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Esta novela duele: la destrucción desde dentro de una familia rural búlgara

El dramaturgo y director de teatro búlgaro Yordán Slaveykov retrata, en Último paso, a una familia de clase baja que, incapaz de crear lazos afectivos, se desmorona entre silencio y violencia.

 |   | 20/02/2026

Yordán Slaveykov

Traducción: Marco Vidal González

Editorial: La tortuga búlgara

Año de publicación original:

La literatura tiene la capacidad de hacerte vivir otras vidas. Carnaval infinito, al abrir un libro asumimos el disfraz de quien nos cuenta su historia. A veces contemplamos el fin del mundo en Venecia, junto a un misterioso hombre con poderes, a veces vivimos la obsesión de una joven por un tosco y rudo niño abandonado que crece en su propia casa, en la Inglaterra del siglo XVIII.

El hijo pequeño de esta familia se oculta en los libros que devora: solo la literatura le abre una puerta al infierno

Podemos desfacer entuertos en La Mancha o aprender magia en un increíble internado oculto a los ojos de los mortales. Y en todas esas vidas y con todas esas máscaras disfrutamos, nos entretienen y animan. Pero no siempre es así. A veces, las vidas plasmadas en el papel no son suaves al tacto. A veces, las historias que bebemos son agrias, rascan, duelen. A veces, incluso, a pesar de ser ficción, no son ni siquiera mentira.

El hijo pequeño de esta familia hace eso. Se oculta en los libros que devora. Vive vidas ajenas a la pobreza en los últimos años de la Bulgaria comunista que le rodea. Solo así el drama, el dolor, la violencia, la sensación de pérdida, de falta de referentes se hace soportable. Solo la literatura le abre una puerta al infierno.

Cinco personajes rotos

La historia de Último pasoes tan profunda que cuesta leerlo sin sufrir. Pero, como apuntaba Carl Gustav Jung, "sin oscuridad no apreciaríamos la luz". Y esta lectura realmente incómoda aporta más de lo que parece. Te muestra desde dentro una familia aparentemente normal, marcada por la pobreza y por la incapacidad de su progenitor de expresar sus emociones de modo natural.

Frente a ese padre de familia, la madre, una mujer idealista cargada de sueños, se deja literalmente la vida por sacar a sus tres hijos adelante. Sus esfuerzos y la falta de recursos van minando su salud hasta hacerla desaparecer. Y en esa ausencia germina tanto dolor y tristeza que el amor tiene la batalla perdida.

Los esfuerzos de la madre y la falta de recursos van minando su salud hasta hacerla desaparecer

Eso desemboca en enfrentamientos, en discusiones primero y en violencia después. Y la peor parte se la lleva el hijo mayor. Señalado como fracasado, es empujado al fracaso. Palizas de su padre, huidas de casa, internado en un colegio donde recibe palizas aún peores que en casa, imposible enderezar una vida así de golpeada.

El amor de su madre enferma y de su hermana no es suficiente. Sobre todo porque la madre tiene que repartir su amor entre sus tres hijos. Y el de su hermana no puede crecer lo suficiente por culpa de las iras de sus compañeros en el colegio, que se burlan de ella continuamente por una malformación en el ojo que tiene de nacimiento. Cegata. Cegata suena en su cabeza continuamente. Y, una vez asumida la humillación, de ahí a la agresión sexual hay solo un paso endiabladamente fácil de dar.

Un mosaico en primera persona

Último paso va recorriendo las vidas de estos cinco personajes desde una sobrecogedora primera persona. Con frases cortas, golpeadas, como acero sobre piedra, erosionando ilusiones, moldeando almas, machacándolas. Y cada uno va mostrando su manera de ver las cosas, de entenderlas, de sentirlas. Cada uno enseña sus cartas solo en el libro porque la comunicación es imposible cuando nadie te ha enseñado a amar con naturalidad.

Es un retrato tan sobrecogedor como clarividente, perfecto para iluminar la oscuridad que pervive todavía en nuestro planeta

Y esas voces tienen la capacidad de mostrarte este pedazo de oscuridad anclado en el tiempo y el espacio. Los centros de reeducación juvenil de los últimos años del socialismo búlgaro, la violencia de las comunidades rurales y los primeros pasos de un país por una democracia, extraperlo y contrabando, que funcionaba como unos zapatos, varias tallas más grandes, que tuvieron que aprender a utilizar a marchas forzadas.

Un retrato tan sobrecogedor como clarividente, perfecto para iluminar la oscuridad que pervive todavía en nuestro planeta y que, como explicaba Jung, nos sirve, a los que hemos vivido en la luz, para reconocerla y valorarla.

La cara b de Gospodínov

Yordán Slaveykov es un famoso dramaturgo búlgaro, aclamado director de teatro y escritor. Y esa experiencia se vuelca en Último paso, con diálogos brutales, creando imágenes repletas de fuerza, como escenas de una obra poderosa y cruel representada en la imaginación del lector.

'Último paso' está lejos de la brillante iluminación de 'El jardinero y la muerte', pero funciona como contrapunto

En esta historia de amor que se nos ha despertado con Bulgaria y sus escritores, a partir de Gueorgui Gospodínov y del loable trabajo del editor y traductor Marco Vidal en La Tortuga Búlgara, Slaveykov es una nueva confirmación de la fuerza y el poder de una literatura marcada por la herencia socialista en las relaciones humanas: la dificultad de los vínculos emocionales con las personas a las que amamos.

Último paso está lejos de la brillante iluminación de El jardinero y la muerte, pero funciona perfectamente como contrapunto de aquel. Es la otra cara de la relación padre-hijo. La que sale mal, la que se alimenta de silencios y violencia y no le deja espacio al amor porque no sabe cómo utilizarlo.

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