TODO ESTÁ EN BOURDIEU
El efecto mariposa, de Ceuta a Sajonia Aanhalt
"Todo se juega en Ceuta y el gobierno ha regalado el marco perfecto a la extrema derecha internacional. El efecto mariposa está funcionando. Un inmigrante marroquí monta una tienda de campaña en un campo de refugiados en la playa del trampolín y un nazi gana las elecciones en una región de la antigua RDA"...
Lo ocurrido en las elecciones de Sajonia-Aanhalt se escribe en Ceuta y se distorsiona a través de las redes sociales hasta convencer a un operario de la industria química en Leuna, que ha cerrado por el precio del gas ruso tras la invasión de Ucrania, de que votando a quienes minimizan el holocausto, de que expulsando a un inmigrante turco que vive en el barrio de Kreuzberg en Berlín, su fábrica reabrirá y volverán los años dorados.
No existe batalla cultural sin base material sobre la que prender. La victoria de AFD en la antigua región manufacturera química de la Alemania del Este no se hubiera producido sin una multitud de situaciones que han propiciado que unos tipos con estética aria hayan ganado donde antes operaba la Stasi y más antes las SS. Hay una broma germanófoba que dice que cuando en Alemania baja el PIB dos puntos comienzan a hacer el saludo nazi, pero tras ese prejuicio hay una historia material que conviene contextualizar.
No hay un mapa de Alemania que no siga dibujando un muro que separa la antigua Alemania del Este de la del Oeste. La reunificación lo fue territorial, pero nunca material, social ni emocional. La brecha sigue existiendo y el sentimiento de desagravio de los habitantes orientales de Alemania forma parte de la construcción colectiva del país. El término Ostalgie apela a la nostalgia existente de la seguridad material que existía para la clase trabajadora en la República Democrática Alemana. No hay un sentimiento que la extrema derecha sepa manejar de manera más eficiente que la añoranza por la seguridad perdida, en toda su extensión, concreta y emotiva, y aunque parezca contraintuitivo la AFD es la que mejor ha explotado la incertidumbre del momentuum capitalista actual apelando a las certezas existentes en la antigua región comunista.
La extrema derecha no ha ganado en Sajonia-Aanhalt por el fracaso del Brandmauer (cordón sanitario) como suelen argumentar muchas voces ignorantes del fenómeno ultra que solo buscan legitimar a los ultras como socios de coalición, sino por unas características especificas larvadas durante décadas que han sido explotadas e instrumentalizadas con una dialéctica política y cultural alimentada con ingentes cantidades de dinero. Cualquier análisis que no incluye el proceso de desindustrialización surgido tras la caída del Muro de Berlín y la política de privatización masiva de la RFA a través de la agencia Treuhand en los años 90, estará viciado de origen porque despojará del caldo de cultivo social y económico que ha derivado en la desigualdad estructural en Alemania. Las políticas neoliberales que fueron especialmente agresivas en los territorios incluidos en el antiguo satélite comunista en Alemania fueron las responsables de ir construyendo un estado emocional que acabó por concretarse 40 años después, como suele ocurrir con los cambios estructurales profundos en sociedades democráticas.
Sajonia-Aanhalt es una región posindustrial en la que la importancia de la industria química en el PIB está cerca del 25%. El conocido como Chemiedreieick (triángulo químico) en el que tiene especial importancia la zona de Leuna se caracteriza por se una producción excesivamente dependiente del gas y el petroleo ruso hasta considerarse una industria intensiva que necesita el producto no solo como combustible sino como materia prima. Los datos del Chemiepark de Leuna marcan la importancia de la industria en la región dando empleo a más de 12.000 personas y con un consumo total de gas equivalente al de un cuarto de millón de viviendas. La inmensa mayoría del gas consumido por la industria de Sajonia-Aanhalt llegaba a Alemania a través del oleoducto Druzhba que viene directamente de Rusia y que se construyó en los años 60 en el programa que fue conocido como 'Tuberías por gas', en el que la industria alemana proporcionaba las tuberías necesarias para la construcción del gasoducto a cambio de gas.
El coste del incremento del precio del gas para la industria de la región oriental de Alemania ha sido insostenible para la supervivencia de muchas factorías provocando cierres de la empresa Domo en Leuna y de la multinacional Dow en Böhlen y Schkopau. La situación ha propiciado que AFD recuperara la necesidad de volver al suministro del gas ruso que fue cancelado tras la invasión de Ucrania. La petición de la patronal química para garantizar el sostenimiento de la industria fue recogido por los ultras que propusieron la normalización del suministro y volver a poner en funcionamiento el Nord Stream 2 con el rechazo frontal de todos los grupos políticos, desde la CDU a los verdes pasando por Die Linke.
Esa base material es la que la extrema derecha alemana ha utilizado para integrar un discurso racista, nacionalista y etnicista, que aporta como solución para todos los problemas la remigración y la expulsión de todos los migrantes que ponen en cuestión la cultura germánica haciendo de su ideario una remodelación de las bases nacionalsocialistas de los años 30. La importancia de la batalla cultural queda de manifiesto cuando vemos cómo en una región en la que la inmigración es del 5%, en comparación con regiones como Hesse o Baden Wuttemberg por encima del 18%, consigues hacer hegemónico el pensamiento de que los migrantes son los responsables de todos los problemas. Para que eso ocurra se tiene que crear un contexto de urgencia a nivel mundial sobre la inmigración que está inmerso en los discursos de todos los líderes internacionales posfascistas en comunión auspiciado por los algoritmos de las redes sociales dominadas por los tecnooligarcas. Para eso es imprescindible que ocurra otro suceso discursivo; la asimilación de la derecha tradicional de los discursos y métodos de la extrema derecha haciendo los temas de los ultras hegemónicos en el debate público. En Sajonia-Aanhalt los conservadores y liberales han perdido 23 puntos en las elecciones y la extrema derecha ha ganado otros 23 puntos. Unan esos puntos para pintar el dibujo.
En las calles de Alemania la gente grita al canciller alemán Friedrich Mertz: "¡Vete a Ceuta!" Porque todo está en Ceuta. Todo se juega en Ceuta y el gobierno ha regalado el marco perfecto a la extrema derecha internacional. El efecto mariposa está funcionando. Un inmigrante marroquí monta una tienda de campaña en un campo de refugiados en la playa del trampolín y un nazi gana las elecciones en una región de la antigua RDA.