persona, no puede ver el suyo. Es el único punto ciego en toda su existencia. Y eso lo convierte en lo más peligroso y lo más fascinante que se ha encontrado en nueve años.
Esa paradoja es el motor de la novela y también su mejor hallazgo. Gillig no construye el romance desde la atracción física sino desde la imposibilidad epistémica. Sybil no puede saber qué va a pasar con Rodrick, y esa incertidumbre, para alguien que lleva casi una década sabiéndolo todo, es desestabilizadora de una manera que va mucho más allá del deseo.
Folclore y oscuridad
Para quien ya conoce a Rachel Gillig a través de El rey pastor, El caballero y la polilla le va a resultar familiar pero en el mejor de los sentidos. Misma atmósfera densa, misma mezcla de folclore y fantasía oscura, misma habilidad para construir un romance que no eclipsa la trama sino que la alimenta.
Y para quien llegue a esta autora por primera vez, las referencias más útiles que le podemos dar son Rebecca Yarros en lo que respecta al mundo construido y la tensión moral, y la Charlotte Brontë de Jane Eyre en cuanto al peso gótico que se respira en el ambiente.
Rachel Gillig escribe con la economía de alguien que ha leído mucha poesía
Lo que distingue a Gillig de sus contemporáneas es que escribe con la economía de alguien que ha leído mucha poesía y que sabe que una imagen bien colocada hace más que tres párrafos de descripción. Y eso, particularmente, me fascina. Escribir con un sentido tan audiovisual que las palabras se transformen automáticamente en imágenes dentro de tu mente.
La propia Rachel Gillig reconoce que le gustan los poemas breves, góticos y trágicos. Y vaya si se nota. Goya pintaba sus miedos en las paredes de su casa porque era la única manera de convivir con ellos. Gillig hace algo similar. La diferencia es que el resultado, en su caso, llega a las librerías.
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