CUATRO DE CADA DIEZ PACIENTES CON CÁNCER SUFREN ESTE DOLOR
El dolor neuropático oncológico, la silenciosa carga que arrastran los pacientes con cáncer
El cáncer no duele solo por el tumor. Duele también por los tratamientos, por los nervios dañados, por un sistema nervioso que en algún momento deja de procesar las señales correctamente y convierte estímulos cotidianos en experiencias insoportables.
El dolor neuropático tiene características que lo hacen especialmente difícil de manejar. Los pacientes lo describen como corrientes eléctricas, quemazón o pinchazos que aparecen ante estímulos completamente normales: un roce ligero, una brisa suave o un pequeño cambio de temperatura. Lo que para cualquier persona es inocuo, para ellos se convierte en una fuente de sufrimiento intenso.
A diferencia del dolor convencional, no responde a los analgésicos tradicionales y tiende a hacerse crónico. Los pacientes oncológicos suelen experimentar tres manifestaciones principales: hiperalgesia, un aumento anormal de la sensibilidad al dolor; alodinia, percepción dolorosa ante estímulos táctiles o térmicos que en condiciones normales no causarían molestia; y disestesia, sensaciones de ardor o dolor eléctrico ante el contacto físico ordinario.
Quiénes tienen más riesgo
No todos los pacientes oncológicos tienen la misma probabilidad de desarrollar dolor neuropático. Entre los factores que aumentan el riesgo se encuentran ser mujer, ser joven, tener un índice de masa corporal elevado, estar en un estadio avanzado de la enfermedad o estar recibiendo quimioterapia o radioterapia. También influyen la exposición previa a eventos traumáticos y las alteraciones en los mecanismos de modulación del dolor dentro del sistema nervioso central.
Más allá de la biología, hay un problema humano que complica aún más el abordaje de este dolor: muchos pacientes no lo verbalizan. Lo asumen como parte inevitable del proceso oncológico y callan. Begoña Barragán, presidenta del Grupo Español de Pacientes con Cáncer, GEPAC, lo describe con claridad: "Ese silencio acaba pesando casi tanto como el propio dolor".
Se subraya que nombrarlo y reconocerlo es el primer paso para que pueda ser escuchado y abordado de forma adecuada, y recuerda que el control del dolor es una parte esencial de una atención oncológica de calidad centrada en las personas.
Una campaña para darle nombre
Con el objetivo de visibilizar esta realidad, Grünenthal ha lanzado la campaña "No me llames Dolores, llámame Dolor Neuropático Oncológico", acompañada del lema "nombrarlo es el primer paso para escucharlo". La iniciativa, enmarcada en el Mes de la Lucha contra el Cáncer, busca concienciar tanto a pacientes como a profesionales sanitarios para mejorar el diagnóstico precoz y el tratamiento.
La campaña cuenta con el aval del Consejo General de Enfermería, GEPAC, la Sociedad Española del Dolor y la Asociación Española de Enfermería de Cuidados Paliativos, entre otros, y puede verse en marquesinas de autobús en Madrid, Barcelona, Sevilla, Bilbao, Valencia y otras ciudades.