Y SI NO TE LO DIGO, NO ACERTARÁS

Esto que haces para ahorrar gasolina te cuesta mucho dinero

Hay muchos mitos acerca del ahorro de combustible, y este es de los más extendidos y falsos.

Ir en marchas larguísimas y presumir de llevar el motor “casi parado” queda bonito en el grupo de WhatsApp, pero en la carretera la cosa cambia porque forzar el motor a regímenes demasiado bajos obliga a la electrónica a compensar con más inyección para que no se cale, entonces el coche vibra, responde peor al pisarle y, al final, acabas quemando más gasolina por kilómetro que si hubieses ido a un régimen razonable. No es cuñadez: es la física de motor aplicada a tu bolsillo.

Además, esa forma de conducir castiga la mecánica más que una tortura medieval. El embrague patina, el turbo sufre por falta de un régimen mínimo y el filtro de partículas no llega a regenerar correctamente y se emboza. Todo eso es parte de la factura que se te viene encima si insistes en ir ahogado.

La regla de oro que resume todo esto es sencilla: bajar revoluciones es útil en tramos concretos, pero no es una doctrina universal. Si quieres ahorrar de verdad, no hagas proselitismo de rpm bajas y aprende a elegir la marcha adecuada según la pendiente, la carga y la urgencia de la maniobra.

Cuentakilómetros | Pixabay

¿Qué ocurre dentro del motor cuando lo ahogas?

Un motor tiene una zona en la que es más eficiente en la que la mezcla aire-combustible, la relación de compresión y el diseño de la cámara trabajan en armonía para mover el coche con el menor consumo para la potencia entregada. Si lo obligas a empujar el coche por debajo de ese tramo, lo que haces es extraerle más par con menos vueltas, y la ECU responde abriendo más la inyección para sostener la velocidad. Entonces el consumo por kilómetro sube y la eficiencia cae a plomo. Es tan simple como eso: menos rpm no equivale a menor gasto si el motor está forzado.

En los diésel modernos, además, el problema se nota en el DPF (o FAP en español) y en la combustión misma, porque rodar continuamente con el motor ahogado favorece los depósitos de carbonilla, las emisiones incompletas y problemas de regeneración que se traducen en visitas al taller que no son baratas. En los gasolina con turbo, ir a muy pocas vueltas puede dejar al turbo “frío” y tender a generar más esfuerzo cuando por fin necesitas empuje, con el consiguiente retraso al acelerar y un consumo que sube por picos.

Por ende, no estamos hablando de teorías y hablamos de piezas que sufren de más, de electrónica que compensa y de un coste real. Si quieres que la máquina dure y que el gasto por kilómetro sea normal, respeta la banda útil del motor, porque sacarlo de ahí por orgullo es regalar euros al taller.

Pedales | Centímetros Cúbicos

Cómo conducir para ahorrar de verdad y sin hacer el ridículo

La práctica que funciona es mantener el motor en su zona feliz según el tipo de motor. En los bloques gasolina esa zona suele estar más arriba que en los diésel, pero no hace falta memorizar números porque basta escuchar el motor y fijarse en la respuesta. Si notas que el coche se ahoga al acelerar, baja una marcha y vuelve a un régimen que responda sin patinar, y si vas desahogado y sobrado, sube una marcha para economizar. La clave es adaptar la marcha a la pendiente y la carga.

Anticipa, no te empeñes en ir en la más larga por sistema. Aprovecha las inercias en llano, pero si la carretera se empina o llevas peso, reduce y evita forzar. Mantén la presión correcta de los neumáticos, evita llevar cosas inútiles y usa el aire acondicionado con cabeza, porque todo suma en la ecuación del consumo real, y recuerda que si tienes caja automática moderna, muchas veces es mejor dejar que la caja haga su trabajo que forzar con cambios manuales raros.

En pocas palabras: el ahorro no es ir siempre a 1.200 rpm ni hacerte el héroe del consumo. Es conducir usando la cabeza, elegir marchas coherentes y escuchar el coche. Hazlo y verás menos frenazos al bolsillo y menos visitas al taller.

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