VER, OÍR Y NO CALLAR

Vacunas: del brazo de Norma Duval a las colas en el Wanda Metropolitano

La que fuera gran vedette de España pone el brazo para vacunarse, dice que no la han colado y rechaza estar haciendo campaña electoral.

Norma Duval | @normaduvaloficial
  Madrid | 06/04/2021

Entre las paredes panelables, las mascarillas y el olor a desinfectante, emerge Norma Duval. Con el maquillaje impecable, esa raya negra por dentro y por fuera del ojo bien marcada, la máscara de pestañas, y ojalá el tono rosa flúor en los labios; el mismo que la acompaña desde que bajaba por las escaleras con la boa de plumas y el mundo era un lugar mucho mejor que ahora.

Norma, que en realidad se llama Purificación Beltrán, enseña su brazo derecho a la cámara y a la enfermera que prepara el vial. Tiene el tono justo de bronceado y la piel luce, como toda ella, pimpante. Va vestida de negro con mascarilla a juego, elegantísima, como si viniera de una de esas presentaciones de libros que acababan con vino español antes de la pandemia.

Lleva el tipo de joyas por el que suspiraban señoras como mi madre. El 'diamantazo' en el dedo anular, el 'peluco' dorado, los aros cuajaditos de brillantes en las orejas, el colgante con corazón. Si en vez de abril fuera enero, llevaría chaquetón de chinchilla o un abrigo de visón hasta los pies. Porque Norma pertenece a esa generación de artistas que abrazaron, en cuanto llegaron los billetes, las pieles y el oro blanco.

Y de repente, la diva poderosísima se deja hacer. La enfermera la mira y le pone la primera dosis de la vacuna de AstraZeneca coincidiendo con la semana en la que la segunda española que pisó el Folies Bergère detrás de La Bella Otero cumple 65 años. La misma semana en la que el aún negacionista o cuanto menos escéptico Miguel Bosé cumple la misma edad.

Norma da las gracias al hospital Isabel Zendal en un post de su cuenta de Instagram, un lugar en el que alterna estampas familiares, poses que sólo ella sabe resolver e imágenes de antaño, una forma como cualquier otra de decir que la que tuvo retuvo y si no para eso se inventaron los filtros.

Tras su paso por el hospital dice que el trato ha sido estupendo y que, a pesar de leves efectos secundarios, hay que acabar con este virus asesino como sea, así que nos anima a todos a vacunarnos. Dos días después, se grabó un vídeo en el que desmiente que la hayan enchufado, que se haya saltado las colas y que esté haciendo campaña electoral con este asunto. De paso aprovecha, con esa voz algo ronca que Dios le ha dado, para decir que el Gobierno "ha actuado de buena fe" con el tema de administración de las vacunas y que el Zendal es estupendo "le pese a quien le pese". Musa total, musa transversal.

Y cómo le vas a llevar la contraria a la mujer que se presentó en el estudio de Onda Cero, en el programa 'Protagonistas', y le lanzó uno de sus tacones a Jimmy Giménez-Arnau porque la estaba criticando. Cómo osar discutir, plantearle siquiera un matiz, si te lo pide ella.

Ahí tienen a la actriz, empresaria, vedette y lo que ella quiera. La que daba inicio a los veranos con su posado en la casa de Mallorca (con permiso de Ana Obregón), la que tuvo entre su coro de bailarines al actor Miguel Ángel Silvestre. La que se casó con un jugador de baloncesto llamado Marc Ostarcevic que coleccionaba chaquetas de colores, la que luego se casó con un empresario llamado José Frade que coleccionaba películas, la que hizo campaña con el PP porque le daba la gana porque ya lo había conseguido todo. Convertida en mortal y diciendo que sí se puede.

Es la imagen luminosa de un fin de semana en el que cientos de ciudadanos hacían cola en el estadio del Atlético de Madrid, el Wanda Metropolitano, para hacer lo mismo que Purificación Beltrán: enseñar su brazo y dejarse hacer. Quizá fue larga la espera, quizá la lluvia lo hizo un poco más pesado. Pero se me ocurren esperas mucho más largas y tenebrosas que ésa. Por ejemplo, la de cualquier sala de urgencias hospitalaria. Lo cual es compatible con pensar que no fue buena idea parar durante cuatro días la vacunación en los centros de salud a los mayores de 80 años y a los grandes dependientes.

Pero esta vez prefiero ver el vaso medio lleno. E igual que tenemos cerca a una víctima que ya no podrá contarlo, también nos rodean personas que ya han recibido su dosis. Un par de picotazos en el brazo que no entienden de ideologías. Por Norma.

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