todo está Bourdieu
La debilidad del relato de Pedro Sánchez con Marruecos
"Uno de los problemas principales del ejecutivo es la disonancia entre las premisas principales de su propio discurso, porque en ocasiones son incompatibles entre sí. La lógica deductiva y los razonamientos de argumentación hacen muy difícil asumir el relato mantenido por el Gobierno".
La soledad de Pedro Sánchez manteniendo una posición de tolerancia extrema con Marruecos será una losa política insoportable porque existe un consenso social, político, mediático y fáctico sobre la implicación de Marruecos en los hechos del pasado 31 de julio en Ceuta.
El único matiz introducido por el presidente del Gobierno en su comparecencia en el Gobierno sobre la dictadura alauí es decir que la cooperación tiene que ser diferente a partir de ahora, algo que parece evidente después de que los acuerdos de cooperación con Marruecos impliquen el control migratorio y el fracaso de ese cometido es innegable a la luz de los hechos. Quien controla las fronteras y deja pasar 80.000 personas en dos días deja de estar capacitado para el cometido.
Uno de los problemas principales del ejecutivo es la disonancia entre las premisas principales de su propio discurso, porque en ocasiones son incompatibles entre sí. La lógica deductiva y los razonamientos de argumentación hacen muy difícil asumir el relato mantenido por el Gobierno.
No es comprensible establecer la causalidad de los hechos del 31 de julio con la sentencia del Tribunal Supremo del 29 de junio y a su vez despreciar los hechos relacionados con Argelia y el Sáhara la última semana de julio, que incluyeron la recepción de la presidenta del Congreso de niños saharauis recordando el compromiso histórico de España con el Sáhara, el viaje de Pedro Sánchez a Argelia y la admisión a trámite de la ley de nacionalidad a los saharauis mayores de 49 años que se votará la semana que viene. Es imposible no tener en cuenta esa correlación de hechos cuando fueron los que propiciaron el último uso del flujo migratorio como ataque en el año 2021.
Es increíble que sepamos, hoy, que se convocó en secreto a la embajadora de Marruecos el 21 de agosto por la reclamación de la soberanía de Ceuta y Melilla por parte de altos cargos del gobierno de Marruecos y que tras ese hecho siguieran ministros como Bolaños o Albares defendiendo con fiereza a Marruecos. No es tolerable que se diga que en otras ocasiones se hace lo mismo sin informar a la opinión pública, como si hacerlo sin informar a la opinión publica no fuera un hecho premeditado de menor intensidad establecido en la relación diplomática.
El Gobierno afirma que no tiene información sobre la participación de Marruecos en la construcción del evento. No puede ser tan taxativo en la tolerancia del evento y reconoce que los policías fronterizos de la gendarmería se retiraron durante diez horas, dejando pasar a los migrantes.
Además, el Gobierno no puede negar el uso político posterior en el que se reafirma la exigencia soberana irredentista sobre Ceuta y Melilla utilizando precisamente la situación de estrés provocado por el flujo migratorio en Ceuta. No ha trascendido que el CNI atribuyera a Marruecos, sin atisbo de duda, la construcción del evento, pero a su vez está informando de posibles eventos futuros de ataque inmersos en la zona gris por parte de Marruecos, analizando lo ocurrido el 31 de julio, algo que parece una incoherencia inasumible.
El relato de exoneración de Marruecos no se sostiene con lo conocido, no solo por fuentes de inteligencia y de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. El informe policial del CENIF deja en evidencia una coordinación múltiple de la policía magrebí incompatible con la no participación de las instituciones de Marruecos, a no ser que creamos que dentro de la dictadura la gendarmería tiene capacidad para operar al margen de sus mandos operativos.
El informe habla de coordinación estructural de miembros de la gendarmería uniformados y cuerpos no uniformados gestionando en fases el flujo migratorio, a su vez que la policía fronteriza se retiraba dejando pasar a los migrantes. Al Gobierno le sirve para señalar a Israel y Rusia mucho menos de lo que tiene para señalar a Marruecos.
La inconsistencia del relato continúa entre las propias aseveraciones hechas por el Gobierno. El presidente habló en dos ocasiones separadas entre sí en un mes: de ataque a la integridad y soberanía nacional en su viaje a Ceuta y de ataque híbrido en su entrevista en la Cadena SER. Una vez realizadas estas declaraciones hay una correlación causal que es imprescindible plantearse. ¿Por parte de quién? ¿Quién es el actor tras el ataque? No es posible hablar en esos términos sin identificar de manera inequívoca quién es el que atacó.
El Gobierno afirmó a través de fuentes que en el pasado, cuando Marruecos promovió este tipo de eventos, lo reconocía de manera abierta cuando se les llamaba, diciendo que los actos políticos de España tienen consecuencias. Hechos pasados no garantizan situaciones futuras, porque eso puede cambiar dependiendo del contexto. La nueva realidad geopolítica puede cambiar la manera de operar. Marruecos está empoderado por su relación de preeminencia con EEUU e Israel en África.
En abril se sucedieron nuevos hechos y esos hechos pueden tener una presencia muy relevante en la nueva coyuntura. Tras la negativa de España de permitir el uso de las bases aéreas de Morón y Rota, los republicanos presentaron en el Congreso y el Senado dos proyectos legislativos espejo por parte de dos de los más firmes colaboradores del secretario de Estado de EEUU, como Ted Cruz y Mario Díaz Balart, que instaron al ejecutivo de Trump a iniciar negociaciones con España y Marruecos, cuestionando la soberanía española sobre Ceuta y Melilla.
Es posible, como defienden en el Gobierno, que los hechos del 31 de julio fueran dados por múltiples elementos interrelacionados. La hipótesis del evento multifactorial con multitud de actores participando que se retroalimenta y explota de manera no prevista, es plausible, pero no lo es que entre esos actores no se encuentre de manera central, al menos participando de algún modo, Marruecos.
Lo que tampoco es posible es expresar la fiabilidad de Marruecos como socio y su colaboración importante, más allá de la que se dio aceptando el retorno en los días posteriores del grueso de los inmigrantes, cuando Sira Rego, ministra del gobierno de España, dice que de los 600 expedientes de menores enviados a Rabat no han recibido respuesta.
Es una obviedad que el gobierno no puede tener de manera abierta una posición frentista con Marruecos por las implicaciones dramáticas que puede tener en los flujos migratorios, en la colaboración antiterrorista y en los procesos judiciales, pero España tiene muchos elementos de presión que ni siquiera tienen que darse de manera pública.
Existen muchos elementos de acción diplomática, actuación económica y capacidad de disuasión de la que se está mostrando y que el gobierno de España parece no querer utilizar, porque entre declarar la guerra a Marruecos y mostrarse como lobby de Mohamed VI en España y en Europa hay una escala de grises que no se atreve a transitar. El equilibrio es imperativo.