El libro que desvela los secretos de la escritura de una Premio Pulitzer que ha tardado casi 40 años en llegar a España
La editorial Bamba publica en España La vida en la escritura. Un libro que recorre la entrega con la que la escritora Annie Dilliard se entregó a su oficio.
Annie Dillard
Traductora: Blanca Gago
Editorial: Bamba Editorial
Fecha de publicación original: 1989
En su versión original, La vida en la escritura se editó como Life in writting, un juego de palabras que en inglés coloca vida y escritura en el mismo escalafón. En una relación de codependencia que Dillard explora entre sus páginas sin llegar a una única conclusión, ramificando sus pensamientos en todas las direcciones, emulando los árboles que rodean la cabaña desde la que escribe.
Este libro es una parada obligatoria en cualquier curso o carrera de humanidades en la que se pretenda transformar la experiencia en letras. Porque como bien rezaba tras su fallecimiento el obituario de The New Yorker en septiembre de este año, la temática que persiguió la escritora a lo largo de décadas de profesión siempre fue "el mundo".
Dillard siguió el ejemplo de Thoreau, Emerson o Whitman, de escritores inspirados en las fronteras entre la naturaleza y el hombre
El libro que le valió el Premio Pulitzer en 1975, Una temporada Tinker creek (Errata Naturae) fue concebido en las montañas Apalaches, uno de los lugares más remotos de los Estados Unidos, durante una convalecencia tras una grave neumonía. Dillard siguió el ejemplo de Thoreau, Emerson o Whitman, de escritores inspirados en las fronteras entre la naturaleza y el hombre, viviendo en cabañas y lugares ignotos que inspiraron y completaron sus obras.
Esa pulsión por desaparecer del mundo, de uno mismo y centrar la escritura en el aislamiento, llevó a la escritora a fijar su mirada en otros lugares. Un ejercicio que se completa en La vida en la escritura, un libro que no ceja en el empeño mismo de la escritora de investigar su propio oficio, llegando siempre a conclusiones que responden a preguntas fundamentales sobre nuestra existencia.
Es fácil no ser escritor
Es realmente fácil no ser escritor, basta con no escribir, no mirar y no empezar la prospección hacia esos minerales raros que son la escritura. La frase pertenece a Julian Barnes, parte del dietario de autores que asoman la cabeza brevemente en esta colección de ensayos. Y decimos brevemente porque comparten protagonismo con niños, paisajes, pilotos de aviones de acrobacias, bebés que juegan (o simulan jugar) al ajedrez y así sucesivamente.
A través de las brillantes intervenciones de Dillard, tomamos el pulso al oficio de la escritura
A través de las brillantes intervenciones de Dillard, tomamos el pulso al oficio de la escritura y la simbiosis con el mundo. Y este es el punto principal que Dillard expone en La vida en la escritura, la capacidad de bifurcarnos del camino y encontrar una verdad nueva a lo largo del proceso. Así cada uno de estos ensayos afilan la capacidad de observación de su autora y estimulan la nuestra como lectores.
Dicha observación se detiene en las mismas obsesiones que convirtieron Una temporada en Tinker creek en un éxito. El simple avance torpe de las larvas de los geométridos, gusanitos que se desplazan a ciegas a golpe de intuición, doblando el cuerpo en forma de U para estirar sus extremidades; se convierte en una metáfora sobre lo que significa avanzar sin saber si el mundo termina donde lo hace su último movimiento.
Así es exactamente como funciona la escritura de Dillard, dejando que la intuición se tope constantemente con lo insospechado.
El poeta está trabajando
La incertidumbre se confunde con la labor del escritor, tratando de asir una supuesta realidad que se desborda sobre papel. Thoreau atrapaba abejas para luego observar su vuelo de regreso y así ubicar el panal del que provenían, en ese proceso localiza Dillard el oficio de quien persigue lo que escribe hasta dar con el libro que lo acogerá.
La incertidumbre se confunde con la labor del escritor, tratando de asir una supuesta realidad que se desborda sobre papel
El poeta mexicano Octavio Paz colgaba un cartel cuando se iba a la cama que rezaba "El poeta está trabajando", Thomas Mann escribía una página completa al día; Stefan Zweig conocía los tiempos editoriales y sus libros terminaban de imprimirse justo a tiempo para la Navidad; mientras que Charlie Butts, autor menos conocido que los anteriores, lo hacía a ráfagas interrumpidas por recados, regresando a casa para lanzarse de forma furibunda sobre lo que sea que estuviese tecleando antes de marcharse.
Las rutinas de los escritores son importantes, iluminan todas las posibilidades a la hora de crear para llegar a la conclusión de que no hay un solo camino. Dillard se pregunta acerca de su propio oficio, ¿por qué escribir? ¿Qué la empuja a querer emborronar en negro sobre blanco? Pero el encuentro que detona ese pensamiento es una conversación casual con un vecino que después de escuchar sus quejas la espeta: "Pareces el típico tío que se pasa todo el día trabajando en una fábrica y no puede más".
Dillard se pregunta acerca de su propio oficio, ¿por qué escribir?
Ese mismo año, Dillard publicó uno de ensayo acerca del cuento de La polilla y la llama que formaría parte de Holy the firm (Sagrada la materia, Bamba Editorial). Solo un crítico de Yale había entendido el sentido de aquel texto, tal y como ella lo había concebido. Se siente desconsolada, como una "crítica que escribe para críticos". Unos días más tarde, unos niños del vecindario le preguntan si ella es la autora de dicho cuento o si, por el contrario, solo lo había pasado a máquina.
La vida en la escritura
Dillard provocó una verdadera fascinación en el mundo de las letras estadounidenses. Dejó poesía, crítica, novela, cuentos y ensayo, desarrollados todos en torno al sentido más estricto de la palabra oficio. Legó miles de cartas y jamás negó una respuesta a quienes la escribían para conocerla, pedir una plaza en sus cursos o recibir consejo profesional. La escritora tuvo tiempo para atender por, desde y hacia la escritura a todas las personas que así lo requiriesen hasta su muerte en septiembre de 2026.
Dejó poesía, crítica, novela, cuentos y ensayo, desarrollados todos en torno al sentido más estricto de la palabra oficio
Cuando anota cómo eran las jornadas en Cape Cod y Roanoke (escenario este último desde donde concibió Una temporada en Tinker Creek) no habla realmente de qué escribió, sino de las distracciones de aquellos días. Los libros de la Premio Pulitzer no encajarían hoy con la mayoría de la literatura, ni en su pulso ni en sus tiempos ni en las temáticas que escogía.
Podríamos decir que los libros de Dillard pertenecen a otro tiempo, a un mundo en retirada donde la atención se fragmenta y parcela a un precio altísimo. En ese mundo acampó Thoreau para componer su Walden, se recostó Proust para rebuscar en el pasado o puso a Whitman a organizar las placas de la imprenta que manipulaba para publicar sus Hojas de hierba.
La suerte está en que en este mundo existan proyectos como el de Bamba Editorial que siguen reivindicando estas figuras, como ya lo hicieron con el Opoponax de Monique Wittig
La suerte está en que en este mundo existan proyectos como el de Bamba Editorial que siguen reivindicando estas figuras, como ya lo hicieron con El Opoponax de Monique Wittig. Una labor clave también en el trabajo de Blanca Gago, a cargo de la traducción de este texto que no renuncia a la naturalidad con la que fue concebido.
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