La escritora Marina Arrabal, autora de 'Dulcenombre'. | Blackie Books

De trabajar como enfermera en un psiquiátrico a inspirarse para escribir una novela sobre locura y éxtasis religioso

Marina Arrabal ha convertido su experiencia como enfermera en un psiquiátrico en Dulcenombre, una novela que mezcla delirios místicos y una fina línea entre la locura y la cordura.

 |   | 08/07/2026
Marina Arrabal

Editorial: Blackie Books

Fecha de publicación: 2026

Hace 40 años, el artículo 20 de la Ley General de Sanidad dio carpetazo a los manicomios de nuestro país. La nueva norma trataba de recuperar la dignidad de los pacientes poniendo el foco en el aspecto comunitario de sus cuidados. Aquellos centros se convirtieron en un pasado incómodo donde languidecían decenas de miles de personas, sin más solución que estar encerrados de por vida.

En ese mismo contexto conocemos a Dulcenombre, la protagonista quijotesca de Marina Arrabal. En su primera novela, nos presenta a una joven obsesionada con la mística católica, en pleno proceso de transformación y a la sombra de su madre, también obsesionada con la religión. Entre ambas se generará una relación de dependencia, rota abruptamente por la muerte de la progenitora, el punto de inflexión para que Dulcenombre abandone su forma mortal para convertirse en otra cosa.

Gálatas 6:17

"De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús".

Dulcenombre y su madre se dedican a ungir y preparar a los vivos para la muerte. Anuncian sus servicios en papeles fotocopiados, colocados en paradas de autobús por el barrio al que se acaban de mudar tras la muerte del padre. Prácticamente todos sus hermanos han huido de alguna u otra forma de aquel ambiente, todos excepto la más joven de la familia.

Así que, sin amigos, ni hermanos ni más compañía que la materna, se dedica junto a ella a limpiar los pies del enfermo, perfumarlos, rezar junto al lecho, acompañar y poner atención a los signos que preceden al tránsito.

Dulcenombre y su madre se dedican a ungir y preparar a los vivos para la muerte

Así pasa su juventud, enclaustrada y bajo el dogma irrespirable de su madre. Solo a ratos, encuentra algo que hacer o decir que sirva solo para ella, un diálogo interior del que ha expulsado al resto del mundo, demasiado distinto de la vida a la que la matriarca la ha condenado. En ese soliloquio, desde pequeña, se convence de recoger cuantas 'reliquias' pueda de esa existencia extraña y ajena a la suya.

La tirita usada de una compañera de clase a la que admira, la colilla de su tía que murió de cáncer de esófago y otros tantos vestigios que guarda en su ajuar de otras vidas que jamás llegará a vivir. Convencida de que Dios se comunica con su sufrimiento, empezará a comprender que su destino no es otro que el de justificar tal sufrimiento convirtiéndose en mártir.

Salmo 38:5

"Hieden y supuran mis llagas, a causa de mi locura".

Con la muerte de su madre, sin el pilar que ha alimentado la locura particular de Dulcenombre, se pierde también la piedra angular de su sufrimiento. Pero la liberación, para su protagonista, solo puede venir de un lugar y no es el terrenal. A pesar de que la joven entra en contacto con una psicoanalista que le insta a grabar cintas, explicando recuerdos particulares, nada impide que piense que su misión está a punto de ser saldada.

Su cuerpo se transforma, rechaza la luz del sol y aparecen los estigmas, no sabemos si por el abandono al que se entrega tras la muerte de su madre, por la intervención divina u otra demoníaca. Porque así avanza esta historia, manteniéndonos en el filo de lo real y lo imaginado, como si ambas cosas fuesen intercambiables.

Marina Arrabal mezcla su experiencia como enfermera en instituciones mentales

Es en este punto en el que Marina Arrabal mezcla su experiencia como enfermera en instituciones mentales. Dulcenombre se convierte en una novela que trata de explorar los límites entre la locura y la cordura, dejando en manos de los lectores esta abrumadora decisión.

Porque tiene algo de Quijote la protagonista de Arrabal, pero también de Gypsy Rose, aquella mujer estadounidense víctima de un síndrome de Münchhausen por poderes de su madre, quien le hizo creer durante años que estaba enferma e incapacitada y que se saldó con la huida de la joven después de un matricidio orquestado con su pareja.

Salmo 56:8

"Toma en cuenta mis lamentos; registra mi llanto en tu libro. ¿Acaso no lo tienes anotado?".

Marina Arrabal descompone la historia de Dulcenombre y la pone a caminar al mismo paso que el limitado conocimiento sobre el mundo de su protagonista. La novela termina por convertirse en un texto asfixiante, que nos hace dudar y volver a pensar nuestro diagnóstico antes de llegar a una conclusión clara.

Asoma el hocico un humor ácido que se desborda de la olla exprés que es esta novela

Enmarcada a mediados de los años 80, la escritora aprovecha el contexto de reformas relativas a la salud mental que acababan de aterrizar en el país. El marco ideal en el que se mezclaba todavía la España enlutada y religiosa con otra algo más moderna. Dulcenombre se aferra a un peluche de naranjito mientras ve con sus compañeros de universidad el Mundial del 82, fuera de lugar y pensando en el devocionario que guarda en su bolso.

Asoma el hocico un humor ácido que se desborda de la olla exprés que es esta novela y que recibimos inevitablemente, aunque con cierta preocupación. Como quien se ríe cuando no debería, en pleno funeral o en medio de una misa solo para recibir las miradas reprobatorias de familiares mucho más devotos que nosotros.

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