La liebre que enseñó a una asesora política a mirar el mundo de otra manera
Chloe Dalton es asesora en el Ministerio de Exteriores británico. En la campiña inglesa, en pleno confinamiento, encontró un lebrato abandonado. Lo que vino después es La liebre y yo, uno de los libros más bonitos de este año.
Chloe Dalton
Traducción: Celia Filipetto
Editorial: Libros del Asteroide
Año de publicación original: 2024
Podemos entender que la liebre es una metáfora, pero existió realmente.
Chloe Dalton se refugió en un pequeño pueblo de la campiña inglesa durante la pandemia del COVID-19
La pandemia del COVID-19 obligó a Chloe Dalton a parar. El ritmo de trabajo extenuante que llevaba en Londres, donde trabajaba como asesora en el Ministerio de Asuntos Exteriores y en la Commonwealth, dio paso a una temporada en la campiña inglesa. Allí se refugió, en un pequeño pueblo apartado en el que solía pasar los veranos de adolescente.
Desde allí, rodeada de campos de cultivo, antiguos bosques y naturaleza por los cuatro costados, mantenía reuniones virtuales y atendía a su trabajo de manera telemática, en un casa de campo reformada por ella misma, con un amplio jardín rodeado de un muro de piedra.
La aparición del lebrato
Una mañana, paseando por los caminos que rodeaban la casa, acertó a ver un pequeño lebrato recién nacido en mitad del camino. Su pequeño tamaño, su inmovilidad y el color de su pelaje hacían que no fuese sencillo descubrirlo. Pero su pequeño tamaño —cabía en la palma de una mano— y su tremenda indefensión hicieron dudar a Chloe.
Recogió a la pequeña cría de liebre y se la llevó a casa para protegerla, tratar de alimentarla y volverla a soltar
Sin embargo, a pesar de que parecía una fácil presa para los halcones y los cernícalos que sobrevolaban la zona, o para los zorros, e incluso que podía ser víctima de algún coche o tractor que pudiera aplastarlo, Chloe lo dejó allí. Temía que si lo tocaba su olor corporal pudiera hacer que la madre de aquel animal —que no podía andar demasiado lejos— lo repudiara y fuera peor el remedio que la enfermedad.
Sin embargo, cuatro horas después, cuando volvía por el mismo camino, el lebrato seguía allí. Por su cabeza pasaron muchas posibilidades: la muerte accidental de la madre, que el lebrato se hubiera desorientado... Ayudándose de un trapo y con extremo cuidado, recogió a la pequeña cría de liebre y se la llevó a casa. Su intención era protegerla, tratar de alimentarla y volverla a soltar.
Criar una liebre
Pidió ayuda a biólogos que conocía y a expertos ecologistas y todos lo dijeron lo mismo: es imposible domesticar a una liebre. A diferencia de los conejos, las liebres son animales salvajes, que rara vez aceptan la ayuda de los humanos y que necesitan vivir en libertad. Nadie creía que pudiera alimentarlo y, si lo conseguía, posiblemente moriría en los primeros días de vida, asustado y angustiado por un entorno totalmente ajeno.
Chloe Dalton se hizo con pequeños biberones y adecuó su casa para darle una total tranquilidad al animal
Sin embargo, a pesar del oscuro futuro que le pintaban todos, Chloe Dalton compró leche para gatitos recién nacidos, se hizo con pequeños biberones y adecuó su casa para darle una total tranquilidad al animal. Nada de sonidos fuertes, fin a la televisión que emitía ruidos y luces estridentes y todas sus visitas eran conminadas a mantener el silencio y la calma en su presencia.
Así, poco a poco, el lebrato fue superando día a día de su corta existencia. A base de prueba y error, la asesora política aprendió qué comida le gustaba más, dónde prefería descansar, qué le asustaba y qué le gustaba. Dalton modificó sus horarios, cambió espacios de su vivienda y alteró su vida para hacérsela más fácil a esa pequeña liebre que se había colado en su vida y en su corazón.
Cambiar el foco de atención
Esa pequeña existencia salvaje había cambiado por completo a una persona acostumbrada a vivir a un ritmo urbano y desaforado. Pero Chloe Dalton hace algo más en este precioso libro que es La liebre y yo. Ella presta atención. Es emocionante leer con qué mimo describe el pelaje de la liebre, eligiendo siempre la palabra adecuada, cómo relata cada mancha, cada cambio de tonalidad, cada pequeño ruido que emite el animal.
Leer 'La liebre y yo' te ayuda a cambiar el ritmo, a poner el foco en lo que permanece
Las descripciones se convierten así en paisajes en los que descansar la vista. Como esos campos de trigo verde que se agitan con el viento y evocan las olas del mar. Una visión de la naturaleza que calma y reconforta. Así, leer este texto te ayuda a cambiar el ritmo, a poner el foco en lo que permanece, a mirar la naturaleza como lo que es: el contexto definitivo, el telón de fondo sobre el que representamos la comedia —la tragedia— de nuestro día a día.
¿Cómo un animal salvaje, cuya vida nos es indiferente siempre que no se muestre ante nuestros ojos, puede convertirse en la pieza fundamental de nuestra felicidad? ¿Es que acaso lo único que necesitamos es ser conscientes de toda la VIDA, con mayúsculas, que hay ahí fuera? ¿Qué necesitamos para abrir los ojos, para cambiar el foco?
Un tratado sobre las liebres
Hace, además, Chloe Dalton, algo típico de las personas enamoradas. Quiere saber. Y a través de bibliotecas de todo tipo, comienza a leer todo lo que se ha escrito sobre la liebre a lo largo de los años. Desde tratados cinegéticos del siglo XVI a reflexiones de cazadores en Siberia de finales del XIX.
Las costumbres de las liebres, sus periodos de celo y gestación, su dieta, no es información irrelevante
Textos latinos sobre animales en los que se describe a las liebres y sus costumbres son analizados por Chloe Dalton junto a poemas románticos. Así, La liebre y yo se convierte en un tratado sobre el animal tremendamente entretenido. Porque aquí, saber más de este precioso y desconocido animal aporta y mucho a la narración.
Sus costumbres, sus periodos de celo y gestación, su dieta, no es información irrelevante —como pueden ser las larguísimas páginas que Herman Melville le dedica a los diferentes aceites de ballena en Moby Dick (perdón por el hate gratuito)—, sino que profundiza en la personalidad del personaje clave de la historia.
La metáfora
La liebre y yo puede funcionar como metáfora. Perfectamente. Un toque de atención, un aviso de que la naturaleza está ahí, a nuestro lado, y cuenta con nosotros. Y aunque realmente no nos necesita para salir adelante, pues cada día nacen lebratos y salen adelante sin nuestra ayuda, si ponemos de nuestra parte podemos recibir tanto como damos.
Saber que compartimos espacio en el planeta con historias tan sobrecogedoramente sencillas como esta, reconforta
Es más, durante un buen tramo de la lectura de este libro, llegué a pensar que podía ser, perfectamente una historia inventada. Absoluta y fantástica ficción. Y que en el fondo daba absolutamente igual, el mensaje no perdía ni un átomo de fuerza si no hubiera ocurrido.
Pero ocurrió. Y ese valor añadido, saber que compartimos espacio en el planeta con historias tan sobrecogedoramente sencillas como esta, reconforta. Es más, hacía tiempo que no leía un libro que me abrigara tanto el corazón como este La liebre y yo.
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