Una novela que se describe a sí misma mientras leemos para tratar de entender la escritura y la creación
La forma extensa es una ambiciosa novela en la que Kate Briggs trata de indagar en el propio género literario mientras escribe.
Kate Briggs
Traductora: Carlota Melguizo
Editorial: Como Ediciones
Fecha de publicación original: 2023
Hace unos meses asistí a la primera boda de mi vida. Me compré un traje, en anticipación a las muchas otras que vendrán ahora que mi generación se aproxima a los treinta, y lloré con cada uno de los discursos que les dedicaron amigos y familiares. Pienso ahora en aquel día precisamente por lo que se dijo y por quienes pusieron, en palabras y recuerdos propios, la vida y los motivos que nos habían hecho a todos congregarnos allí.
'La forma extensa' trata de especular sobre el contenido de una novela que se construye a medida que leemos
En ese paso del mito al logos, del verbo a la carne y de tantas otras transmutaciones que nos indican la dificultad a la hora de circunvalar la memoria con palabras, el invento definitivo para este propósito fue la novela. Para Stendhal en espejo de lo bueno y lo malo que "se pasea por un ancho camino"; en Fielding un narrador omnisciente, capaz de mostrar todas las caras de la sociedad y para Roland Barthes una "forma extensa y continua" compuesta a partir de otra, "breve y fragmentaria", la de las notas que la preceden.
Es esta última definición la que da nombre y propósito a La forma extensa de Kate Briggs, un libro que trata de especular sobre el contenido de una novela que se construye a medida que leemos. Que se compone de las infinitas posibilidades por las que la realidad se puede conformar y que nos habla en los términos que coinciden la física cuántica y la poesía: los de la especulación que trata de entrever la realidad.
Si una noche de invierno
Helen empieza un nuevo día junto a su bebé Rose. Lo hace en un espacio no muy distinto al de cualquier otra maternidad: una alfombra de juegos, rodeada a su vez de objetos dispuestos alrededor de una silla de bebé. Por las ventanas se filtra la cálida luz de un nuevo día. Ella imbuida en pensamientos que tampoco se alejan mucho de los que podría tener cualquier madre primeriza y que principalmente tratan de descifrar lo que sea que signifiquen los gimoteos de su bebé.
Kate Briggs escala el relato para que la estancia se convierta en la mente de su protagonista
Es este escenario el que nos propone la escritora para iniciar un juego, un intento de comenzar una novela en la que se mezclan las ambiciones de la escritora y los de sus personajes. ¿Cómo podría Helen contar cuánto se le pasa por la cabeza a su hija si no lo sabe? ¿Cómo empezar las notas que conforman cuanto ve y siente para hacer de ellas una novela?
Briggs escala el relato para que aquella estancia se vaya convirtiendo en la propia mente de su protagonista. Donde ya no existe ni la alfombra, la luz ni los juguetes. Un proceso en el que se mezcla la literatura de Henry Fielding y suTom Jones, mezclando esta y otras obras con el empeño de hacernos avanzar, sin saber tampoco a dónde.
Cuatro cuartetos
Si La forma extensa fuese un gesto sería ese que trata de medir las dimensiones humanas, pulgar en ristre, guiñando un ojo y con la punta de la lengua fuera de la boca, boceteando cuanto pasa ante sus ojos. Una mirada que debe decidir en todo momento dónde se posará, qué detalles son más relevantes para su propósito y cuáles debe excluir. Un dilema común a casi todas las artes.
Si 'La forma extensa' fuese un gesto sería ese que trata de medir las dimensiones humanas, pulgar en ristre y guiñando un ojo
Lo encontramos en las figuras deformadas del cubismo que trataban de mostrar más perspectivas de las que el ojo podría captar, la de las polaroids de Hockney, retratando en detalle lo que luego, como mosaico, componen todas y cada una de ellas en conjunto. Porque vivir es moverse en derredor de lo que tratamos de observar, anotando cómo, incluso cuando erramos y miramos la cara incorrecta de nuestra historia, descubrimos que no hay nada parecido a la verdad y la mentira.
Volviendo a la capacidad cuántica del lenguaje, precisamente T. S. Elliot fue capaz de reunir ambas pulsiones en un único poema, Cuatro cuartetos: "Lo que pudo haber sido es una abstracción // Que sigue siendo perpetua posibilidad // Sólo en un mundo de especulaciones". Elliot nos propone un paseo "por el corredor que no seguimos hacia la puerta que nunca llegamos a abrir", en esa eterna elección que las palabras nos brindan de vivirlo todo, haya existido o no.
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