Todo está en Bourdieu
¿Por qué temen a Marruecos?
"Hay poco que hacer ante Marruecos con una izquierda acomplejada, una socialdemocracia servil, una derecha timorata y una extrema derecha vendepatrias. Nadie se atreve a afrontar la realidad de tener por el sur un socio desleal con un conflicto territorial abierto y una ideología nacionalista e irredentista que jamás abandonará su idea del Gran Marruecos"
España tiene un problema en defensa, pero no es algo que se arregle con armamento porque es una situación formal, estructural y de autopercepción cultural. De nada sirve estar armado hasta los dientes si sufres un acto hostil y no eres capaz de percibir el ataque. El problema de España en materia de defensa de su soberanía tiene que ver con aquello que se atreverá a hacer con Marruecos después de décadas de sometimiento a una estrategia extranjera. A Marruecos no se le tose. El modus operandi en materia diplomática es que es preferible soportar cualquier agresión presente que arriesgarse a la posibilidad de una futura de mayor dimensión si se perturba el bienestar del sátrapa alauí.
Hay poco que hacer ante Marruecos con una izquierda acomplejada, una socialdemocracia servil, una derecha timorata y una extrema derecha vendepatrias. Nadie se atreve a afrontar la realidad de tener por el sur un socio desleal con un conflicto territorial abierto y una ideología nacionalista e irredentista que jamás abandonará su idea del Gran Marruecos. Mención aparte merece el sometimiento absoluto del PSOE sistémico al lobby marroquí en España que trabaja antes que para los intereses españoles los de Mohamed VI y suyos propios. No es una manera de hablar, hay una consultora de un exministro socialista defendiendo los intereses de Marruecos en la UE.
Mohamed VI ha atacado a España. Lo ha hecho utilizando un arma que la Estrategia de Seguridad Nacional explicitaba negro sobre blanco y que es la de utilizar los flujos migratorios como parte de una guerra híbrida. Es una amenaza tan real que la administración de Pedro Sánchez consideró que era tan relevante como para ponerlo en las amenazas para nuestro país. Es algo que bien sabe la Unión Europea y que vio con mucha claridad cuando Bielorrusia hizo lo mismo con Polonia o Rusia con Finlandia. Ningún país se atrevió entonces a acusar a Polonia de no poder controlar sus fronteras, amenazar al país con la anulación del tratado de Schengen ni recurrir a Bielorrusia como socio confiable para el control del flujo. Todos tenían claro que se trataba de una agresión a la soberanía de Polonia por métodos no convencionales.
Existe una estrategia multilateral y multifactorial que nos ha llevado a esta situación. El primero y más importante es que España tiene una política migratoria reaccionaria. La propia, la de este gobierno, aparte de la de Frontex, que no ha cambiado en nada con relación a la de los otros gobiernos del PSOE o el PP y que se basa en subrogar el control migratorio en frontera a la dictadura marroquí y que de facto consiste en depender de manera absoluta de la voluntad política y los intereses de Mohamed VI, como antes de Hassan II, y por el que sea próximo sucesor. Si España renuncia al control soberano de una política tan importante como la migratoria no puede extrañar que haya momentos en el que el país al que se le otorgue el control lo gestione acorde a sus intereses, que no serán nunca los nuestros.
La política migratoria de España y la UE con Frontex no difiere en las formas y el fondo con la que dice defender Donald Trump y se basa en tener fronteras duras, militarizadas, que convierte el hecho migratorio en un factor de necropolítica. No es necesario poner ejemplos de por qué no funciona atendiendo a los flujos migratorios constantes y a los eventos específicos de flujos puntuales inabordables que no entienden de concertinas, mares, fronteras, kilómetros y coerción securitista. El modelo es insostenible, la política desde hace décadas es cruel, inhumana y además completamente inútil porque además de no conseguir el objetivo, que es detener los flujos, lo hace completamente salvaje e inhumano. Lo que no es permisible es mantener desde hace décadas esta política migratoria desastrosa y pedir a los que somos críticos con esta manera de proceder una alternativa sin evaluar el punto en el que estamos y hacer una diagnosis correcta de la catástrofe. No se puede cambiar el modelo ahora, no en un día, no sin cambios estructurales sociales, políticos y geopolíticos que no parecen realistas con la actual correlación de fuerzas. Este es vuestro modelo capitalista de libre circulación de mercancías y restricción de las personas, el nuestro es otro.
