Leer Cumbres borrascosas a los 21: amor y dependencia emocional casi 180 años después de su publicación
Cumbres borrascosas es una de las obras clásicas e imprescindibles de la historia de la literatura. 179 años después de su publicación, seguimos planteándonos las mismas preguntas en torno a los personajes de Emily Brontë.
Traducción: Rafael Santervás
Editorial: Austral
Por Marta Carrillo
"Pero él nunca llegará a saber cuánto le quiero, y no porque sea guapo, sino porque hay más de mí en él que en mí misma."
Hay algo inquietante en que una novela escrita en 1847 consiga hablar el mismo idioma que los jóvenes de hoy
Cuando leí esta frase en labios de Catherine Earnshaw me sorprendí romantizando una obsesión enfermiza y disfrazándola de amor. Aunque siendo sincera, tampoco puedo esperar mucho más de mis 21 años, de haber crecido con comedias románticas y de las horas que paso viendo vídeos en TikTok que aseguran que "si un hombre no insiste después de que le rechaces, es que nunca te quiso de verdad".
Hay algo inquietante en que una novela escrita hace casi dos siglos consiga hablar el mismo idioma emocional que los jóvenes hoy en día.
No es una historia romántica
En las primeras páginas de Cumbres Borrascosas, ese clásico de clásicos que Austral ha forrado de flores en su última edición, llegué a pensar que ya conocía la historia. Más allá de la película —de la que solo había visto los edits de Jacob Elordi en mi Para ti—, Heathcliff y Catherine me resultaban en parte familiares. Y es que hay versiones modernas de ellos en todas partes.
Emily Bronte nos dejó un libro sobre orgullo, deseo de posesión, violencia emocional, resentimiento y obsesión
Eso sí, en lugar de cartas lo hacemos por WhatsApp y la obsesión se ha convertido en algo que nos encanta y llamamos double texting, por ejemplo a escribir antes de recibir una respuesta. Pero el patrón sigue siendo igual más de 170 años después. Me sorprende cómo los años han convertido esta obra en una gran historia de amor cuando lo que escribió Emily Brontë está muy lejos de ser una historia romántica.
Pero nos dejó un libro sobre el orgullo, el deseo de posesión, la violencia emocional, el resentimiento y una obsesión tan grande que termina destruyendo a todos los personajes que toca.
La literatura de las Brontë
Hablando de la autora, resulta fascinante pensar en quien está detrás de este retrato del hombre del periodo victoriano. Nadie sospechó de las hermanas Brontë, aunque todos las consideraban extrañas. Estas tres mujeres solteras —"solteronas", las llamaban entonces— crecieron aisladas junto a su hermano Branwell en el campo.
Nadie imaginaba que en la familia Bronte se estaban gestando algunas de las obras más famosas de la literatura inglesa
Mientras otras jóvenes desarrollaban su carrera para encontrar marido, ellas pasaban los días recitando poemas sobre las rocas, leyendo a Byron, Walter Scott y sumergidas en sus mundos imaginarios. Nadie imaginaba que en el seno de esa familia, marcada por la muerte de la madre, se estaban gestando algunas de las más famosas obras de la literatura inglesa.
Entre estos poemas y mundos imaginarios, la mediana de las Brontë encontró lugar para su primera y última novela. Un reflejo de un amor tormentoso entre Heathcliff y Catherine convertido en un proyecto de vida.
180 años romantizando la obsesión
Para cualquiera que lea la novela, el villano será inmediatamente Heathcliff. Un niño pobre que llega a un hogar caliente rescatado por un padre de familia y acaba deseando la destrucción de este apellido y todo lo que tenga relación con la casa, incluido su propio hijo.
Heathcliff no ama bien, simplemente no ama, porque la obsesión no es amor, aunque nos empeñemos en que sí
Cuando el señor Earnshaw, este padre de familia, rescató a un joven Heathcliff no se le pasó por la cabeza que se pudiera desarrollar un vínculo tan fuerte entre él y su pequeña Catherine. Pero ese amor imposible desemboca en una obsesión tormentosa que acaba con todo lo que tiene alrededor.
Y aquí está el punto de la novela que se ha confundido durante años con amor. Heathcliff no ama bien, simplemente no ama, porque la obsesión no es amor, aunque nos empeñemos en que sí. Lo curioso es que me costó aceptarlo. Porque mientras leía no dejaba de encontrar pequeños reflejos de ideas que todavía hoy seguimos considerando románticas.
