CONDUCCIÓN AUTÓNOMA
Los coches sin conductor de Waymo tienen operadores humanos al otro lado del mundo que intervienen cuando el coche no sabe qué hacer.
Si creías que los coches autónomos iban completamente solos por la calle, resulta que no es así del todo. Waymo, la empresa de Alphabet (o sea, Google) que opera robotaxis en varias ciudades estadounidenses, acaba de reconocer ante el Senado que emplea operadores humanos en Filipinas para asistir a sus vehículos cuando se encuentran en situaciones complicadas, y el dato ha caído como una bomba entre los legisladores. Total que los coches del futuro dependen de gente que está a miles de kilómetros, conectada por internet y sin que nadie supiera exactamente dónde estaban ni qué cualificación tenían.
Mauricio Peña, director de seguridad de Waymo, ha confirmado en el Comité de Comercio, Ciencia y Transporte que la compañía utiliza operadores remotos para guiar a sus robotaxis cuando la inteligencia artificial se atasca en maniobras difíciles, aunque insiste en que el vehículo mantiene el control en todo momento y que los humanos solo dan orientación. El problema es que algunos de estos operadores están en Filipinas, algo que Peña soltó solo después de que el senador Edward Markey le presionara con preguntas directas sobre la ubicación exacta del personal. Vamos, que la información no la dieron voluntariamente, sino porque no les quedó más remedio.
La revelación ha provocado el rechazo inmediato de los senadores presentes, porque tener a personas en el extranjero influyendo en vehículos que circulan por calles estadounidenses genera vulnerabilidades enormes de ciberseguridad, según argumentó Markey. Además, nadie sabe si estos operadores filipinos tienen permisos de conducir estadounidenses ni si conocen las normas de tráfico locales, lo que añade más dudas sobre la cualificación real de quienes asisten a los robotaxis. El senador también señaló que Waymo está intentando reemplazar a taxistas y conductores de plataformas en EE UU, pero resulta que los pocos trabajos que quedan para humanos se envían al extranjero, así que la ironía es brutal.
El legislador demócrata ha expresado su preocupación por la posibilidad de que agentes hostiles controlen físicamente las operaciones remotas y conviertan los vehículos en armas que busquen dañar a ciudadanos estadounidenses, porque si alguien consigue acceso a esos sistemas desde Filipinas, podría tener control sobre coches que circulan por ciudades como San Francisco o Phoenix. Mira, es un escenario que suena a película, pero que técnicamente no es imposible si la infraestructura de seguridad falla.
Markey ha enviado una solicitud formal a siete empresas de vehículos autónomos (Waymo, Tesla, Zoox, Aurora, Motional, May Mobility y Nuro) pidiendo información detallada sobre sus operadores de asistencia remota, y les ha dado plazo hasta el 17 de febrero para responder. El senador quiere saber cuántos operadores tienen, dónde están ubicados, con qué frecuencia intervienen en los vehículos y qué cualificación poseen, porque hasta ahora las compañías han proporcionado muy poca información al respecto. Total que el Gobierno estadounidense se ha dado cuenta de que los robotaxis operan con una supervisión humana que nadie había regulado ni fiscalizado adecuadamente.
El comité está considerando crear regulaciones de seguridad uniformes para los vehículos autónomos, porque se están volviendo cada vez más comunes en las principales ciudades y ya se han reportado varios accidentes en Texas y California en los que estuvieron involucrados estos coches. Pues la cosa pinta a que van a meter mano seria, porque la falta de transparencia de empresas como Waymo ha dejado claro que la industria necesita reglas claras antes de que los robotaxis se expandan más.
Si esto sigue así, podrías ver cómo la tecnología de conducción autónoma se enfrenta a controles mucho más estrictos en los próximos meses, mientras que las empresas tendrán que demostrar que sus sistemas son seguros tanto en el aspecto técnico como en el de ciberseguridad. Vamos, que el futuro de los robotaxis podría depender de cuánta confianza consigan generar en los reguladores.
La polémica con Waymo pone sobre la mesa una realidad incómoda para la industria de vehículos autónomos, porque resulta que la promesa de coches que circulan solos sin intervención humana era más un eslogan de marketing que una descripción exacta de cómo funcionan realmente. Si los robotaxis necesitan operadores humanos para salir de situaciones complicadas, entonces la tecnología aún no está lista para operar de forma completamente independiente, y eso afecta a la narrativa que las empresas han vendido durante años.
Además, el hecho de que los operadores estén en Filipinas plantea cuestiones sobre costes laborales y deslocalización, porque si Waymo quisiera podría contratar a estadounidenses para hacer ese trabajo, pero seguramente le sale más barato externalizar el servicio al sudeste asiático. Pues esa decisión empresarial ahora se ha convertido en un problema político y de seguridad nacional, porque los legisladores ven un riesgo claro en depender de personal extranjero para controlar vehículos en suelo estadounidense. Total que lo que parecía una decisión operativa rutinaria se ha transformado en un escándalo que podría cambiar las reglas del juego para toda la industria.
Si eres de los que pensaba que los robotaxis eran tecnología pura sin humanos detrás, ya sabes que la realidad es más compleja y que todavía queda mucho camino por recorrer antes de que los coches autónomos funcionen realmente sin supervisión. Mientras tanto, el debate sobre seguridad y regulación va a marcar el ritmo al que esta tecnología se despliega en las calles.