La novela que esquivó la censura soviética, se adelantó a Chernóbil y terminó siendo un referente de la ciencia ficción
Los hermanos Arkadi y Borís Strugatski dejaron un clásico de la ciencia ficción que inspiró 'Stalker' (1979) de Andréi Tarkovski y reavivó viejos miedos durante el desastre de Chernóbil.
Arkadi y Borís Strugatski
Traductora: Raquel Marqués García
Editorial: Sexto Piso
Fecha de publicación original: 1972
Imaginemos una visita extraterrestre a nuestro planeta. Pero no una que se anuncia a bombo y platillo o que cambia nuestra noción sobre la vida en el espacio. Una discreta, en la que los aliens pasan por el planeta sin comunicarse con nosotros y dejan cientos de objetos sobre la superficie.
Imaginemos que dichos objetos inexplicables encierran una tecnología mucho más avanzada que la nuestra, con propiedades casi mágicas, capaces de cambiar las leyes de la física tal y como la conocemos. Unos cuyo mero contacto con la Tierra sea capaz de convertir vecindarios enteros en lugares impredecibles e inhabitables, llamados, simplemente, la Zona.
La editorial Sexto Piso recupera esta joya de la literatura contemporánea rusa, que escapó a la censura soviética
Este es el argumento de Pícnic extraterrestre, el clásico de la ciencia ficción rusa de Arkadi y Borís Strugatski que sirvió como inspiración para la película Stalker de Andréi Tarkovski. Precisamente este término, es el que estos dos hermanos escogieron para sus verdaderos protagonistas: los stalkers. Buscadores capaces de poner en juego su vida, entrando y saliendo de forma ilegal de la Zona para conseguir las reliquias olvidadas de aquellos visitantes.
La editorial Sexto Piso recupera esta joya de la literatura contemporánea rusa, que escapó a la censura soviética y generó desde su publicación cientos de historias, videojuegos, juegos de mesa y mutaciones diversas. Un relato que se anticipó al desastre de Chernóbil para hablarnos sobre lugares donde la vida y la muerte conviven a escasos pasos de distancia. Un terremoto que sus censores intentaron parar, y de dónde surgen metáforas insospechadas, capaces de cambiar cuanto conocemos sobre nosotros mismos.
La zona
Desde La Visitación, el pequeño pueblo de Harmont se convierte en el centro de la investigación de los extraños artefactos diseminados en la Zona. Su explotación corre a cargo de la ONU y del COCUVI, una entidad internacional creada tras la llegada de los extraterrestres y que trata de encontrar una explicación a su presencia y efectos.
Schubart se convierte en nuestro guía y recorremos con él las mil dificultades que la Zona presenta
Es tal el interés que estos objetos generan que rápidamente se crea un mercado negro a su alrededor. A pesar de la vigilancia intensiva a la que se somete a su mortal perímetro, cada noche cientos de 'buscavidas', los stalkers, se arrastran hasta su interior para recuperar y vender estas reliquias. Redrick Schubart no es solo uno de ellos, es el mejor de todos, y tras años viviendo del estraperlo, las Naciones Unidas deciden ponerle en nómina como buscador.
A lo largo del libro, Schubart se convierte en nuestro guía. Recorremos con él las mil dificultades que la Zona presenta. Los 'claros de mosquito' que provocan una gravedad extrema, donde una simple tuerca parece pesar cientos de kilos; la 'gelatina de bruja', cuyo contacto transforma la consistencia de cualquier objeto o persona en gelatina; y la más codiciada de todas, de un estatus casi mitológico: 'elorbe dorado', capaz de conceder cualquier deseo a su portador.
Stalkers
Este último se acaba convirtiendo en la obsesión de todos los stalkers, incluido Schubart, quien abandona la legalidad de sus paseos por la Zona para volver a trabajar en el mundo del hampa que subsiste en derredor de su frontera. Porque aquí se mezcla el folclore de los stalkers, pragmático y adaptado a su estatus cambiante, repleto de supersticiones y costumbres, de petacas disimuladas en el abrigo, noches a la intemperie y el peligro de las patrullas de vigilancia.
La vida cambia a pasos agigantados a medida que se mezcla con la tecnología extraterrestre
Un mundo que convive con otra clase social, la de la ciencia eternamente desinteresada en el lucro, que trata de desentrañar sus misterios pero que no duda en usar como carne de cañón a los stalkers. Los hermanos Strugatski mezclan continuamente el lenguaje y la vida de ambos, el choque de la burocracia con las mafias que trafican con los objetos alienígenas. Y, sobre todo, la vida que cambia a pasos agigantados a medida que se mezcla con la tecnología extraterrestre.
Visitamos a Schubart a lo largo de tres décadas. Y en cada parada podemos observar cómo la Zona transforma a las personas. El lugar conserva los restos de cuantos no consiguieron volver sobre su propio pie y sirven como moraleja de lo que le ocurre a quien solo quiere hacer dinero fácil. Internarse en la Zona supone conocer cada palmo del terreno, evitar sus peligros pero también mostrarse lo suficientemente frío como para no dejarse llevar por la ambición.
Censura
Los personajes de los hermanos Strugatski no son héroes virtuosos, sufren y yerran en un páramo maldito que ha destruido la economía local y convertido a su población en aves de rapiña. Hay quien vio en este argumento una supuesta crítica a la Unión Soviética, con sus protagonistas convertidos en prisioneros de un lugar donde la información escasea y la vida humana vale muy poco. Nosotros no nos atrevemos a afirmar tanto.
Hay quien vio en este argumento una supuesta crítica a la Unión Soviética
Pero este es un libro marcado por la espera a la que las autoridades rusas sometieron a sus autores, impidiendo durante años a que el borrador de la novela fuese aprobado. La censura del país lo tildó a finales de los 60 de zafio en su lenguaje y violento en sus formas. En esta nueva edición de Sexto Piso, el propio Borís Strugatski recoge, a modo epílogo, muchas de estas consideraciones de los censores, señalando la arbitrariedad con la que la novela se mantuvo secuestrada hasta 1972.
El orbe dorado
Sin embargo, tras su publicación se sucedieron los premios literarios fuera del telón de acero y la adaptación de Tarkovski le dio un estatus de culto que ya nunca se quitó de encima. Aquella película se centró en los aspectos más humanos de su historia, obviando el contexto de la Visitación para centrarse en la psicología de sus tres protagonistas.
La adaptación de Tarkovski le dio un estatus de culto que ya nunca se quitó de encima
Pero lo que Pícnic extraterrestre nos ofrece es un relato que va mucho más allá. En el tramo final de la novela, dos personajes dialogan sobre el significado de aquella visita extraterrestre, la posibilidad de que fuese simplemente casual o si, por el contrario, aquellos objetos forman parte de un plan para hacer avanzar la ciencia humana.
En el centro de la historia, permanentemente, El Orbe Dorado, el macguffin que sus autores nos ofrecen en la línea del horizonte, la posibilidad de cumplir todos nuestros deseos. Al más puro estilo del escritor Stanislaw Lem, los hermanos Strugatski consiguieron acercar las estrellas hasta nuestro mundo para así sacar conclusiones de lo que más nos aflige aquí en la Tierra: convivir con nuestra propia humanidad.
Sigue el canal de Ahora Qué Leo en WhatsApp para estar al tanto de todas nuestras reseñas, reportajes y entrevistas.