Todo está en Bourdieu

Vito Quiles necesita un abrazo

El agitador ultra Vito Quiles, en una imagen de archivoEP
  Madrid | 16/09/2026

"Los jóvenes de hoy, que abrazan el fascismo, los que son como Quiles, viven intoxicados por su propio resentimiento hasta carcomerles por dentro y envenenarlos con un humor hediondo que solo pueden canalizar con el odio al diferente"...

La entrevista en El Mundo a Vito Quiles arroja mucha información sobre una generación de hombres jóvenes confusos que eligen la violencia y la agresión en el entorno fascista para desarrollarse y dar salida a sus frustraciones, soledad y masculinidad herida y acomplejada. La mayoría de las veces son hombres con imposibilidad para pedir ayuda, para decir que no pueden más, que se sienten solos, que no saben cómo afrontar las emociones que implica relacionarse con otros seres humanos, la incapacidad para desarrollar su sexualidad, la imposibilidad para entender por qué no pueden mostrarse como en realidad son obligados por los resortes e imposiciones de los roles que impone a los hombres la educación patriarcal. Hombres que no son capaces de reconocer que solo tienen ganas de llorar sin que nadie les juzgue.

La masculinidad herida, insatisfecha y reprimida es una de las herramientas principales donde se sustenta el fascismo y es sencillo entender mucho sobre el momento reaccionaria atendiendo a la emocionalidad de esos hombres. Dos series que están en la actualidad en las plataformas, como Gone y Tip Toe, tratan dicha problemática. El protagonista es el actor británico David Morrisey y da vida a dos personajes muy distintos pero con el conflicto sobre la masculinidad como parte esencial de la trama. En Gone interpreta al director de un instituto privado de Bristol que tiene en el centro la relación con su masculinidad y la incapacidad para mostrar emociones para argumentar cómo esa educación patriarcal en la gestión emocional afecta de manera dramática a su entorno y a él mismo. En Tip Toe se muestra esa masculinidad como la gasolina del fascismo en una distopía, ya presente, en la que la manera de socializar y los hábitos de consumo asociados a la virilidad hegemónica convierten a los homosexuales, a los diferentes, en el chivo expiatorio de todos su problemas hasta explotar de manera violenta.

Vito Quiles dice que no se pone Netflix porque es Woke y prefiere escuchar debates de Santiago Abascal mientras come jamón y toma una cerveza, así que no podría ver estas series incluso si fueran de esa plataforma. Sé que un tipo como Vito Quiles no sería capaz de encontrar un aprendizaje tan profundo, por sus profundas carencias culturales e intelectuales. Pero sin que él sea consciente, esas series hablan de su situación. En la serie Tip Toe una de las escenas más impactantes ocurre cuando un grupo de hombres heterobásicos, entre los que se encuentra un homosexual que no se ha atrevido a mostrarse así con sus amigos, participa en una agresión homófoba violenta por la incapacidad que tiene para separarse de la presión de grupo y de la aceptación de los comportamientos violentos aprendidos desde pequeño en una sociedad que premia los comportamientos de masculinidad tóxica. Es una serie que Quiles necesita ver para entender que la heteronormatividad va mucho más allá de tener pelos en el pecho como dice en la entrevista. Aprendería mucho, quizás le ayudaría a tomar decisiones sobre su propia vida.

Se puede entender su ira, frustración o actitud ante los demás viendo sus declaraciones. Lo cierto es que me ha dado pena. No seré yo el que le ayude porque nos separan demasiadas cosas, pero sí estaría bien, por un mínimo de humanidad y empatía, que alguien que le haya querido en algún momento se acerque a él para conversar y proporcionarle apoyo emocional. Está pidiendo ayuda a gritos. La profesional de manera abierta y sin esconderse, la personal y emocional de manera subliminal pero evidente. En la entrevista se siente frustrado porque nadie le llama para ir a ninguna tertulia, ni siquiera los que le usan como mono de feria persecutorio para acosar a rivales políticos por las calles. Dice el aspirante a camisa negra que le gustaría tener la oportunidad de experimentar estar en una tertulia y ser "analista", pero que que no le llama ni dios. La entrevista es un currículum para que PP y Vox se acuerden de él si acaban ganando las elecciones porque en el fondo lo que siempre le ha pasado a Quiles es que quiere ser como aquello que critica. No se puede ser más prosistema que Quiles y lo único que hace es ser el tonto útil de los ultras en la calle esperando sus migajas.

Quiles está triste. Quiles tiene miedo. Quiles ya no siente que disfruta con lo que hace. En otro pasaje de la entrevista dice que antes disfrutaba más su trabajo porque ya ni siquiera puede pisar la calle cuando va a una manifestación de izquierdas. "Me está quemando", reconoce. Él suele decir cuando ve a alguien quebrarse que hay que apretar. Yo creo que lo que tiene que hacer es pedir atención psicológica. No pasa nada por ser débil, Vito. Es una muestra de humanidad. Todo lo que te pasa, todo ese odio que tienes dentro, se te pasará llorando un poco y reconociendo que no eres feliz con lo que haces y lo que te está pasando. Estás mostrando la disonancia propia de la masculinidad aprendida tóxica, esa que hace que actúes de una manera diferente a la que sientes.

El perfil que Quiles dibuja de sí mismo es el de un chaval solo, abandonado por su familia, y que no tiene a nadie cerca que le aconseje, le dé un abrazo. No tiene a nadie con quien hablar ni compartir sus miedos, porque se ve que los tiene, y con traumas sin tratar. Es un chico atormentado, sin amigos, que se queja amargamente porque su familia no empatiza con él y está al margen de todo lo que hace. Quiles se siente que está salvando la patria y su familia pasa de él y no alimenta la burbuja de ego de la que se alimenta. Se le nota la frustración por no poder tener en casa lo que siente en las redes.

En la entrevista se respira el que es el gran problema de la masculinidad heteronormativa traumada. Dice Quiles: "No comparto mi intimidad con casi nadie", en otra parte de la entrevista dice: "No necesito la aprobación de nadie… no tengo personas con las que compartir mis problemas, no cuento las cosas que me pasan, las debato con mi yo interior. Me llevo muy bien conmigo mismo. Ceno solo". Por dios, está pidiendo a gritos que alguien le dé un abrazo, le lleve a tomarse un café y le pregunte: "Vito, ¿qué te pasa?, cuéntame".

Leer la entrevista a Vito Quiles despojándose de los prejuicios que se tienen con el activista ultra es una manera perfecta de aprender cuáles son las motivaciones que empujan a muchos hombres jóvenes a utilizar sus traumas y resentimientos contra el diferente y por qué no saben manejar el rencor larvado por una adolescencia solitaria y acomplejada. Quiles reconoce estar solo, no tener amigos ni haberlos tenido en la universidad, reconoce que está bunkerizado y que no confía en nadie. Max Scheller escribió el libro 'El resentimiento en la moral' durante la Primera Guerra Mundial para explicar cómo influía esa emoción en la situación política y que ayuda a comprender cómo los jóvenes de hoy, que abrazan el fascismo, los que son como Quiles, viven intoxicados por su propio resentimiento hasta carcomerles por dentro y envenenarlos con un humor hediondo que solo pueden canalizar con el odio al diferente. En el fondo son solo unos pobres chicos solos, acojonados y acomplejados. Son hombres tristes que necesitan a alguien que les diga que les quiere y que todo saldrá bien.

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