Carlos López-Otín y Sammy Basso | Archivo del autor

La inusual amistad entre un paciente de progeria y un científico español protagonizan uno de los libros del año

La eternidad y un día más es el sorprendente "cuento" de admiración y amistad entre Sammy Basso, afectado de progeria, y el bioquímico y biólogo molecular Carlos López-Otín.

AhoraQuéLeo
 |  Madrid | 22/10/2026

Carlos López-Otín

Editorial: Paidós

Año de publicación original: 2026

Incalificable este título, La eternidad y un día más, que se ha marcado el científico español Carlos López-Otín. Puede que sean unas memorias, puede que sea un libro de divulgación sobre una de las enfermedades raras más rara que conocemos —la progeria de Hutchinson-Gilford—, puede que sea un homenaje a la persona más famosa que la vivió, la carta de amistad más tierna que hemos leído en los últimos tiempos o puede que, como cantaba Meredith Brooks en su hit 'Bitch', sea "all rolled into one".

La progeria es una enfermedad genética que provoca el envejecimiento rápido de las personas que la tienen

Sea lo que sea, lo que sí podemos asegurar es que es un libro absolutamente delicioso, una alegría en este mundo literario de la divulgación científica que de vez en cuando, como ocurrió con El puente donde habitan las mariposas de Nazareth Castellanos, nos da una grata sorpresa.

Lo que aquí narra Lopez-Otín es su amistad a lo largo de los años con Sammy Basso, un joven italiano al que diagnosticaron de progeria, una enfermedad genética que provoca el envejecimiento rápido de las personas que la tienen, manteniendo su inteligencia y su desarrollo cognitivo intacto y condenándolas a una muerte prematura.

Basso, que llegó a cumplir 28 años, se hizo mundialmente famoso por ser la persona más longeva diagnosticada de progeria, además de un eminente científico, divulgador e investigador de su propia enfermedad.

La primera clase de Sammy Sensei

Alguna vez ya me quejé aquí de quienes se asoman a ese lugar común de "el cuerpo es una máquina perfecta". Una máquina perfecta no nacería con una proteína defectuosa que acaba condenando la muerte prematura de quienes son diagnosticados de progeria. Catorce años es la esperanza de vida de estos pacientes.

Sammy Baso dedicó su vida a investigar su propia enfermedad para ayudarse a sí mismo y a otros como él

Sammy Basso vivió el doble. Su caso fue tan extraordinario como la vida que llevó. El joven quiso desde niño ser un gran físico "para entender el mundo" e investigador del CERN de Ginebra. Lo intentó, pero este mundo alérgico a la diversidad le obligó a dejarlo y a pensar en un plan B: estudiar Biología en la Universidad de Padua. Entones sí.

Dedicó su vida a investigar su propia enfermedad para ayudarse a sí mismo, a otros como él y ya de paso al mundo entero. Porque rápido entendió que el mundo es mejor para todos cuando es mejor para todos. Ya que su aspecto no le permitía pasar desapercibido, convirtió este hándicap en una ventaja que aprovechó para poner el foco y la conversación en enfermedades raras como la suya. Y lo consiguió.

Y entonces llegó Carlos

Carlos López-Otín tiene uno de los currículums más impresionantes del panorama científico español. Este bioquímico y biólogo molecular es miembro de la Academia Europea y de las Reales Academias de Ciencias y Medicina de España, así como Premio Nacional de Investigación Santiago Ramón y Cajal.

'La eternidad y un día más' va de cómo López-Otín acabó viendo a Basso como un maestro de vida

Además, desde 2025, López-Otín es también marqués del Castillo de Lerés, título concedido por el rey Felipe VI por su trayectoria como estudioso del envejecimiento, del cáncer y de enfermedades minoritarias. Es ahí donde la vida de Sammy Basso se cruza con la suya.

Y de eso va La eternidad y un día más, de cómo la vida hizo de ellos la más extraña de las extrañas parejas, de esa amistad que se fue creando con el tiempo y de cómo López-Otín acabó viendo a Basso como un maestro de vida, el sensei al que hace referencia el subtítulo de la obra.

Hay una sensibilidad inusual en este tipo de textos, a la altura del protagonista del que se habla

No es la historia que el científico español nos cuenta, es la manera de narrarla. Hay una sensibilidad inusual en este tipo de textos, a la altura del protagonista del que se habla. Se nota en cada párrafo la inmensa admiración y el cariño que Carlos López-Otín profesaba a Sammy Basso, una energía que acaba contagiándose al lector y que casi podría tocarse con la punta de los dedos.

Así pues, La eternidad y un día más es un libro lleno de entusiasmo, emocionante hasta su última página, una lección de vida. Quizá todavía sea pronto para decir que este sea uno de esos libros que trasformen al lector, habrá que dejarlo reposar para afirmar tal cosa, pero de momento apunta a eso.

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