DÍA INTERNACIONAL DE LA EPILEPSIA

En los países con menos recursos, tres de cada cuatro personas con epilepsia no reciben el tratamiento que necesitan

Tres de cada cuatro personas con epilepsia no reciben el tratamiento que necesitan | Pexels
Constantes y Vitales
  Madrid | 09/02/2026

Una de cada diez personas sufrirá una crisis epiléptica a lo largo de su vida, pero la incidencia de la enfermedad se multiplica entre quienes viven en contextos socioeconómicos vulnerables. Los neurólogos advierten de que hasta un 30 % de los casos podrían prevenirse.

La epilepsia es uno de los trastornos neurológicos más comunes en el mundo y sigue estando rodeada de estigmas y desigualdades. Coincidiendo con el Día Internacional de la Epilepsia, que se celebra el segundo lunes de febrero, la Sociedad Española de Neurología (SEN) recuerda que esta enfermedad afecta a más de medio millón de personas en España y a unos 50 millones a nivel mundial.

Además de su elevada prevalencia, la epilepsia presenta una alta morbilidad y un impacto significativo sobre la calidad de vida de quienes la padecen, tanto por las crisis como por la discriminación social que todavía persiste.

Crisis epiléptica no siempre significa epilepsia

Las crisis epilépticas representan hasta un 1 % de las consultas en los servicios de urgencias, pero padecer una crisis no implica necesariamente tener epilepsia. Según la SEN, la enfermedad se define por la presencia de dos o más convulsiones no provocadas.

Tras una única crisis no provocada, el riesgo de sufrir otra y desarrollar epilepsia se sitúa entre el 40 % y el 52 %. Las crisis se caracterizan por convulsiones recurrentes, que pueden afectar a una parte del cuerpo o a su totalidad, y en algunos casos cursan con pérdida de conciencia y del control de funciones básicas.

Qué ocurre en el cerebro durante una convulsión

La Organización Mundial de la Salud (OMS) explica que las convulsiones se producen por descargas eléctricas excesivas en grupos de células cerebrales, que pueden originarse en distintas zonas del cerebro. Estas alteraciones pueden ser breves o prolongadas y, en algunos casos, graves.

El coordinador del Grupo de Estudio de Epilepsia de la SEN, Manuel Toledo, señala que las crisis pueden clasificarse en convulsivas y no convulsivas. En estas últimas se producen alteraciones del estado de conciencia o cambios conductuales, mientras que las convulsivas provocan movimientos involuntarios abruptos, rigidez muscular y sacudidas rítmicas.

La desigualdad socioeconómica marca la incidencia

Los datos muestran una clara brecha según el nivel de recursos. En los países de ingresos altos se diagnostican cada año alrededor de 50 casos por cada 100.000 habitantes, mientras que en los países de ingresos bajos y medios la cifra puede alcanzar los 140 casos.

En España se registran unos 20.000 nuevos diagnósticos anuales, lo que equivale a unos 40 casos por cada 100.000 habitantes. Sin embargo, dentro del propio país la epilepsia es 2,3 veces más frecuente entre las personas más desfavorecidas. Para los neurólogos, esta diferencia es una prueba clara de que una parte importante de la enfermedad es prevenible.

En los países con menos recursos, tres de cada cuatro personas con epilepsia no reciben el tratamiento que necesitan, a pesar de que más del 70 % podría llevar una vida normal con un diagnóstico precoz y una terapia adecuada.

Además, alrededor del 30 % de los pacientes no responde al tratamiento farmacológico. En estos casos, la enfermedad muestra su mayor gravedad: las personas con epilepsia tienen un riesgo de muerte prematura tres veces superior al de la población general y presentan con frecuencia comorbilidades como ansiedad, depresión, trastornos cognitivos, cefaleas y enfermedades cardiovasculares y metabólicas.