Juan Luis Arsuaga es el Viejo de la Tribu que trata de explicarnos cómo la humanidad ha llegado hasta aquí
El científico y divulgador publica La Respuesta, un libro desde el que descubrir cómo hemos llegado hasta aquí. Arsuaga convierte millones de años de evolución en una agradable charla con el Viejo de la Tribu.
Editorial: Destino
Fecha de publicación: mayo de 2026
Nos sentamos en torno al fuego para escuchar a Juan Luis Arsuaga contar la historia más antigua del mundo, aunque solo la conozcamos desde hace siglo y medio: la de la evolución. En su nuevo libro, La respuesta, recorre la historia de nuestros antepasados y su periplo por llegar hasta nuestros días. Siguiendo el rastro del Homo sapiens que inauguró el Holoceno, el tiempo de los humanos que hoy nos empeñamos en clausurar.
El paleontólogo y divulgador reúne décadas de investigación sobre nuestros orígenes para plantearnos ¿cómo hemos llegado hasta aquí y por qué? Un recorrido por el álbum familiar de la humanidad que incluye a nuestros ancestros más lejanos, aquellos que podrían haber llegado a ser como nosotros y los grandes homínidos con los que compartimos todavía planeta y que amenazan con desaparecer para siempre.
Arsuaga no escatima en datos, explicaciones y metáforas con las que hacernos un poco más comprensible los razonamientos más científicos. Otros en cambio los entendemos a la primera de cambio, y es que el divulgador aprovecha para ahondar en el Homo sapiens, el tribalismo y todo lo que nos empuja a destruirnos entre miembros de la misma especie.
De hormigas y homínidos
Parece paradójico, pero hay pocas certezas en este libro. Quizás porque las certezas no son científicas y operan en otros mundos como el de la religión, la política o la prensa deportiva. Pero el Viejo de la Tribu viene pertrechado de teorías, descubrimientos e hipótesis que seguir arrojando frente al fuego para dejarnos embobados.
La evolución no es la adaptación de los más fuertes, sino la de los que están mejor adaptados
Les ponemos un ejemplo: ¿sabían que las manchas blancas del trasero de los corzos sirven para avisar al resto de que tienen que huir? Se trata de un rasgo evolutivo altruista, es decir, con un beneficio que no se centra solo en el individuo. Porque es necesario recordar que la evolución no es el triunfo de los más fuertes, sino la de los que están mejor adaptados. Y a veces esa adaptación se produce de forma colectiva.
Así nos explica el divulgador que las hormigas o las termitas son animales eusociales, poco 'inteligentes' individualmente pero capaces de formar relaciones complejas. Las abejas, seres eusociales también, interpretan un baile con el que indican a sus compañeras cuánta comida hay en la colmena y dónde encontrarla, nada desdeñable para un insecto que no supera los dos centímetros.
Levántate y anda
Pero el animal que nos ocupa aquí principalmente es otro, "feroz, peludo y lleno de manos" como decía Jack Lemon en 'Con faldas y a lo loco'. Para llegar a ser Homo sapiens hemos tenido que transformarnos y adaptarnos muchas veces. Y no siempre ha sido un camino de ida. Arsuaga nos recuerda que la evolución suele redundar en torno a un mismo tema o rasgo del individuo, ofreciendo variaciones limitadas y lentas. Es lo que se conoce como 'equilibrios puntuados'.
La evolución suele redundar en torno a un mismo tema o rasgo del individuo, ofreciendo variaciones limitadas y lentas
Pero un día, en un momento de genialidad, la naturaleza propone cambios radicales o adaptaciones insospechadas. Volviendo a esos seres peludos con los que compartimos herencia genética, el primer primate homínido que adoptó una postura bípeda fue el Australopithecus que vivió hace casi 4 millones de años. Aunque los científicos siguen sin ponerse de acuerdo con el por qué de este rasgo evolutivo.
Puede que fuese para mejorar la refrigeración del cuerpo, un cambio en la dieta o para mejorar el rango de visión y alertar de depredadores. Pero la realidad es que no sabemos por qué nuestros primos lejanos decidieron ponerse en pie.
Una de las teorías que recoge aquí Arsuaga en profundidad es la del cazador/recolector. Según esta, estos seres habrían adoptado dicha postura para poder tener los brazos libres y llevar provisiones al resto de la comunidad. De nuevo, habría vencido un diseño altruista.
El increíble fenómeno humano
Pero la gracia aquí es que no lo sabemos, solo especulamos e incluso Arsuaga se muestra disconforme con esta explicación. A medida que fue cambiando nuestro cociente craneal, la medida en que nuestro metabolismo necesita dedicar cada vez más energía a nuestros procesos cerebrales, también nuestras relaciones sociales se fueron haciendo más complejas. Somos uno de los pocos animales (junto con los calderones o ballenas pilotos) que tiene ritos funerarios o de duelo.
"Somos porque nos miramos a través de los otros"
En la Sima de los Huesos del yacimiento de Atapuerca, codirigido por el propio Arsuaga, encontramos un brillante ejemplo de este tipo de rituales que fueron generando la última revolución evolutiva de nuestra especie: la autoconsciencia. Contamos con una visión interior única que nos separa y une a otras especies, la de entender nuestros propios procesos y racionalizarlos. Algo que supone para el autor nuestro gran salto hacia adelante.
Aún así, tampoco sabemos por qué desarrollamos dicha inteligencia. Las teorías que se manejan son la de una mejor adaptación a cualquier tipo de clima gracias a la tecnología, el propio desarrollo de herramientas como un factor que nos empujó a aumentar nuestra masa gris y la última, y más adecuada para lo que nos concierne, la del desarrollo de nuestras capacidades sociales para sobrevivir en comunidad y que el divulgador expande: "Somos porque nos miramos a través de los otros".
Simio reconoce a simio
Tanto hablar del pasado, acaba abriendo el apetito por el futuro. Y las últimas páginas de La respuesta están precisamente dedicadas a este espacio que tiene más que ver con la paleontología de lo que creemos. Observar la adaptación evolutiva nos pone en el camino de los siguientes pasos que daremos, lentos y dubitativos como ya hemos visto antes, a la espera de otro gran salto que hoy desconocemos si vendrá de nuestra genética o de nuestra técnica.
Arsuaga habla aquí de la Inteligencia Artificial, como todos todo el tiempo en los últimos años. Pero lo hace desde una perspectiva mucho más esperanzadora, como un avance capaz de hacernos racionalizar los recursos y su uso y que, independientemente de su coste ecológico, nos permitan adaptarnos mejor al medio, tal y como hicieron nuestros antepasados.
Quizás la única solución a nuestros peores males son el humor y el conocimiento
Pero también repara el divulgador en uno de los grandes males de nuestra especie y de de las comunidades eusociales complejas que hemos construido: el tribalismo. La adaptación no deja de ser una carrera armamentística acelerada entre individuos y especies que compiten por los mismos recursos finitos. Aunque desde hace siglos, esa carrera armamentística sea realmente una carrera armamentística y no una mera metáfora adaptativa.
No hay receta alguna que nos pueda hacer escapar de este instinto destructivo porque somos seres simbólicos. Abandona aquí cincel y brocha Juan Luis Arsuaga para dejar pasar al tú a tú, de simio a simio para hacernos comprender quizás la única solución a nuestros peores males: humor y conocimiento.
El segundo nos acerca un poco más a la comprensión de las complejidades de nuestro mundo, una dosis de humildad que mezclada con el humor son el único remedio contra el tribalismo que hoy nos empuja a la desaparición.
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