Todo está en Bourdieu
Aragón mata la soberbia izquierdista
"En esa coyuntura la izquierda poscomunista no es capaz de capitalizar ese desgaste al haber sido asociada al mantenimiento de ese gobierno desde dentro como Sumar, o desde fuera como Podemos..."
La izquierda necesita humildad, fraternidad y compromiso. El resultado de Aragón solo puede leerse en clave emocional desde esos puntos cardinales y no desde aquellos que se están mostrando cuando llega el momento de conformar coaliciones y negociar las listas en los territorios. La soberbia, la altivez y el orgullo han quedado enterrados a orillas del Ebro.
El espacio que ahora mismo está en disputa a la izquierda del PSOE en un momento de retroceso de los socialistas oscila entre el 10% y el 15% y todas las organizaciones que habitan en ese espectro tienen que decidir cómo se reparte y si empujan para estar más cerca del 15% y con eficiencia electoral en escaños o compiten en nichos de fragmentación impidiendo cualquier resistencia a la extrema derecha.
El resultado de la Chunta vuelve a dejar en evidencia una máxima que se cumple 'Manu militari' cada vez que se abren las urnas, donde hay un partido de izquierdas con presencia en el territorio y de ámbito regional prevalece por encima de los partidos de presencia estatal. El único partido de presencia estatal que aguanta de manera pírrica los resultados es IU con el núcleo militante de la base sindical de CCOO en el territorio. Sumar no existe como formación y ya no le aporta nada a la coalición, es simplemente un partido de nobles sin capacidad para empujar voto.
El caso de Podemos es demoledor. No han logrado ni el 1% de los votos logrando solo 6.200 votos y habiendo perdido más de 20.000 después en unas elecciones como las de 2023 que ya habían sido pésimas. Hay dos datos que dejan claro cuál es el papel de la formación que hubo un momento en el que tenían como objetivo ganar las elecciones. El primero es que SALF, el partido de Alvise, le ha triplicado en votos y el partido Escaños en Blanco se ha quedado solo a 2.000 votos de la formación morada.
Sumar y Podemos ya son irrelevantes. El tiempo de la soberbia ha terminado. Los resultados son incontestables y tienen que afrontar los próximos ciclos electorales con la humildad necesaria para saber que son tan solo unas organizaciones que únicamente tienen fuerza para empujar con la cabeza gacha, dejando a un lado la agresividad y pensando en el bien común.
Los movimientos de Gabriel Rufíán para reformular una alternativa a la izquierda es de agradecer pero es complicado que tenga la capacidad para funcionar como dique de contención. Hacen falta muchas manos y es preciso acercarse a esa idea con la mente abierta.
Las urnas están devastando las opciones de la izquierda y conviene analizarlo sin paños calientes. El desgaste del PSOE asociado a los problemas de corrupción, la carestía de la vida, el precio de la vivienda y los problemas asociados a la movilidad y el transporte son difíciles de parar.
En esa coyuntura la izquierda poscomunista no es capaz de capitalizar ese desgaste al haber sido asociada al mantenimiento de ese gobierno desde dentro como Sumar, o desde fuera como Podemos. El diagnóstico que cree que en un momento de polarización es capaz de eludir ese desgaste por simpatía es totalmente errado y se está demostrando de manera estructural.
Nadie sobra, todos caben. Pero hay que cambiar de manera radical la manera en la que los partidos de izquierdas se están relacionando si lo que quieren es pensar en el colectivo y no en sus intereses personales. Aragón ha demostrado que es tiempo de tragarse el orgullo.