Todo está en Bourdieu
La frontera más inhumana es la que parece vulnerable
"Los derechos humanos y la atención a los menores no se pueden poner en cuestión. La atención al refugiado y el respeto escrupuloso al derecho de asilo no se puede poner en cuestión. No hay más, no existe debate en la izquierda, no puede haberlo y cualquiera que lo haga lo único que hace es decirse de izquierdas y actuar como la ultraderecha".
La izquierda no puede manejarse en contradicciones imposibles con la misma laxitud que la derecha y por eso sería conveniente que tuviera un discurso compatible con la realidad asumida por todos para que no parezca ante los ojos de los ciudadanos que mantiene un relato hipócrita que dice una cosa mientras hace la contraria. El mes de agosto con la crisis en Ceuta ha sido un compendio absoluto de posiciones arrimadas al infantilismo y al cinismo propiciadas por una gestión desastrosa plagada de mentiras que han sido caldo de cultivo propicio para la extrema derecha. La gestión de la crisis del gobierno en Ceuta ha hecho más por el discurso ultra que una legislatura de bulos en redes sociales y soflamas fascistas.
Los derechos humanos y la atención a los menores no se pueden poner en cuestión. La atención al refugiado y el respeto escrupuloso al derecho de asilo no se puede poner en cuestión. No hay más, no existe debate en la izquierda, no puede haberlo y cualquiera que lo haga lo único que hace es decirse de izquierdas y actuar como la ultraderecha. Ese es el punto de partida inamovible de la izquierda, pero como es así, lo que no se puede hacer es generar unas dinámicas políticas que hagan imposible esa atención con planteamientos irresolubles y que se basan en la relación que tiene la izquierda con nuestra frontera sur con Marruecos.
Nadie pone en duda la existencia de la frontera en Ceuta, ningún partido institucional lo hace ni lo propone, desde los socioliberales como el PSOE, a los socialdemócratas como Sumar, a los comunistas como IU, ni a los poscomunistas como Podemos. Ninguno lo ha propuesto jamás cuando ha estado en el gobierno ni cuando estaba en la oposición. El hecho de que 80.000 migrantes atraviesen la frontera, con más de 140 muertos, llegando a una población de 80.000 habitantes en un territorio de 19 kilómetros cuadrados, es un baño de realidad tan abrumador que nadie con un mínimo de criterio puede concluir que en las condiciones sociopolíticas actuales es aceptable tener un control de fronteras tan laxo que quede a merced de un rival geopolítico. Es irresponsable olvidar que Marruecos considera que Ceuta y Melilla les pertenecen y tiene una estrategia irredentista que busca tensar a la población civil ceutí demostrando que es la dinastía alauí la que tiene el control efectivo sobre nuestro territorio.
Nadie ha propuesto jamás la eliminación de la frontera en Ceuta y Melilla porque la realidad les sepultaría en las circunstancias actuales, después de décadas de política migratoria capitalista que prohíbe el paso a las personas mientras tolera la de las mercancías. El ataque de guerra híbrida de Marruecos usando la miseria de su pueblo para transmitir que son ellos quienes controlan la frontera de España dejó en evidencia lo que ocurriría con una frontera transparente, y es que Ceuta dejaría de ser una ciudad operativa, dejaría de formar parte de la soberanía española, y por lo tanto acabaría con los ciudadanos ceutís migrando a la península.
Las fronteras solo existen si funcionan como línea de control efectiva. Si la tienes, y la tenemos, la tienes que poder controlar y que funcione como filtro de acceso. Si no estás dispuesto a tener ese control es mejor replegarse. Como la soberanía de Ceuta y Melilla por parte de España no puede estar en cuestión para nadie que se precie de defender la soberanía como un elemento fundamental de la política interior, la única solución aceptable es establecer un control de frontera que sea tan disuasorio como para evitar que nadie se juegue la vida cruzando por el mar para morir ahogado.
No hay frontera más inhumana que aquella con apariencia de fragilidad y que traslada a los migrantes la percepción de que es posible atravesarla para luego repelerles mientras lo intentan poniendo en peligro su vida. Si los migrantes no hubieran pensado que es posible cruzarla y tener éxito no hubieran muerto ahogados al menos 140 y por eso es más humanitario convertir la frontera en un elemento disuasorio que impida jugarse la vida de quienes luego vas a devolver en caliente. Porque igual queremos decir a nuestras conciencias que la frontera solo está un poco militarizada y que convertir el paso del Tarajal en un juego macabro del calamar es mejor que impedir que se jueguen la vida haciendo de la frontera una línea disuasoria que al menos evite muertos.
Si España no controla la frontera, que existe, que tenemos y de la que nadie se atreve a plantear su cierre y el repliegue de Ceuta y Melilla, entonces la controla Marruecos. La inmensa desigualdad existente entre países, la tercera frontera terrestre más desigualdad después de la de Arabia Saudí y Yemen y Corea del Sur con el Norte, propiciaría un flujo migratorio constante y de dimensiones inimaginables que España no podría gestionar atendiendo a los sistemas de protección humanitarios, legales y morales que nos hemos dado y a los que no queremos renunciar. Mientras exista la frontera y no haya un modelo alternativo, que podemos engañarnos lo que queramos, pero la izquierda ha demostrado no tener, o al menos, no tener la fuerza política para plantearlo, tenemos que convertir los flujos migratorios en lo más humanitarios posibles. Y eso no se hace con la desastrosa gestión que se ha tenido en Ceuta y con el vacío discursivo lacerante. Tampoco externalizando el control de las fronteras.
Porque hay una cuestión que es ineludible sobre lo ocurrido en Ceuta y es respondernos qué hubiera pasado con los problemas logísticos que están ahogando la ciudad autónoma y paralizando al gobierno haciendo imposible reforzar de manera efectiva los sistemas sociales y dar asistencia a 8.000 de los inmigrantes que se han quedado en Ceuta si los 80.000 que entraron el pasado 31 de julio se hubieran quedado. La única respuesta política verbalizable es la que puedes concretar y asumir.