Patrick Radden Keefe cuenta la historia del joven que se inventó una fortuna y acabó atrapado en su propia mentira
El hijo del oligarca cuenta la historia de Zac Brettler, un adolescente londinense de 19 años que murió tras hacerse pasar por Zac Ismailov, heredero de un oligarca ruso que nunca existió.
Patrick Radden Keefe
Traductor: Javier Calvo
Editorial: Seix Barral
Año de publicación original: 2026
Voy a empezar directamente con la historia que contiene esta novela. No me quiero andar por las ramas para que entréis en esta reseña poco a poco. Vamos a machete. Igual que Patrick Radden Keefe. Solo con el prólogo —que no hace otra cosa que localizar históricamente el relato que vamos a leer— ya estás irremediablemente enfangado.
Radden Keefe lo advierte nada más empezar. Estamos ante una historia real. Las conversaciones no están imaginadas ni inventadas. Todo lo que ocurre en El hijo del oligarca es incómodamente real. Zac Brettler tenía 19 años cuando cayó desde el quinto piso de un edificio de lujo junto al Támesis.
Todo lo que ocurre en 'El hijo del oligarca' es incómodamente real
Las cámaras del MI6 grabaron el salto. Su cuerpo apareció horas después en la ribera. Lo extraño no era sólo cómo había muerto, sino quién parecía haber sido durante los últimos años de su vida. Para algunas personas, Zac era Zac Ismailov, hijo de un oligarca ruso muerto y heredero de una fortuna de 205 millones de libras. El problema es que ese oligarca no existía. Ni la fortuna. Ni, por supuesto, su hijo.
Patrick Radden Keefe parte de ahí, de una muerte que parece tener todos los ingredientes de un thriller —un adolescente, una identidad falsa, mafiosos, dinero ruso, un apartamento de lujo y una investigación policial llena de agujeros— para hacer algo más ambicioso. Porque lo verdaderamente fascinante no es descubrir qué mentira contó Zac, sino entender por qué necesitó contarla y qué clase de mundo estaba dispuesto a creérsela.
El personaje
Zac creció en una familia acomodada de Londres, pero no pertenecía a ese universo de riqueza obscena que empezó a fascinarle durante la adolescencia. En su colegio coincidió con hijos de familia extremadamente ricas y empezó a obsesionarse con los coches de lujo, los relojes, los viajes, las inversiones y ese escaparate de éxito que las redes sociales convierten en una presencia permanente.
La transformación fue progresiva. Construyó un personaje. Se presentó como Zac Ismailov, hijo de un oligarca ruso fallecido
La transformación fue progresiva. Primero exageraba. Después inventaba. Finalmente construyó un personaje entero. Se presentó como Zac Ismailov, hijo de un oligarca ruso fallecido, y consiguió que personas bastante más mayores que él se tomaran en serio aquella ficción.
Incluso llegó a enseñar a su padre un extracto bancario aparentemente auténtico que mostraba un millón de dólares en una cuenta. Aquí Keefe hace algo muy suyo. No convierte a Zac en un adolescente ingenuo ni en un pequeño genio de la estafa, a lo Frank Abagnale Jr. Intenta comprender el mecanismo interior. ¿Qué hay de impostura y cuánto de deseo? ¿En qué momento fingir que eres rico dejar de ser un juego adolescente y empieza a meterte en un mundo donde hay personas capaces de hacer mucho daño real? Subrayo: real.
Porque Zac acabó relacionándose con Akbar Shamji, un empresario endeudado y Verinder Sharma, un hombre vinculado al mundo criminal londinense. Cuando ambos descubrieron que aquel supuesto heredero podía tener acceso a una fortuna gigantesca, la fantasía empezó a tener consecuencias reales.
La ciudad
Aquí está probablemente lo mejor del libro. Radden Keefe utiliza la historia de Zac para echarle a Londres una mirada muy diferente de la que nos tiene acostumbrados. El mismo lugar que vende apartamentos millonarios con vistas al Támesis es también una ciudad donde durante años han circulado fortunas de dudosa procedencia.
'El hijo del oligarca' termina siendo un libro que nos de una ciudad acostumbrada al dinero
El dinero extranjero ha comprado edificios, clubes de fútbol, mansiones y una idea de éxito muy reconocible. Pero también hay dinero que no se gana —ni se gasta— por los cauces habituales. Hay una línea sorprendentemente fina entre quienes lo amasan dentro de la legalidad y los que saben cómo aprovechar las grietas del sistema para conseguirlo.
Por eso El hijo del oligarca termina siendo también un libro que nos habla de dinero. De una ciudad que puede acostumbrarse tanto a él que deja de preguntar de dónde viene. Esa fascinación por la riqueza acaba contaminando incluso a quién nunca podrá tenerla. Vamos a conocer una Londres moldeada por el dinero opaco, la desregulación y una cultura aspiracional cada vez más agresiva.
Preguntas y más preguntas
Keefe tampoco se olvida de los padres de Zac. Matthew y Rachelle Brettler no solo quieren saber cómo murió su hijo. Necesitan saber quién era realmente. Y ahí aparece una de las partes más dolorosas de la investigación. Descubrir que, a pesar de criar y educar a una persona durante 19 años, al final del día resulta ser absoluto desconocido.
Keefe tampoco se olvida de los padres de Zac. Necesitan saber quién era realmente su hijo
El periodista se mete en ese duelo con muchísimo cuidado. La actuación de Scotland Yard deja demasiadas preguntas abiertas. Los primeros pasos de la investigación no se dieron bien. Las pruebas y los testimonios que se recogieron no fueron examinados como cabría esperar. Aquí, el autor cuestiona la respuesta policial y señala el deterioro institucional de una policía sometida durante años a recortes.
Es justo entonces, en esa frontera que delimita el dolor de unos padres donde nos damos cuenta que estamos ante una novela que deja a un lado el thriller para convertirse en la historia de una familia que intenta reconstruir a su hijo a partir de los restos de una mentira.
Patrick Radden Keefe
Después de No digas nada y El imperio del dolor, Patrick Radden Keefe ya ha demostrado que sabe convertir investigaciones complejas en narraciones que se leen como una novela. Aquí vuelve a hacerlo, aunque el mecanismo es diferente. Hay misterio, sí, pero no depende de descubrir un gran secreto final. No hay plot twist que valga. Sabemos desde las primeras páginas que Zac murió. Lo que queremos saber es cómo llegó hasta allí.
Es la historia de una familia que intenta reconstruir a su hijo a partir de los restos de una mentira
Zac quería ser otra persona y Londres lleva décadas fingiendo ser otra ciudad: sofisticada, rica, impecable. Mientras, bajo sus fachadas circula un dinero cuya procedencia no importa. Esa es la gran jugada de Radden Keefe. Empieza contando la historia de un adolescente que se inventó una vida de lujo y termina preguntándonos si, en realidad, no estaba imitando bastante bien el lugar donde vivía.
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