La novela que convierte el alzhéimer en terapia para tratar a los grandes olvidados: los adolescentes conflictivos
El Reino de Olvido de M. J. Bausá encuentra en una residencia de ancianos un inesperado vínculo con el pasado de su protagonista. Entre fantasía y realidad, su historia explora el duelo, la memoria y la necesidad de seguir adelante.
Autora: M.J.Bausá
Editorial: Montena
Año de publicación: 2025
A simple vista, Álex es un chaval más con la rebeldía propia de una persona que se encuentra en plena pre pubertad. Pero detrás de su alocado y milimétricamente estudiado flequillo negro, se esconde todo un tormento que antes o después debe explotar. En esta ocasión, el devenir de la vida lo llevará hasta El Jardín de los Inocentes una residencia de ancianos con Alzheimer y, sorprendentemente, a estar más cerca que nunca de su difunta madre.
El reino de Olvido de M. J. Bausá nos muestra cómo la imaginación y una buena compañía, la de Ninon, ayudarán a nuestro protagonista a comprender la pérdida, a dejarse llevar por la fantasía que en ocasiones nos brinda la vida y, sobre todo, a abrazar la aceptación. Pero no penséis que el único que brega con la pérdida es Álex, sino que todo el que pasa por aquella residencia, en cierta medida, llega buscando algo que ya hace tiempo que da por perdido.
Cuando la vida nos atropella
"La vida sólo puede ser entendida mirando hacia atrás, pero tiene que ser vivida hacia delante" esta frase del filósofo Soren Kierkegaard es, en cierta manera, el leitmotiv de la vida de Álex a lo largo de El reino de Olvido. Su huida hacia adelante, desde la muerte de sus padres, ha sido el único remedio que ha hallado para escapar de la incomprensión que sienten todos aquellos a los que la vida les cambia de un momento a otro, sin ni siquiera pedir permiso.
Todo lector con un mínimo de sensibilidad se identificará con los tormentos que asolan a Álex
A este trauma se le une la constante peregrinación de Álex por distintas casas de acogida, donde lejos de encajar, siempre ha sido invitado a irse, para así, continuar sin establecer vínculos emocionales con algo que no fuera el recuerdo de una familia que tuvo, que fue y que quiso, pero que en realidad, ya solo está en sus recuerdos. Hasta que los pierda, claro está.
Es imposible no hacer un poco tuya la historia de nuestro protagonista. No solo por la manera en la que M.J.Bausá nos sumerge en la lectura, también porque se trata de un personaje tan real que todo lector con un mínimo de sensibilidad se identificará con los tormentos que asolan a Álex. Por adolescente, por vulnerable y, sobre todo, por ser un sufridor nato disfrazado de M1A2 SEPv3 Abrams que, para los que no lo sepan, es el tanque de guerra más potente y despiadado del mundo.
Esta es una de esas novelas en las que la fantasía, el destino y las extrañas coincidencias son las excusa para revestir a un personaje carnal y repleto de inputs psicológicos, más comunes de lo que pensamos. Con ellos aprenderemos de nosotros y del dolor que indiscutiblemente va reñido con la plenitud de este regalo que es la vida.
Fuimos recuerdos
En una de sus rutinarias visitas a El Jardín de los Inocentes, Ninon se topó con uno de los enfermos de Alzhéimer más destacados del lugar. "Últimamente casi nunca me reconoce. Cincuenta años casados, y soy una extraña para él". Estas palabras son de su mujer que, desesperada por la enfermedad de su marido, no sabe como afrontar que sus recuerdos se están esfumando a pasos agigantados.
Nuestro verdadero legado no reside en nosotros, sino en el resto y en el recuerdo que en ellos dejamos.
Aunque, desde una perspectiva romántica y bucólica,El Reino de Olvido trata dicho "olvido" como una consecuencia del Alzhéimer, nos invita a reflexionar sobre si el ser humano realmente existe por sí mismo o el concepto de la existencia abarca también los sentimientos y recuerdos de la persona que padece la enfermedad.
Cada recuerdo es una historia y cada historia es el firme testigo de que una persona fue amada, deseada u odiada, pero en definitiva, que habitó la mente de otra persona. Porque esto funciona así: llegas, sientes y te vas. Por lo tanto, la perdida de los recuerdos no deja de ser un mero trámite prematuro que nos recuerda con más ímpetu que nunca que nuestro verdadero legado no reside en nosotros, sino en el resto y en el recuerdo que en ellos dejamos.
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