DENTRO DEL PLAN DE 122
La DGT amplía su red de radares con 33 nuevos cinemómetros: las carreteras vigiladas
Repartidos por once comunidades autónomas, el despliegue incluye 20 dispositivos fijos y 13 radares de tramo.
La Dirección General de Tráfico ha incorporado 33 nuevos radares a la red española, repartidos por once comunidades autónomas. El despliegue incluye 20 dispositivos fijos y 13 radares de tramo, con presencia en vías como la M-501 de Madrid, la N-403 de Ávila y la A-355 de Málaga. Los equipos forman parte de un plan más amplio para reforzar el control de velocidad, especialmente en carreteras convencionales.
La instalación se reparte entre Andalucía, Aragón, Asturias, Canarias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Comunidad Valenciana, Comunidad de Madrid, Galicia y Murcia. El objetivo es ampliar la vigilancia en distintos tramos de la red viaria, con especial atención a las carreteras convencionales y a vías con una elevada intensidad de tráfico.
Los 33 equipos forman parte del plan de la DGT para instalar 122 nuevos puntos de control de velocidad. Según el organismo, 106 de esos puntos ya estaban en funcionamiento cuando anunció esta nueva incorporación, y el resto del programa debía completarse a lo largo de 2026.
Dónde están los nuevos radares
Entre las carreteras que estrenan controles figuran algunas vías muy utilizadas en los desplazamientos diarios y otras que conectan distintos municipios y provincias. Estos son varios de los puntos incluidos en el listado oficial:
Madrid: radar fijo en la M-601, en el kilómetro 0,930; otro en la M-100, en el 22,940; y dos controles de tramo en la M-501, entre los kilómetros 42,375 y 46,224.
Ávila: varios controles de tramo en la AV-562 y la N-403.
León: radar fijo en la CL-623, en el kilómetro 7,110.
Málaga: dos controles de tramo en la A-355, entre los kilómetros 0,990 y 4,450.
Alicante: tres radares de tramo repartidos entre la A-31 y la A-7.
Valencia: un control de tramo en la CV-30 y un radar fijo en la CV-400.
Zaragoza: dos radares fijos en la N-232, en los kilómetros 244,220 y 244,945.
La relación también incluye dispositivos en Asturias, Cantabria, A Coruña, Las Palmas, Murcia, Pontevedra, Segovia, Sevilla, Tenerife, Toledo y Valladolid. La ubicación exacta, el sentido de circulación y el punto kilométrico pueden consultarse en el listado oficial de radares de la DGT.
Radar fijo o de tramo: no funcionan igual
Aunque ambos sirven para detectar excesos de velocidad, existe una diferencia fundamental entre los dos sistemas que acaba de incorporar Tráfico.
Los radares fijos miden la velocidad del vehículo al pasar por un punto determinado. Si se supera el límite aplicable, el equipo registra la infracción para su tramitación. Su presencia suele estar anunciada mediante señalización específica.
Los radares de tramo, en cambio, calculan la velocidad media entre dos puntos separados por una determinada distancia. Las cámaras registran la matrícula a la entrada y a la salida, y el sistema calcula cuánto tiempo ha tardado el vehículo en completar el recorrido. Si la media supera el límite permitido, puede generar una denuncia.
Esta diferencia tiene consecuencias prácticas. Ante un radar fijo, reducir la velocidad justo al llegar al punto de medición puede evitar que se registre un exceso en ese instante, pero no convierte en legal la velocidad mantenida antes. En un radar de tramo, frenar únicamente al acercarse a una cámara no sirve para eludir el control: lo que cuenta es la media de todo el recorrido vigilado.
La DGT publica estos puntos de control y facilita sus ubicaciones para que puedan incorporarse a los navegadores. En cualquier caso, la señalización de un radar no modifica el límite de velocidad de la carretera, que debe respetarse durante todo el trayecto.
¿Ya están poniendo multas?
Sí. Cuando anunció los nuevos dispositivos el 27 de febrero de 2026, la DGT explicó que durante el primer mes de funcionamiento los conductores captados por exceso de velocidad recibirían una carta informativa. Una vez transcurrido ese periodo, los equipos empezarían a denunciar las infracciones.
Por tanto, no se trata de radares que estén pendientes de entrar en funcionamiento: el periodo inicial de aviso previsto por Tráfico ya ha quedado atrás.
Las consecuencias económicas dependen de cuánto se supere el límite y de la velocidad máxima establecida en esa vía. Las multas comienzan en 100 euros para los excesos más leves y pueden alcanzar los 600 euros, además de la pérdida de hasta seis puntos del permiso en los casos más graves. La sanción concreta depende de la tabla legal aplicable a cada exceso.
También conviene recordar que los radares no son la única herramienta de vigilancia de la DGT. Tráfico utiliza cinemómetros móviles, controles desde vehículos, radares instalados en helicópteros y otros sistemas automatizados para detectar infracciones. La ubicación de un radar fijo conocido, por tanto, no significa que el resto del recorrido esté libre de controles.
La velocidad sigue siendo uno de los factores de riesgo
La ampliación de la red responde a un problema que va más allá de las multas. Cuanto mayor es la velocidad, menos tiempo tiene el conductor para reaccionar ante un imprevisto y mayor puede ser la gravedad de las lesiones en caso de accidente.
Según los datos difundidos por la DGT en febrero de 2026, la velocidad inadecuada estuvo presente en el 24% de los siniestros mortales registrados en carretera durante 2024. En ese ejercicio se contabilizaron 307 accidentes mortales en los que este factor tuvo incidencia.
Con estos 33 nuevos dispositivos, Tráfico refuerza su estrategia de control en una red de carreteras muy extensa y con características muy distintas. Para el conductor, la recomendación sigue siendo sencilla: comprobar los límites de cada vía, prestar atención a los cambios de velocidad y no confiar en que conocer la ubicación de los radares sea suficiente para evitar una sanción.