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Problemas digestivos, palpitaciones o acné: cuando la salud mental se manifiesta en el cuerpo

Problemas digestivos, palpitaciones o acné: cuando la salud mental se manifiesta en el cuerpo | Pexels
EFE
 |  Madrid | 12/10/2026

Los trastornos de salud mental pueden provocar síntomas físicos en distintos órganos, aunque los expertos advierten de que sufrirlos ocasionalmente no implica tener una enfermedad.

El cerebro y el cuerpo están estrechamente conectados, por lo que el malestar psicológico también puede manifestarse a través de síntomas físicos. Los problemas digestivos son algunas de las señales más habituales, pero también pueden aparecer alteraciones cardiovasculares, mayor sensibilidad al dolor y problemas en la piel o el cabello.

El aparato digestivo, uno de los más afectados

Así lo explica Carlos Parro, psiquiatra de la Unidad de Hospitalización de Psiquiatría del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, quien recuerda que experimentar malestar emocional o presentar síntomas físicos de forma puntual no significa necesariamente padecer un trastorno mental. Con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, que se celebra cada 10 de octubre, el especialista subraya la importancia de distinguir entre una reacción normal ante una situación complicada y un problema que afecta de manera significativa a la vida cotidiana. El sufrimiento puede provocar respuestas físicas desagradables sin que exista una enfermedad, como ocurre cuando una situación de peligro genera palpitaciones, temblores, sequedad de boca o dolor de estómago. La señal de alerta aparece cuando los síntomas dificultan cumplir con las obligaciones diarias y realizar actividades habituales. Para los expertos, esta afectación funcional permite diferenciar las respuestas fisiológicas normales de un posible trastorno.

Las molestias digestivas son las manifestaciones físicas más frecuentes relacionadas con el malestar psicológico. Entre ellas se encuentran las náuseas, la sensación de tener un nudo en el estómago, el dolor abdominal, la diarrea, el estreñimiento y los cambios en el apetito. También pueden aparecer síntomas relacionados con el sistema cardiovascular, especialmente en situaciones de estrés. Las palpitaciones, la falta de aire y la taquicardia son algunas de las señales que pueden acompañar a determinados trastornos de salud mental. Otra de las manifestaciones posibles es el aumento de la percepción del dolor. Según Parro, tanto el estrés agudo como la depresión pueden incrementar la sensibilidad corporal, mientras que las cefaleas y las molestias digestivas figuran entre los síntomas frecuentes en las mujeres.

La piel y el cabello también reflejan el malestar

La piel mantiene una estrecha relación con el cerebro, por lo que el sufrimiento psicológico puede favorecer la aparición de problemas dermatológicos o agravar afecciones previas. Entre las manifestaciones descritas por el especialista se encuentran la dermatitis, el acné, la sudoración, el rascado compulsivo y la caída del cabello. Además, cuanto más grave es el trastorno mental, más frecuente puede ser la aparición de síntomas físicos. Las personas con depresión pueden presentar una importante carga de molestias corporales y, en los trastornos de ansiedad, los síntomas físicos también tienen relevancia clínica. En el trastorno de pánico, por ejemplo, forman parte de los criterios diagnósticos. El psiquiatra insiste en que estas manifestaciones deben recibir tratamiento, aunque estén relacionadas con el sufrimiento psicológico. Tener un problema de salud mental no significa que deban ignorarse síntomas como el acné o el dolor de cabeza. Al contrario, cada afección física debe atenderse de manera adecuada.

Esta atención resulta especialmente importante en las personas con trastornos mentales graves, que pueden recibir menos atención por sus problemas físicos. Según advierte Parro, esta situación puede contribuir a una mayor mortalidad y a una menor esperanza de vida. Por último, el especialista recuerda que no todos los síntomas corporales de una persona con un diagnóstico de salud mental tienen necesariamente un origen psicológico. También pueden deberse a otras causas orgánicas, por lo que es importante valorar cada caso y no atribuir automáticamente cualquier molestia al estado emocional.