La novela no intenta convencerte, somos nosotros quienes hemos decidido romantizar la obsesión
Ese "si vuelve una y otra vez es porque de verdad te quiere". O "el amor verdadero siempre duele un poco". Frases que me repiten mis propias amigas y que aparecen en redes sociales disfrazadas de consejos sentimentales y que, sin querer, convierten la dependencia emocional en destino. Pero en la novela Emily Brontë nunca intenta convencerte de que esto sea lo ideal. Somos nosotros quienes generación tras generación hemos decidido romantizar la obsesión.
Como si realmente fuese verdad que nos atrae lo difícil —y otra vez caigo escribiendo esto en las frases de mi algoritmo que me presentan lo tóxico como atractivo—. Este punto es lo incómodo de leer una novela casi dos siglos después de su publicación, obliga a preguntarnos cuánto hemos avanzado realmente.
Dolor y venganza
Heathcliff y Catherine tenían una dinámica tormentosa que se aproxima más a la obsesión que al amor, sí. Pero nada surge porque sí. Heathcliff no estaba enfermo ni tenía un fondo perverso en su ser. Su obsesión enfermiza con Catherine nace de la personalidad que desarrolla desde que, siendo solo un niño, es rescatado de la calle.
Heathcliff convierte el dolor en un proyecto de vida
Emily Brontë nos da el privilegio de desarrollar un contexto detallado de estas circunstancias mediante la voz de Lockwood y Nelly Dean, en ciertos momentos de la novela. Gracias a estos dos sabemos que Heathcliff no se convierte en un monstruo de la nada, hay un origen en su resentimiento: el rechazo de Hindley desde que entra por la puerta siendo ambos unos niños, la humillación constante y la pérdida de la única persona que le dio afecto, el señor Earnshaw.
Esto puede sonar a justificación por mi parte, pero creo firmemente que no se trata de que Heathcliff no sea capaz de amar, sino que su concepto de amor acaba deformado por sus vivencias y orientado hacia la posesión y la venganza.
Su obsesión ya no consiste en recuperar a Catherine, sino en impedir que nadie encuentre la paz
Heathcliff convierte el dolor en un proyecto de vida en un punto clave de la novela: después de escuchar solo una parte de la conversación en la que Catherine acepta casarse con Edgar Linton por conveniencia. Esos años que desaparece se forja en él un deseo de venganza imposible de sofocar.
Arruina a Hindley, utiliza a Isabella únicamente para herir a Edgar, maltrata a su propio hijo y le priva de la educación para hacerle sufrir lo que él sufrió de niño. Su obsesión ya no consiste en recuperar a Catherine, sino en impedir que nadie encuentre la paz que él perdió cuando desaparecieron las oportunidades para ese amor.
Una novela revolucionaria
En mi opinión Emily Brontë nunca quiso escribir un romance y la prueba está en el desenlace. Heathcliff no encuentra tranquilidad en la venganza: muere consumido por la obsesión, incapaz de vivir fuera del recuerdo de Catherine. Sin embargo, la esperanza queda en la siguiente generación. Catherine Linton y Hareton aprenden a quererse desde el respeto y el perdón, un intento de Brontë por demostrar que el amor solo puede empezar cuando termina el deseo de poder en el otro.
La novela es revolucionaria en todos sus sentidos. Brontë no construye al hombre que toda mujer debería desear, sino del que deberíamos salir corriendo. Heathcliff es ego herido convertido en persona. Confunde amar con poseer y convierte su dolor en un proyecto de venganza que destruye varias generaciones.
Lo escalofriante es que, 180 años después, seguimos viendo comentarios que lo justifican porque "lo hacía por amor"
Lo escalofriante es que, casi ciento ochenta años después, seguimos encontrando comentarios que lo justifican porque "lo hacía por amor". Hemos avanzado mucho: hoy podemos estudiar, trabajar, vivir solas y decidir no casarnos sin hacer de ello un escándalo social. Pero basta una comida familiar para que alguien pregunte si "ya tienes novio", o escuchar a amigas a las que cualquier hombre envidiaría decir que "se les pasa el arroz" a los treinta para entender que algunos estigmas han pasado desapercibidos disfrazándose.
Cumbres borrascosas es y seguirá siendo un clásico. No porque cuente una historia de amor inolvidable, sino porque obliga a enfrentarse a todo lo que seguimos idealizando sin darnos cuenta. Y la prueba más clara de esto la he visto en mí misma, una mujer criada en el siglo XXI que aún se preguntaba pasando las páginas si tal vez Heathcliff sólo necesitaba que alguien le quisiera un poco más.
Sigue el canal de Ahora Qué Leo en WhatsApp para estar al tanto de todas nuestras reseñas, reportajes y entrevistas.