TODO ESTÁ EN BOURDIEU

Las guerras sanchistas contra la 'Entente Epstein'

Donald Trump en una foto de archivoAgencia EFE
  Madrid | 05/03/2026

"Trump representa de manera encarnada la degeneración capitalista y moral que se simboliza con su amistad con Jeffrey Epstein y las sospechas sobre la participación en sus prácticas depravadas. En el contexto actual presentarse como némesis de su modo de actuar cesarista, criminal e imperialista no es solo una estrategia política, sino una obligación humanitaria".

Pedro Sánchez se está convirtiendo en referente planetario como antagonista de los desmanes de Donald Trump ante el servilismo del resto de países y actores que asisten al estropicio de la violación del derecho internacional. La pregunta que hay que hacerse es por qué es posible que esto ocurra y que su posición sea alabada por las opiniones públicas internacionales. No vamos a evaluar si los movimientos de Pedro Sánchez se hacen por convencimiento o por cálculo electoral, porque toda decisión de este calibre es multifactorial. Lo que no puede negarse es que su política internacional está siendo coherente y traza una línea desde Ucrania a Irán pasando por Gaza y Venezuela que pasa por rechazar toda acción unilateral que viole la soberanía de un país en contra del derecho internacional y el artículo fundacional de la carta de las Naciones Unidas.

Las guerras sanchistas contra la 'Entente Epstein' son un imperativo categórico kantiano. Se trata del deber por el deber y, cuando alguien se maneja en esos términos, los costes asociados no son una variable a tener en cuenta. Se asumen sin importar cuáles sean porque es una posición absoluta en términos humanísticos. En definitiva: "Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad pueda valer siempre al mismo tiempo como principio de una legislación universal". La decisión de no dejar utilizar nuestro territorio para unos bombardeos que acaban de asesinar a 128 niñas es buena en términos absolutos.

La posición de Pedro Sánchez al negar el uso de las bases para la agresión imperialista contra Irán es irreprochable desde el punto de vista legal ante una ilegalidad manifiesta. El acuerdo de cooperación entre EEUU y España faculta a nuestro país a autorizar o no el apoyo logístico al país norteamericano cuando se trata de una actuación militar unilateral como es la que se ha producido en Irán por parte de Donald Trump y Benjamin Netanyahu. España no ha dejado usar la base de Rota del mismo modo que Gran Bretaña no ha permitido usar la base de Diego García porque es una decisión en ejercicio de su soberanía. Y punto. No hay más debate.

Eso no significa que España, como miembro de la OTAN que tiene desplegadas a sus tropas en zonas en las que se tiene que ver obligada a intervenir por la respuesta de Irán, no esté cooperando en materia defensiva. Ha ocurrido con el derribo de un ataque en Turquía y está ocurriendo con sus tropas en Líbano porque no participar en una actuación ofensiva no implica que no tengas que actuar de manera defensiva, del mismo modo que ha hecho Francia y Reino Unido protegiendo Chipre. Precisamente, por eso no hay incompatibilidad en que la Casa Blanca declare que España y EEUU están cooperando militarmente y que se niegue al uso de las bases en España para la actuación ofensiva.

En lo que respecta a la política interna se establecen muchas derivadas que son relevantes en su relación con el resto de fuerzas políticas. Los más afectados con esta posición de Pedro Sánchez son la izquierda poscomunista (No importa qué partido) y el PP de Alberto Núñez Feijóo por causas muy diferentes. La primera porque el movimiento de Pedro Sánchez posicionándose de manera frontal contra Donald Trump y asumiendo como único referente internacional de las potencias económicas que erige como la contraposición ética en un momento en el que las reglas del derecho internacional han dejado de fingirse que existen dejando muy poca espacio para un discurso a su izquierda que no sea extemporánea.

Siempre se puede hacer el ridículo y pedir romper relaciones con EEUU, salir de la OTAN y acabar con las bases siendo consciente de que eso no va a ocurrir. Pero la única realidad es que el camino más corto para que la OTAN implosione es dejar a Donald Trump actuar, pero hoy en día estamos más cerca que ayer de que las bases se vayan a Marruecos y ese objetivo se puede dar por la posición de Pedro Sánchez y no por declaraciones ochenteras. La única posición realista que puede tener la izquierda en un contexto como el actual es apoyar y esperar.

El caso de Alberto Núñez Feijóo es dramático. Es el líder de la derecha europea más inepto e inculto en cualquier tema que requiera un análisis más profundo. Su declaración diciendo que los derechos humanos están por encima del derecho internacional pasará a la historia de su hemeroteca como la más alta representación de la estulticia a la altura de otras grandes perlas del legado reaccionario como esa mítica frase de Bush que propuso cortar los arboles para acabar con los incendios. La posición del PP en materia de política internacional, más allá del vasallaje consustancial a la derecha española en su relación con EEUU, pasa por hacer lo contrario que Pedro Sánchez elevando su figura y quedando colgados de la brocha cuando el resto de líderes europeos acaba moviéndose y quedando a merced de las posiciones de la extrema derecha. Sobre VOX no hay que hacer valoración porque no tiene autonomía para posicionarse de otra manera que no sea servil a Donald Trump. Solo son cipayos sin capacidad para otra cosa que no sea ser funcional a los intereses extranjeros en España. Abascal es consciente de que serán apoyados en las elecciones de maneras que aun no podemos imaginar por quien amenaza a nuestro país tal y como está consignado en su estrategia de seguridad nacional.

Donald Trump representa de manera encarnada la degeneración capitalista y moral que se simboliza con su amistad con Jeffrey Epstein y las sospechas sobre la participación en sus prácticas depravadas. En el contexto actual presentarse como némesis de su modo de actuar cesarista, criminal e imperialista no es solo una estrategia política, sino una obligación humanitaria. En la coyuntura actual la única narrativa ganadora es la de convertirse en soldado de las guerras sanchistas.

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