SALUD OCULAR
El frío se asocia con un aumento de la presión intraocular en pacientes con glaucoma grave
Un estudio japonés relaciona las temperaturas ambientales más bajas con una mayor presión intraocular, especialmente en pacientes con glaucoma grave o que utilizan varias gotas oftálmicas.
La temperatura ambiental podría influir en la presión intraocular de las personas con glaucoma, especialmente en aquellas que presentan formas más graves de la enfermedad. Así lo sugieren los resultados de un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Medicina de la Prefectura de Kioto, en Japón, y publicado en el British Journal of Ophthalmology. Los hallazgos apuntan a que las bajas temperaturas deben tenerse en cuenta en el seguimiento de estos pacientes, aunque no permiten establecer una relación de causa y efecto.
Las temperaturas más bajas se relacionan con una mayor presión ocular
El glaucoma suele estar relacionado con un aumento de la presión dentro del ojo, que puede dañar el nervio óptico, encargado de conectar el ojo con el cerebro. Esta enfermedad es más frecuente en personas mayores de 50 años y puede provocar pérdida de visión si no se diagnostica y trata a tiempo. En un ojo sano, la presión intraocular se sitúa habitualmente entre 10 y 20 milímetros de mercurio (mmHg). Aunque investigaciones anteriores habían estudiado la posible relación entre la presión ocular y las condiciones climáticas en la población general, no estaba claro si determinados factores meteorológicos podían influir en pacientes con glaucoma estable que reciben tratamiento. Para analizar esta posible asociación, el equipo investigador revisó los historiales médicos de 77 pacientes con glaucoma primario de ángulo abierto, la forma más común de esta enfermedad. Todos habían recibido atención en un hospital universitario japonés entre enero de 2012 y diciembre de 2023. Los participantes tenían más de 40 años, no contaban con antecedentes de cirugía ocular y habían acudido a tres o más consultas clínicas al año durante al menos tres años.
Además, debían haber utilizado entre una y cuatro gotas oftálmicas antiglaucomatosas al día, en ambos ojos, sin modificar el tratamiento durante el periodo analizado. De esta manera, los investigadores buscaban descartar que los cambios en la medicación explicaran las variaciones de la presión ocular. El análisis final reunió 2.655 mediciones de presión intraocular correspondientes a 154 ojos de los 77 pacientes. La edad media de los participantes era de 65 años y el seguimiento se prolongó durante aproximadamente cinco años de media. También se registraron la presión arterial, la frecuencia cardíaca y distintas medidas de la córnea, cuyo grosor puede constituir un factor de riesgo independiente para una progresión más rápida de la enfermedad. Los investigadores compararon estos datos con los registros meteorológicos de Japón, que incluían la temperatura del aire, la humedad, la velocidad del viento, las precipitaciones y las horas de luz solar. Asimismo, ajustaron los resultados para tener en cuenta factores como la edad, el sexo y el grosor corneal central.
El efecto se observa especialmente en los casos más graves
Los resultados mostraron que la temperatura del aire estaba asociada de forma significativa e independiente con las lecturas de presión intraocular. En concreto, una temperatura ambiental más baja se relacionó con un aumento de la presión dentro del ojo. El estudio señala que una disminución de 35 grados centígrados se asoció con un incremento de 1 mmHg. Por otra parte, una presión arterial más elevada también se relacionó con una mayor presión intraocular. Al profundizar en los resultados, los investigadores comprobaron que la asociación entre la temperatura ambiental y la presión ocular era significativa únicamente entre los pacientes con glaucoma grave o aquellos que utilizaban varias gotas oftálmicas. Por ello, consideran necesario realizar nuevos estudios con grupos más numerosos para determinar si esta relación también se produce en personas con glaucoma leve o que utilizan un solo tipo de colirio.
Los autores advierten de que se trata de un estudio observacional, por lo que sus resultados no demuestran que las bajas temperaturas provoquen directamente un aumento de la presión intraocular. Además, la investigación no tuvo en cuenta algunos factores potencialmente relevantes relacionados con el estilo de vida, como el ejercicio físico y la obesidad. Tampoco participaron personas cuya presión intraocular estuviera mal controlada. Pese a estas limitaciones, los investigadores consideran que la relación observada puede ser relevante para el seguimiento de la enfermedad. En sus conclusiones, señalan que la relación entre la presión intraocular y la temperatura ambiental en pacientes con glaucoma primario de ángulo abierto estable y bajo tratamiento médico debe tenerse en cuenta dentro de una estrategia de tratamiento integral.