TODO ESTÁ EN BOURDIEU
Rufián desde el rojo y negro
"No sé lo que pretende Gabriel Rufián con su propuesta, pero sí que merece el desprecio de aquellos que quieren vernos a él y a mí, por causas muy similares, en el exilio o en la cárcel"
Estoy plenamente convencido de que Gabriel Rufián no tiene la mejor opinión sobre mí. Esa tensión de incomodidad los periodistas la conocemos. Lo cierto es que entiendo que pueda tenerla porque no debe ser fácil soportar ciertas críticas y esa exposición al escrutinio público cuando se produce con crudeza, y yo suelo tenerla porque no sé hacer mi trabajo de otra manera.
Los periodistas y analistas tenemos que opinar de temas que en ocasiones no consideramos prioritarios, y puede que eso lleve a análisis apresurados e injustos. Me hago cargo. Otras veces podemos tener razón en la crítica, no lo descarten. Pero creo que es tiempo de apartar cualquier consideración personal porque tengo claro que Gabriel Rufián y alguien como yo compartimos lo esencial porque ambos sabemos que somos enemigos prioritarios de los camisas pardas patrios.
No voy a plantearme en serio la posibilidad de que Gabriel Rufián encabece una propuesta como líder de una izquierda confederal a nivel estatal porque no suelo hablar sobre situaciones que no se van a producir. No creo que en el caso de que así fuera pudiera defender con un mínimo rigor posiciones en diferentes comunidades que sean compatibles con lo que lleva defendiendo muchos años desde el independentismo, no tiene el apoyo de su formación para semejante cometido y no estoy seguro de que él quisiera dar ese paso si la formación lo apoyara.
Lo que es seguro es que eso no va a pasar. Pero pueden pasar otras cosas que ayuden en el objetivo compartido y por lo tanto es necesario escuchar las propuestas constructivas, sean las que sean, de todo el mundo con capacidad, principios y coraje para dar pasos valientes. Al menos Gabriel Rufián ha demostrado saber jugar sus armas y ser un activo valioso contra la extrema derecha.
Tengo muchas reservas sobre posicionamientos que Gabriel Rufián ha defendido desde el independentismo cuando el procesismo enconó las posiciones hasta hacerlas difícilmente soportables y provocando que las calificaciones se extremaran en ocasiones hasta el absurdo. Me cuesta olvidar ese intento por parte de ERC y la CUP de hacer pasar a los convergentes de Junts como una formación más de izquierdas que la izquierda española. Porque ese delirio aun lo estamos pagando. Sé que Rufián lo sabe, sé que sabe que estuvo mal hacerlo, sé que no tuvo otra opción estando en el partido en el que estaba y con las circunstancias políticas y sociales existentes.
Hay cosas que ha defendido la ERC de Gabriel Rufián que me parecen inasumibles para alguien de izquierdas. Y ni siquiera voy a entrar en el conflicto nación y clase, no es momento ahora. Pero sigo tremendamente dolido por el hecho de que las Juventudes de ERC y muchos líderes de la formación homenajeen cada año a los hermanos Badia que fueron responsables del asesinato sistemática de líderes sindicales anarquistas.
Hay que entender, Rufián debería entender, que no se puede aspirar a liderar un debate de unidad en la izquierda homenajeando a asesinos de tus compañeros, y los anarquistas lo son, o al menos deberían de serlo al hablar de un frente común antifascista. Ese detalle merecería una rectificación de buena voluntad.
Pero todos esos problemas de entendimiento, la diferente cosmovisión sobre muchos cuestiones importantes, palidecen cuando se trata de la llegada al poder de un fascismo descarnado y rabioso. Viene el negro y hay que contraponer el rojo. Incluso el de esos anarquistas despreciados por las JEREC para un frente compartido.
No me importan los desencuentros pasados cuando es necesario un espacio de resistencia, la confraternización y empujar todos juntos sin considerar esos agravios pasados. No sé lo que pretende Gabriel Rufián con su propuesta, pero sí que merece el desprecio de aquellos que quieren vernos a él y a mí, por causas muy similares, en el exilio o en la cárcel.
Su discurso sobre la necesidad de que empujemos en la misma dirección tiene mucho de voluntarista y no confío en que prospere porque estoy convencido de que hay quien ve en la llegada del fascismo una oportunidad de negocio, pero no por eso quienes sí tenemos una conciencia colectiva sobre la gravedad del momento reaccionario debemos apartar cualquier diferencia para escuchar y no poner piedras en el camino. Rufián tiene razón en su planteamiento y en la urgencia del nuevo tiempo, no es poco para una voz de izquierdas. Escuchemos y apoyemos.