Miriam Toews | Editorial Sexto Piso

¿Por qué escribir? Miriam Toews trata de responder la pregunta definitiva en su nuevo libro

Con Tregua, que no paz, la escritora canadiense nos regala su reflexión personal sobre qué nos lleva a escribir y por qué.

 |   | 24/04/2026

Miriam Toews

Traducción: Julia Osuna Aguilar

Editorial: Sexto Piso

Año de publicación original: 2025

"Lo primero de todo, necesito cagar porque es mi hora, ¿dónde está el baño?". Con estas palabras se acercó una amiga de toda la vida a un amigo de toda la vida en el velatorio de su madre. Una anécdota que, hasta el día de hoy, no me había parado a pensar que podría formar parte de la última novela de la escritora canadiense Miriam Toews, Tregua, que no paz.

Miriam Toews vuelve a demostrar que la escritura, el humor y el histrionismo son su tabla de salvación

La autora nos regala un diario personal, un baúl de memoria. Historias que atesora y que no cumplen ningún orden cronológico, pero sí sustancial. Miriam Toews vuelve a demostrar que la escritura, el humor y el histrionismo son la tabla de salvación de una vida en la que el dolor se abre paso como las raíces de un árbol.

Palabras, palabras, palabras

"Mi hermana es el espacio prístino que rodea nuestra prosa apiñada, apalizada, insertada, borrada y ridícula, nuestra tinta pringosa, pulpos pudriéndose en barriles cerrados en cubiertas de barcos, gaviotas chillando, aleteando, palabras oscuras y frases homicidas. Y ella dice infinitamente más que nosotros", escribe la canadiense.

Los recuerdos en 'Tregua, que no paz' son la venganza de la autora ante el silencio que deja la incomprensión

Los recuerdos plasmados sobre el papel en Tregua, que no pazson la venganza de la autora ante el silencio que deja la incomprensión. Un silencio que existió en vida y que permanece tras la muerte. Las palabras contraprograman ese vacío que dejan quienes han decidido irse y les devuelve a la vida.

Las palabras son en este libro el ancla que mantiene vivos a los muertos y Toews nos regala un retrato familiar que no da lugar a la lágrima si no a la carcajada —otra pequeña venganza de la autora—.

Los que se quedan

"Anoche E, mi pareja, me dijo: Yo ya sé que vosotras (refiriéndose a mi familia) no habláis sobre vuestro sufrimiento; os limitáis a suicidaros", cuenta Toews.

En Tregua, que no paz, la escritora narra a los que se han ido, pero también a los que se quedan. La madre de Toews es el contrapunto y sustento de toda la familia, la mano que se aferra a la vida y lo hace desde un lugar que se encuentra entre la locura y el puro raciocinio.

No hay un ápice de autocompasión en la familia Toews, solo una batalla brutal entre la culpa y el disfrute

Un limbo de absoluta sabiduría que combina la teatralidad de una mujer que ha perdido a su marido y a su primera hija y que ha comprendido lo que es la vida de la manera más salvaje que existe: perdiendo a quienes más quiere.

No hay un ápice de autocompasión en las Toews, solo una batalla brutal entre la culpa y el disfrute de la vida, dando lugar a situaciones que quedan fuera de cualquier norma social. El humor atraviesa cada vivencia que ocurre dentro de esta familia y consigue amainar ese dolor que sobrevuela la realidad que se ven obligadas a navegar.

Por qué escribo

A lo largo de este diario, la autora reflexiona sobre por qué escribe. ¿Es acaso posible separar el hecho mismo de existir del hecho mismo de contar? ¿Dónde empieza la autora y dónde empieza la Miriam Toews persona?

"Si lograba convertirme en mi padre, llegaría a comprender. Y si llegaba a comprender por qué y cómo, lograría comprender por qué no y cómo no. La literatura no es compasión, es la guerra", afirma la escritora. A lo largo de las páginas, intuimos el peso infinito que ha tenido la familia de Toews en el hecho de que ella se haya convertido en escritora.

Miriam le declara la guerra a la terrible falta de deseo por la vida que tienen sus familiares, con palabras

Miriam le escribe cartas a su hermana donde le narra la vida, para que vea qué ocurre más allá de su mente silenciosa y opaca —como la de su padre—. Miriam le declara la guerra a la vida, o a la terrible falta de deseo por la misma que tienen sus familiares, con palabras. Palabras que son, como el suicidio: misterio, precipitación y pulsión.

¿Por qué escribimos? Quizás es una pregunta sin respuesta o, quizás, el hecho mismo de plantearla es la solución a nuestra duda.

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