José Antonio Marina en su despacho. | Ariel

Somos adictos por aburrimiento e incapaces de enfrentarnos a nuestros problemas pero José Antonio Marina tiene la vacuna

El divulgador propone en su serie de 'vacunas' para la humanidad la solución a nuestras adicciones. Una inmunología mental para uno de los momentos más vulnerables de la especie.

AhoraQuéLeo
 |   | 28/05/2026

José Antonio Marina

Editorial: Ariel

Fecha de publicación: 2025

Somos lo que deseamos y la urgencia con la que lo hacemos nos determina en más de una manera. Hoy nos determina la inmediatez, la información que narcotiza y la incapacidad de parar por un segundo el ruido de un mundo que parece perseguirnos sin cesar. En La vacuna de las adicciones, José Antonio Marina se enfrenta precisamente a nuestra mayor vulnerabilidad: nuestro propio cerebro.

Recorre aquí las adicciones con una visión amplia, que incluye sustancias como la heroína o la cocaína, pero también otras nuevas como internet o los móvilesy que plantean nuevos retos y la necesidad de mecanismos con los que hacerles frente. Marina utiliza la psicología y la filosofía para adentrarse en lo que las impulsa, ofreciendo teorías coloridas y que tratan de ir más allá para proponer una vacuna contra aquello que nos ata.

Un animal con deseos

Marina defiende que la adicción es una "mala solución al aburrimiento". Una afirmación desde la que trata de comprender qué es lo que nos empuja a convertirnos en adictos o a recurrir a sustancias adictivas. El filósofo y divulgador señala que dentro de esa necesidad de rellenar vacíos, incluso la psicología ha encontrado las razones a nuestras adicciones.

Los investigadores descubrieron que nuestro cerebro también reacciona a la ausencia de estímulos

En 2015, Roman Kotov inauguró un consorcio de psiquiatras para la clasificación de enfermedades mentales. Los investigadores descubrieron que nuestro cerebro también reacciona a la ausencia de estímulos, al vacío. Es el ejemplo del síndrome del miembro fantasma, aquel por el que las personas amputadas siguen sintiendo estímulos allí donde ya no están sus extremidades.

Esa misma ausencia es la que describen la mayoría de los pacientes de gabinetes psicoterapéuticos cuando acuden por primera vez. Si entendemos la adicción como una respuesta a ese vacío, seremos capaces de entender un poco mejor lo que hoy nos empuja a estar pegados a una pantalla la mayoría del día, buscando estímulos de forma incesante para acallar nuestra mente.

Adictos e individualistas

La atomización de nuestra vida, la separación de la idea de comunidad y la adicción juegan un papel fundamental para Marina en el tipo de sociedades que hoy construimos. Si nuestros anhelos son el fruto de una heurística que trata de poner la felicidad continuamente en el centro de la ecuación, la realidad es que nunca terminaremos de ser felices.

Imposible vivir siendo adictos de una sustancia tan escasa como la felicidad

Al fin y al cabo, los mecanismos adictivos, precisamente, evitan que el adicto pueda alcanzar un fin. En el proceso de lenta degradación de nuestra sinapsis por culpa de la tecnología (cada vez más adictiva) nos encontramos narcotizados y faltos de voluntad. Marina se detiene en este término que va de Nietzsche a Heidegger y que ha sido malogrado a lo ancho y largo de la historia.

Acusa a la 'cultura occidental' de "la aparición de 'personalidades claudicantes', lo que favorece la expansión de adicciones". Una personalidad claudicante es para el escritor "un sujeto débil, pobre en recursos para afrontar situaciones difíciles", incapaz de enfrentarse a un mundo basado en la heurística, que necesita de voluntad para solucionar sus problemas. Imposible vivir siendo adictos de una sustancia tan escasa como la felicidad.

¿Qué hacer con la adicción?

Son varias las vacunas que Marina nos propone contra la adicción. La primera es la de una seguridad básica, tanto la que rodea al individuo como la que se forja en su interior. Para el divulgador, un buen cimiento heurístico es básico para evitar convertirnos en adictos. Es por eso que la segunda vacuna es la de la actitud activa, evitar la pereza es evitar el aburrimiento y la aceptación de los mecanismos adictivos.

Las emociones terminan de conformar nuestra visión del mundo, incluyendo sus afectos, creencias y miedos

En tercer lugar, la orientación de los problemas. Enseñar a los más pequeños que son capaces de enfrentarse a cuestiones complicadas o dolorosas ya desde la infancia, incluso en las escuelas. La cuarta es la educación emocional, aquella que nos permite comprender las emociones ajenas y propias. No es moco de pavo, porque muchas de esas emociones son las que terminan de conformar nuestra visión del mundo, incluyendo sus afectos, creencias y miedos más profundos.

La quinta y última, la dedica Marina a las funciones ejecutivas. Podríamos resumirla como aquellas funciones capaces de cambiar nuestra inteligencia generadora y centrarla en una meta concreta. Algo así como convertir todos los estímulos y capacidades en una maquinaria realmente útil, capaz de llevar a cabo lo que tiene que hacer.

La vacuna de las adicciones

José Antonio Marina continúa su teoría de la construcción de la inteligencia, centrándose en este volumen en las adicciones a través de la cultura, la psicología, la filosofía o la ciencia. Un recorrido por nuestras vulnerabilidades que se une a títulos anteriores como La vacuna de la insensatez, en la que el divulgador trataba ya de proponer métodos para paliar nuestros males.

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