Hablamos con Alejandro Martínez Rico
Los consejos de un psiquiatra para ayudar a las víctimas y a sus familias tras una catástrofe
Tras una catástrofe como el reciente descarrilamiento ferroviario ocurrido en Andalucía, surge una reacción casi universal; el deseo de ayudar. Sin embargo, muchas personas se enfrentan a la misma duda paralizante, cómo acompañar sin hacer daño, qué decir para no empeorar el sufrimiento o si es mejor hablar o guardar silencio.
En estos momentos de impacto emocional, no siempre existen palabras adecuadas. El dolor ajeno puede resultar abrumador y, aunque la intención sea buena, una frase mal formulada o una actitud invasiva puede aumentar el malestar de quienes han vivido la tragedia en primera persona. El psiquiatra cordobés Alejandro Martínez Rico, autor del libro 'Ansiedad, ¡déjame en paz!', explica que ayudar emocionalmente tras una catástrofe no requiere habilidades extraordinarias, sino sensibilidad, respeto y una comprensión básica de cómo funciona el trauma psicológico.
Dejar de hablar para poder escuchar
"Cuanto mayor sea el dolor de una persona que ha sido testigo de una catástrofe, menores son las palabras necesarias", afirma el especialista. En estas situaciones, acompañar no significa ofrecer soluciones ni frases hechas, sino estar disponible y presente. Según Martínez Rico, muchas veces basta con tolerar el silencio, preguntar qué necesita la persona afectada y respetar sus tiempos.
No todas las personas reaccionan igual ante el sufrimiento, algunas necesitan hablar, mientras que otras requieren espacio y recogimiento. El psiquiatra insiste en que no es necesario "hacer algo mágico" para aliviar el dolor. El simple hecho de escuchar sin juzgar, sin minimizar lo ocurrido y sin intentar corregir las emociones del otro ya constituye una forma muy valiosa de apoyo.
Cómo actuar en las primeras horas
En las horas y días inmediatamente posteriores a una tragedia, lo más adecuado es ofrecer apoyo psicológico básico, aunque no se trate todavía de una intervención terapéutica como tal. En este periodo inicial, el objetivo es la contención emocional. Este acompañamiento temprano busca transmitir seguridad, calma y protección, ayudando a reducir el estado de shock y ansiedad extrema que pueden experimentar las víctimas y sus familiares. Se trata de estar disponibles y de adaptar el apoyo a lo que cada persona necesite en ese momento concreto.
Respetar los tiempos es clave, preguntar si la persona prefiere estar sola o acompañada, si necesita hablar o simplemente descansar, ayuda a evitar intervenciones bienintencionadas pero contraproducentes. El problema puede surgir a medio y largo plazo, cuando los síntomas no se atenúan con el paso de las semanas o los meses. Según Martínez Rico, en estos casos es cuando conviene prestar especial atención y valorar la ayuda profesional. Algunas personas pueden revivir de forma repetida la escena traumática, sentir bloqueos emocionales, una tristeza persistente o dificultades para dormir. También pueden aparecer síntomas de ansiedad intensa que interfieren en la vida cotidiana.
Síntomas de alarma que no deben ignorarse
Entre los principales signos de alerta se encuentran la hipervigilancia constante, la reexperimentación continua del suceso, el miedo intenso o la evitación de situaciones relacionadas con la tragedia, como viajar en transporte público tras un accidente. Estos síntomas pueden indicar la presencia de un trastorno de estrés postraumático u otras alteraciones psicológicas que requieren intervención especializada. Detectarlos a tiempo es fundamental para evitar que el sufrimiento se cronifique. En estos casos, el acompañamiento profesional no solo ayuda a procesar el trauma, sino también a recuperar la sensación de control y seguridad personal.
Otro aspecto especialmente delicado es la forma en que se transmiten las malas noticias. Martínez Rico recuerda que es una responsabilidad directa del profesional sanitario que atiende al paciente o a sus familiares, y no de personas externas. El psiquiatra recomienda comunicar la información de manera progresiva, evitando hacerlo de golpe.
Ofrecer datos poco a poco permite que la persona vaya asimilando la situación, reduciendo el impacto emocional inmediato. Además, es fundamental ofrecer un espacio donde los afectados puedan hacer preguntas, expresar dudas y sentirse escuchados. La falta de información, señala el especialista, es una de las cosas que peor se vive en estos momentos.