Este mentalista ha escrito una novela que pone en duda hasta tus propios recuerdos
Henrik Fexeus, conocido por su trabajo con los mecanismos de la mente, debuta en solitario con El sacrificio, un thriller psicológico que convierte la memoria en un territorio bajo sospecha.
Henrik Fexeus
Traductora: Alba Pagán
Editorial: Planeta
Año de publicación original: 2024
Hay vidas que empiezan dos veces. La primera, cuando nacemos. La segunda, cuando alguien nos dice que aquello que creíamos saber sobre nosotros mismos quizá no sea cierto. El sacrificio se instala en este segundo comienzo. Henrik Fexeus levanta un thriller que no arranca con un disparo, sino con una grieta. La sospecha de que el pasado puede no ser lo que creemos.
David Lund tiene 36 años y no se acuerda de nada de sus primeros doce años de vida
David Lund tiene 36 años y un vacío que pesa más que muchos recuerdos. No se acuerda de nada de sus primeros doce años de vida. Es cierto que no lo vive como un drama cotidiano. Es más como una zona sellada, asumida. Una anomalía con la que se ha acostumbrado a convivir. Hasta que un día recibe un correo electrónico.
Una mujer desconocida afirma saber algo decisivo de esa infancia borrada. David responde y, de repente, todo se pone patas arriba. La mujer desaparece y él acaba en el centro de una investigación policial que no entiende.
Excarvando el pasado
Fexeus tiene la inteligencia de no convertir ese punto de partida en un simple mecanismo de suspense. Lo que se pone en marcha no es solo una trama policial, sino una desestabilización progresiva del yo. David no corre únicamente para demostrar su inocencia. Corre para sostener la coherencia de su propia identidad.
David no corre únicamente para demostrar su inocencia. Corre para sostener su propia identidad
Cada pista, cada silencio, cada evasiva abre una posibilidad inquietante: que alguien haya tenido interés en administrar su pasado. En esa sospecha emerge la sombra de La Sociedad, una especie de organización clandestina que tuvo que ver con la crianza de David. La novela va insinuando que la infancia del protagonista no fue simplemente opaca, sino organizada bajo una lógica que él desconoce.
Luego está la abogada Florence Tapper que entra en escena como contrapeso necesario. De formar una relación sólo física con David, a convertirse en uno de sus pilares inamovibles a lo largo de toda la trama. Recién divorciada, metódica, algo escéptica, Florence no es la ayudante decorativa del thriller clásico.
Su mirada cuestiona tanto a David como al sistema que lo señala. A través de ella, la novela abre un segundo frente: el de las instituciones que, bajo apariencia de neutralidad, pueden preferir la estabilidad al esclarecimiento.
Un gran secreto
Hay algo eficaz en como Henrik Fexeus administra la información. No hay giros gratuitos, ni una acumulación enfermiza de revelaciones. La tensión va creciendo por capas, con paciencia. Como lectores compartimos la incertidumbre de David. No sabemos más que él, no disponemos de un mapa privilegiado. Nos vamos enterando de lo que esconden los personajes a la vez que el protagonista. Algo que siempre funciona.
No hay giros gratuitos, ni una acumulación enfermiza de revelaciones. La tensión va creciendo por capas
Fexeus no es un recién llegado a estos territorios. Mentalista y especialista en comunicación no verbal, es coautor junto a Camilla Läckberg de la trilogía Vincent & Mina. Lleva años explorando cómo se construyen —y manipulan— las percepciones. En esta novela, esa experiencia se nota. No hablo de exhibicionismo técnico, pero sí de una comprensión precisa de cómo funciona la sugestión, la memoria y la influencia. El sacrificio se sostiene porque la psicología está trabajada con convicción.
La casa de campo asociada a la infancia de David se convierte en un núcleo simbólico poderoso. Aislada, casi suspendida en el tiempo, concentra la sensación de experimento emocional, de infancia observada desde fuera. El autor deja que sea el espacio el que hable. Lo que allí ocurrió desborda la misma concepción de ese lugar como un "hogar".
Esto es sólo el principio
El sacrificio avanza con un ritmo implacable. Capítulos breves y una prosa limpia que no se pierde en adornos y futilidades. Y bajo toda esa superficie funcional late una pregunta incómoda: si nuestra historia como individuos puede ser administrada por terceras personas, ¿cuánto de nosotros es realmente nuestro?
Al final, lo que queda, no es solo la resolución del misterio, sino la inquietud persistente de haber mirado de cerca una identidad que ha sido manipulada. Y esa es, precisamente, la apuesta más ambiciosa de esta novela. Convertir la memoria en territorio narrativo y el pasado en un lugar donde nadie está a salvo. Y es solo el principio: porque esta novela forma parte de algo más grande: la saga Memento, cuyo siguiente volumen llegará a nuestras manos antes o después. Ganas no nos faltan.
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