DECISIONES DE COMPRA
No necesita lo mismo quien utiliza el coche a diario que quien hace más de 100 kilómetros al día, ni tampoco quien hace la mayor parte de sus trayectos en autovía que en una ciudad con restricciones ambientales.
Los coches eléctricos no son para todo el mundo. Un gasolina no siempre es más barato y el diésel no está muerto. En el sector de la automoción, no todo es blanco o negro, y por eso no te puedes comprar un coche nuevo comparándote con alguien que no lo utiliza de la misma manera que tú.
No necesitas lo mismo si coges el coche a diario para ir a trabajar y accedes a una gran ciudad (con sus Zonas de Bajas Emisiones) que si tienes un vehículo de trabajo y usas el tuyo solo los fines de semana y en vacaciones.
Cada conductor español recorre, de media, unos 11.200 kilómetros al año, según datos de la Dirección General de Tráfico (DGT). Y aunque puedas pensar que la cifra es más alta en tu caso, no es lo mismo recorrer ese kilometraje en zonas urbanas que en autovía a una velocidad constante. Así que, dime cuántos kilómetros haces y te diré qué motor deberías comprarte.
Si haces pocos kilómetros al año, el motor de gasolina es una opción perfectamente lógica. El precio inicial es más bajo, el mantenimiento suele ser más sencillo y cumple en trayectos cortos o con un uso más bien ocasional.
Ahora bien, si de esos 15.000 kilómetros un 80% (o más) son en ciudad, el híbrido convencional (HEV) sería una compra bastante lógica. En ciudad, aprovecha las frenadas para recargar la batería, reduce el consumo, no necesitas cargarlo y además tendrás la etiqueta ECO de la DGT para acceder a las ZBE.
¿Y el eléctrico? Puede encajar si haces más o menos siempre el mismo trayecto y podrías cargar el coche en casa o en el trabajo, pues el coste por kilómetro es bajo. Y el mantenimiento, también. Pero ojo, si dependes de cargadores públicos y haces pocos kilómetros, puedes tardar años en compensar el sobrecoste inicial.
El que no tiene ninguna cabida en este escenario es el motor diésel. Los motores modernos tienen sistemas anticontaminación que necesitan recorridos largos y alcanzar cierta temperatura para funcionar en un rango óptimo.
Es el rango más delicado y en el que no podemos hablar solo de kilómetros al año, sino del tipo de trayecto. Si vas a circular sobre todo por autovía, el diésel ya empieza a tener bastante más sentido. Los motores modernos tienen cifras de consumo ridículas.
En cambio, si circulas por la ciudad entre semana y te escapas fuera el fin de semana, el HEV vuelve a ganar puntos. Reduce el consumo en ciudad y no penaliza en carretera.
El híbrido enchufable (PHEV)puede ser interesante, solo si lo usas bien. Es decir, si lo cargas a diario para aprovechar la autonomía eléctrica y no lo compras solo por la pegatina de la DGT. Hay más conductores de los que crees que se compran un híbrido enchufable, no lo cargan y terminan moviendo un coche de gasolina que consume mucho más de lo que ponía en la ficha técnica.
En cuanto a los microhíbridos, técnicamente son gasolina o diésel con un pequeño apoyo eléctrico. La ventaja más importante es la etiqueta ECO y un ligero ahorro, pero no son híbridos plenos. Eso deberías tenerlo claro antes de comprar un coche pensando que es mucho más eficiente de lo que realmente es.
Si haces 100 kilómetros al día (o más), tienes que tomar la mejor decisión pensando en tu bolsillo. A ese ritmo, fácilmente superarás los 25.000 kilómetros anuales.
En trayectos largos por autovía, el diésel moderno sigue siendo bastante competitivo por el consumo mínimo. Ahora bien, si ese kilometraje se repite a diario y tienes opción de instalar un punto de carga en casa, un eléctrico sí que encaja con tu estilo de vida. Eso sí, calcula bien el precio de compra y la infraestructura antes de dar el salto.
El híbrido enchufable también puede cuadrar si parte de ese recorrido es urbano y aprovechas la autonomía eléctrica. Pero si no lo vas a cargar, todos esos supuestos beneficios desaparecen.