Siri Hustvedt recuerda al fantasma de su marido, Paul Auster, a partir de historias de amor sobrenatural
La escritora publica Historias de fantasmas, un libro que recuerda la memoria de su marido, el escritor Paul Auster, presente en cada uno de los aspectos de su vida tras su muerte el 30 de abril de 2024.
Traducción: Aurora Echevarría
Editorial: Seix Barral
Fecha de publicación original: 2026
Paul Auster prometió a Siri Hustvedt que su regreso sería como el de un espectro, no sabiendo de qué tipo. Si de los que arrastran las cadenas a medianoche o dejando revelaciones como las del rey difunto en Hamlet. El resultado es un híbrido entre ambos que da lugar a Historias de fantasmas, un libro que recorre la enfermedad que le arrebató la vida al escritor el 30 de abril de 2024, desde la visión de su esposa, la también escritora, Siri Hustvedt.
Hustvedt no ahorra ningún detalle, público o privado, del antes y el después de la muerte del escritor
Auster, omnipresente, aparece aquí convertido en partes médicos, en los emails que Hustvedt enviaba a amigos y familiares para mantenerles informados de su estado de salud y los que él mismo dedicó a su nieto Miles, nacido unos meses antes del fatal desenlace.
Recordamos otros libros sobre el duelo, como La ceremonia del adiós, aquel en el que Simone de Beauvoir dedicó a los últimos años del filósofo Jean Paul Sartre, Hustvedt no ahorra ningún detalle, público o privado, del antes y el después de la muerte del escritor.
Memoria de escritor
A la memoria táctil, la escrita a máquina, a mano o a través del teclado, se le suma otra de cualidades proustianas, adjetivo nada casual por haber sido afilada por los propios escritores en el último siglo. La escritora hace acopio aquí de un inventario de ausencias, olores y sensaciones que utiliza para viajar a otras décadas y lugares con tal de perseguir el recuerdo del autor de La ciudad de cristal.
La escritora hace acopio aquí de un inventario de ausencias, olores y sensaciones.
Son los fantasmas desde los que se presenta Auster en el mundo terrenal. La arqueología sentimental aquí no distingue de estratos y la escritora presenta los recuerdos de su marido a lo largo de 40 años de matrimonio.
Está en el recuerdo del día de su boda, en el trueno que sonó inmediatamente después de que se dieran el sí quiero en su apartamento de Nueva York. Se pregunta en ese instante Hustvedt si fue una señal de aprobación o un aviso de su trágico final, el que la hizo sobrevivir al amor de su vida.
Mirando a Dios con ira
Aquel recuerdo enlaza con otro, del escritor ya debilitado por la enfermedad y resignándose con la intervención divina: "¿Qué voy a hacer? ¿Levantarle el puño a Dios?". Le compara en ese momento con Job, el personaje del Antiguo Testamento, castigado por los cielos para probar su paciencia y su fe.
Así va reconstruyendo la memoria del marido, elevándola hacia la literatura para quizás comprender un poco mejor su ausencia.
Se junta ese recuerdo con las palabras de Emily Dickinson sobre "tratar de hablar de lo que ha sido", una tarea "imposible" para la escritora británica porque, como dice ella misma: "El abismo no tiene Biógrafo".
Dicha oquedad se materializa una y otra vez a los pies de Hustvedt. En la primera conferencia a la que acude tras la muerte de Auster intuye la cavidad que ha dejado. Se repite la autora que ya no podrá llamarle cuando llegue al hotel, contarle las anécdotas del día a día, tampoco estará él en casa cuando regrese. Así va reconstruyendo la memoria del marido, elevándola hacia la literatura para quizás comprender un poco mejor su ausencia.
Otros fantasmas
Tras ver al espectro, Hamlet le espeta a Horacio que "hay más cosas entre el cielo y la Tierra de las que puede explicar la filosofía". Condensa así Shakespeare lo mismo que nos lleva acosando a los seres humanos desde que el duelo se convirtió en carne ausente de nuestras vidas.
Igual que a Job, las palabras no consuelan; igual que a Beauvoir, el análisis exhaustivo de la existencia no mitiga el final; igual que en Dickinson, la poesía deja de obrar cuando las metáforas no pueden rellenar el hueco de la vida desaparecida.
Por momentos sentimos el pudor de estar contemplando un abismo ajeno
El resultado de estas Historias de fantasmas es un libro complicado de leer. No hay lector que no pueda empatizar con el mensaje, sentirlo como propio en maridos, padres, madres... las ramas que se secan y convierten en leña de nuestros árboles genealógicos. Que calientan por un momento, pero nos dejan aún más fríos después de que hayan desaparecido, de que palidezca la llama.
Por eso escribe Hustvedt, para mantener esa conversación a través de la literatura, que empezó hace décadas y que no puede terminar nunca para un escritor, menos aún para el amante. Por momentos sentimos el pudor de estar contemplando el abismo ajeno, pero si centramos la vista en el fondo, oscuro e insondable, nos encontraremos con nuestro propio rostro devolviéndonos la mirada.
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