Monique Wittig en una imagen de los años 60. | Wikimedia

La novela lésbica pionera que la censura española mutiló y que se reivindica con una nueva edición

Monique Wittig se convirtió en pionera de los estudios queer en Francia, proponiendo una visión del lesbianismo que mezclaba política y literatura. Ahora la editorial Bamba publica su primera novela, El Opoponax.

 |   | 08/05/2026
Monique Wittig

Traductora: Gudrun Palomino

Editorial: Bamba editorial

Año de publicación original: 1964

Mientras los niños empiezan a ver e interpretar el mundo, este se agolpa en sus pequeños cerebros sin orden ni concierto. No hay jerarquías, cosas más o menos importantes, porque eso se aprende más tarde, como adultos. Los eventos más relevantes en su vida se mezclan con los más triviales y todo al mismo tiempo se acaba convirtiendo en los cimientos de quienes somos y seremos.

En 1964, Monique Wittig publicó El Opoponaxcon esta misma idea en mente. La autora se convertiría en las décadas siguientes en una de las pioneras del lesbianismo político, también de los ensayos queer que empezarían a proponer un orden distinto, una jerarquía que obviase las reglas sociales, lingüísticas o amorosas marcadas por el heteropatriarcado.

Un pensamiento que resumiría en que "las lesbianas no son mujeres" de cara a un mundo construido por hombres heterosexuales

Un pensamiento que resumiría en que "las lesbianas no son mujeres" de cara a un mundo construido por hombres heterosexuales.

A través de ensayos como Las Guerrilleras, El cuerpo lesbiano o El pensamiento heterosexual, puso en valor la capacidad que tenían las palabras de ordenar el espacio simbólico en el que vivimos, con el objetivo de alterar esa realidad dada desde la cuna a través de la religión, la política y un largo etcétera. Entendía así su obra como "una máquina de guerra", un artefacto capaz de "destruir las viejas formas y reglas convencionales" y que siempre se daba en un "territorio hostil".

Tan hostil era este territorio que sus libros se convirtieron en un Caballo de Troya capaz de introducirse en nuestras vidas y proponernos otras. Con El Opoponax consiguió dicho objetivo, llegando a conseguir el Premio Médicis en 1964, aunque tanto la crítica francesa como la censura española la sepultaron .

Ahora es una nueva traducción la que solventa las faltas de la anterior y propone una nueva lectura, atravesada por las mismas inquietudes que su autora depositó en ella originalmente.

Un Caballo de Troya

Catherine y Véronique Legrand son las dos protagonistas de este Opoponax, aunque no son las únicas. Se le unen todas las compañeras de la escuela católica desde la que aprehenden sus primeras nociones sobre el mundo. Dominique Baume, Valerie Borge o Alain Trévise, entre muchas otras, una "marea de niñas" como apuntaría la escritora Marguertite Duras en su posfacio, también incluido en esta edición, quien quedó fascinada por la novela.

Esa marea de niñas se despliega a lo largo y ancho de una narración tupida, sin puntos y aparte, divisiones temporales, causalidad o relación entre lo que se cuenta. Todo forma parte de un todo que es la infancia. A veces Wittig se aleja lo suficiente como para verlas peleando y habla de codos y puños dando golpes, murmullos que se convierten en gritos, experiencias colectivas.

Otras se acerca lo suficiente para apreciar los detalles íntimos y pequeños como la visión de los dos dedos de la protagonista, descubriéndolos por primera vez, como lo hicimos también nosotros en la infancia. Wittig utiliza la exploración del cuerpo y la sexualidad en la infancia para huir de los convencionalismos marcados por la presencia del deseo masculino en el cuerpo de la mujer.

Esa marea de niñas se despliega a lo largo y ancho de una narración tupida, sin puntos y aparte, divisiones temporales, causalidad o relación entre lo que se cuenta

De nuevo, sin jerarquía, todo cuanto vivimos se ordena en torno a un presente continuo que son nuestros primeros años en el mundo. Catherine y Véronique juegan, leen poemas de Racine en la escuela, rezan o reciben la noticia de la muerte de compañeros de escuela. Observan el sudario de un niño con la misma intensidad e interés con la que más tarde juegan con un hormiguero.

Porque cualquier intento de ordenar esas experiencias responde a nuestra necesidad como adultos de adecuar la experiencia a las ideas que ya tenemos sobre el mundo. Wittig defendió en su obra la intención de romper con esos moldes, de convertir la experiencia sáfica en una universal y utilizar el lenguaje como arma para tal propósito.

Censurada y mutilada

El Opoponax es, ante todo, un ejercicio de estilo total. Su autora eliminó el género dentro de la narración en favor de los nombre propios y el artículo francés "on" para acabar con cualquier jerarquía entre sus protagonistas.

El objetivo se extiende a la forma y la cadencia del texto. Se sacrifican las comas dentro del relato en favor de oraciones que se suceden separadas por puntos, como exhortaciones independientes. Tal y como expresaría un niño su fascinación constante por todo cuanto le rodea.

El Opoponax es, ante todo, un ejercicio de estilo total

En 1966, la editorial Seix Barral apostó por la publicación de El Opoponax, aunque la censura patria resultó implacable y el texto terminó por cercenarse. La traductora Gudrun Palomino ha sido la encargada de recuperarlo y eliminar de él todo rastro de tufo franquista para su publicación en la Editorial Bamba, una labor nada sencilla dada la complejidad estilística que derrochó su autora.

Palomino recoge ejemplos de esto mismo en su prefacio, apuntando a la, también difícil, labor de Caridad Martínez, traductora de la edición de 1966, sujeta a las consideraciones de los censores que la llevaron a cambiar la lectura original propuesta por Wittig. Esta quedó transformada en otro tipo de libro, inocuo y sin ningún viso de convertirse en el Caballo de Troya que pretendía su autora. Tan inocuo que no volvió a editarse en nuestro país hasta ahora.

'El Opoponax'

Gudrun Palomino usa las palabras de Monique Wittig para resumir esa fascinación infantil que se desborda en sus protagonistas: "Las palabras son mágicas y se despliegan brillantes y coloristas en el caleidoscopio del mundo". El Caballo de Troya que confeccionó la escritora contaba con la potencialidad de convencer a sus lectoras de que era posible leer la existencia de acuerdo a otros códigos, más allá de los propuestos.

Un libro único y que ahora podemos disfrutar gracias a Bamba, su editora, Claudia Villanueva y la traducción de Gudrun Palomino

Una idea que conecta con El pensamiento heterosexual, obra capital de la autora en la que determinaba precisamente que las estructuras ideológicas y de afectos en el mundo conformado por dicho pensamiento no podían incluir la idea de mujer, mucho menos la del lesbianismo.

Así fue capaz de construir un libro único y que ahora podemos disfrutar gracias a la labor del equipo de Bamba, su editora, Claudia Villanueva y la traducción de Palomino. Acercándonos a este grupo de niñas y aceptando las reglas del juego, por confusas que a veces nos resulten. Sin más opción que seguirlas al trote curioso de la infancia.

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