El nazi que pasó de crear cámaras de gas móviles a colaborar con los americanos en la Guerra Fría

Danny Orbach nos descubre en Fugitivos el rostro de Walter Rauff y de otro criminales del nazismo con los que la historia fue benevolente tras la caída del Tercer Reich.

AhoraQuéLeo
 |   | 26/02/2026

La humanidad, en cierta forma, siempre ha avanzado gracias a los pactos. Son acuerdos que por naturaleza sirven para resolver un desencuentro o desacuerdo entre dos o más partes. De por sí, no tienen porque ser justos, pero se suelen recordar como un punto de inflexión para sus intervinientes y para todos aquellos a los que representan.

El historiador israelí Danny Orbach nos presenta Fugitivos como la prueba palpable de que en política exterior y, más aún en un contexto bélico, los líderes toman decisiones y realizan alianzas que para cualquiera de nosotros serían auténticas aberraciones y en las que entran en juego multitud de intereses que a la gran mayoría de la sociedad se le escapa de su imaginación.

La Segunda Guerra Mundialy, sobre todo lo que ocurrió tras su final, son el claro ejemplo de la benevolencia que ha existido con figuras como Reinhard Gehlen o Walter Rauff. Ambos fueron cómplices en la muerte de millones de judíos. Mientras el primero de ellos utilizó toda la información que tenía para salvarse tras el final del Tercer Reich, el segundo diseñó camiones de gas en los que cientos de miles de inocentes exhalaron su último aliento.

Los camiones de la muerte

Si por algo será recordado el nazismo es por su inmensa maldad y por su capacidad de exterminio contra todo aquel que se opusiera a sus preceptos. Pero lo que realmente asusta es la capacidad que tuvieron para utilizar todos los medios a su disposición para infligir el mayor daño posible. No se trataba de masacres, si no de que, mediante sus métodos de tortura, dejaban claro su odio hacia hombres, mujeres y niños diferentes a ellos.

Un hecho que da a entender una vez más, que en política, el final sí justifica los medios

Walter Rauff fue uno de los propulsores de los métodos de exterminio más recordados e inhumanos de la época: los camiones de la muerte. Tenían una profundidad de unos seis metros por unos tres de ancho y en ellos fallecieron cerca de cien mil inocentes. El mecanismo se basaba en unos respiraderos que estaban conectados al motor del camión y, al encenderlo, todos los allí presentes inhalaban los gases nocivos.

La historia nunca perdonó ni a Rauff ni a Gehlen sus crímenes, pero los altos mandatarios fueron capaces de hacer oídos sordos a su historia pasada a cambio del poder y la información que ostentaban. Les interesaba más lo beneficiosos que podían ser para sus proyectos, que resarcir la necesidad de justicia de millones de judíos. Un hecho que da a entender una vez más, que en política, el final sí justifica los medios.

Un déjà vu constante

Está más que demostrado que la estabilidad en política es cuestión de ciclos. Existen picos y valles en los que los movimientos sociales se manifiestan con mayor fuerza y otros en los que parecen adormecidos. Esto responde a un comportamiento natural de la sociedad y de todos los agentes que en ella intervenimos. Pero en los últimos tiempos, esta naturaleza se está corrompiendo a pasos agigantados.

Una Europa sanguinaria de la que como sociedad debemos de huir a toda costa.

La Guerra en Ucrania, el genocidio en Palestina y la política imperialista de Donald Trump, entre otros, están corrompiendo la tranquilidad en la que todos vivíamos desde el final de La Segunda Guerra Mundial. Pero lo verdaderamente llamativo de todo esto no es el conflicto en sí, sino sus antecedentes y la repetición de patrones en sus principales causantes.

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Ante la falta de valores y coherencia en mandatarios como Trump, tenemos que ver como otras naciones como Ucrania tienen que claudicar ante sus deseos para poder conservar un ápice de esperanza ante un conflicto que parece interminable. En un escenario político y social en el que lo que realmente importa es quién ostenta más poder e influencia, la política ha dejado de estar al servicio del pueblo para erigirse como un elemento de control sobre este.

Esta es la historia que pretende sacar los colores a todos aquellos que creen que todo es legítimo si con ello se obtiene el resultado que se desea. Fugitivos pone cara a los rostros que marcaron una Europa sanguinaria y de la que como sociedad debemos de huir a toda costa.

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