El problema geopolítico y de sometimiento al Majzén también es vuestra responsabilidad. El apaciguamiento no sirve con autocracias con las que se tiene un conflicto territorial. Después de ceder sobre el Sáhara, sin saber todavía por qué y quién influyó, comenzarán con Ceuta y Melilla. No importa lo que creamos nosotros sobre Ceuta y Melilla, si nuestra soberanía es innegociable o o no, lo que importa es que para Marruecos es una prioridad, y llevan décadas preparándose para poner en cuestión la soberanía de España sobre las ciudades autónomas. En 2021 primero y en 2026 ahora se ha trasladado un mensaje por parte de la autocracia alauí y es que las relaciones con Argelia le sirven a Marruecos para mostrar a España que Ceuta y Melilla solo son controlables cuando Mohamed VI quiere y ahora sabe que Europa no se va a poner de lado de España, que este gobierno habla de ataque a la integridad territorial sin atreverse a mencionar a Marruecos y que la oposición se pondrá del lado de los intereses de Mohamed VI si le sirve para erosionar a Pedro Sánchez. El test le ha salido exitoso aunque pudiera llevarse por el camino un mundial.
La posición geopolítica de España contraria a EEUU e Israel no iba a salirle gratis a Pedro Sánchez. En abril de 2026 se presentaron de manera paralela en el Senado y el Congreso de EEUU dos proyectos presentados por los republicanos Díaz Balart y Ted Cruz que ponen en cuestión la soberanía de España sobre Ceuta y Melilla hablando de "territorio de Marruecos administrado por España" e instando a Marco Rubio a que avance en negociaciones con Marruecos y España para la soberanía de los territorios españoles. Una posición que se hizo evidente después de que España negara el uso de las bases de Morón y Rota para los ataques yanquis sobre Irán. Mirar para otro lado, o pensar que esto es una crisis migratoria más y no un acto hostil de guerra híbrida por parte de Marruecos y EEUE, es casi un acto de traición a la soberanía española.
El paso de 72.000 marroquíes usados por su miseria por el dictador alauí se produjo en un contexto que no podemos obviar porque tiene que ver con el ejercicio de la soberanía española en su relación con Argelia. Los días antes del evento hostil por parte de Marruecos vinieron precedidas de unos hechos determinados. Francina Armengol recibió el 15 de julio a niños saharauis en el Congreso y recordó la responsabilidad histórica de España con el Sáhara. Pedro Sánchez visitó Argelia el 20 de julio para tratar de establecer un equilibro diplomático en el norte de África. El 23 de julio se aprueba en el Congreso el proyecto de ley para otorgar la nacionalidad a los saharauis mientras el El PSOE intentó que se suprimieran las alusiones al "pueblo saharaui" para no molestar a Marruecos. El 30 de julio Marruecos celebraba el Día del Trono y utilizó la desesperación de su pueblo para usarlos como parte de guerra híbrida para cobrarle a España esa semana de lo que consideran afrentas. Para Marruecos es inaceptable que España establezca un equilibrio de relaciones con Argelia pero todos tenemos que estar de acuerdo en que eso es una decisión soberana española que no puede estar sometida a los intereses de terceros países.
Es imperativo preguntarse por qué toda la clase política española teme a Marruecos y no se atreve a presentar de manera clara un discurso sin eludir la realidad. Un país como España no puede ser esclavo de su relación con un sátrapa. La dictadura alauí es enemiga de nuestra soberanía. Esos son puntos clave para establecer un discurso diáfano también desde la izquierda con aspiraciones internacionalistas porque la peor soberanía de un país es la que ejercen desde otros países cuando por encima de todos son enemigos de los derechos humanos y funcionales al imperialismo.