VEHÍCULOS DE HIDRÓGENO
El SUV de segmento D se convirtió en superventas durante sus 30 años. Estados Unidos, su gran reducto. Allí, los japoneses venden la variante con pila de combustible, ausente de momento de este lado del Atlántico. ¿Qué puede hacer que se incorpore a la gama española?
El Honda CR-V no necesita presentación. Aunque en España se vea relegado por otros modelos de la marca japonesa –además de preferir al Civic, los conductores se inclinan por los SUV más compactos de la gama, léase el ZR-V del segmento C y el B-SUV HR-V–, presume un título de privilegio: ser el Honda más vendido de los últimos diez años en todo el mundo.
A finales del 2025, este superventas de tamaño mediano –supera los 4,7 metros de longitud– cumplió 30 años. Desde el estreno de la primera generación en 1995, el Honda CR-V avanzó hasta la vigente sexta generación y en tres décadas logró acumular más de 15 millones de entregas a nivel global. Queda en evidencia que su impacto comercial depende del mercado. El europeo no es su reducto más fuerte y tiene lógica, dado que la prioridad no pasa por el segmento D.
Lo que sí ha forjado su hegemonía en el viejo continente es la propulsión electrificada, dadas las exigencias medioambientales. Las opciones mecánicas del CR-V español son, por lo tanto, concisas y contundentes: un híbrido autorrecargable con casi 1.000 kilómetros de rendimiento cuando el tanque de combustible va lleno –960 kilómetros, para ser exacto– y un híbrido enchufable con 81 kilómetros de autonomía totalmente eléctrica.
Diferente es el caso del Honda CR-V norteamericano. En Estados Unidos, donde dominan los vehículos de tamaños superiores y la tracción a las cuatro ruedas representa una suerte de religión, este SUV es uno de los modelos más populares año tras año. Un mercado en el que se comercializa desde siempre y que, junto al japonés, explica por qué domina las ventas del fabricante de un tiempo a esta parte. Además de la versión híbrida, allí el CR-V sale de fábrica con un tipo de propulsión de momento ausente de este lado del Atlántico.
Pero no desde hace tanto tiempo, pues apenas está atravesando su segundo año en aquel mercado. Con un diseño exterior que se distancia del original –que no varía del que vemos en las calles de España–, el Honda CR-V e:FCEV debutó con el modelo 2025, transita el modelo 2026 y porta un aspecto aparte sobre todo en el frontal, pues ni en la silueta ni en el sector trasero cambia la ecuación. Como indica su nombre, lo sustancial en él radica en el tipo de propulsión.
¿Llegará este Honda CR-V a hidrógeno a Europa? ¿En ese caso lo hará en el corto plazo? Es un contexto en el que reina la incertidumbre a futuro. Los diésel se están despidiendo pero los motores de combustión no se extinguirán tan rápido, los híbridos mandan y los 100 % eléctricos no se consolidan. ¿Cómo generar confianza en los usuarios para introducir un SUV de este tipo? Hoy, un caso imposible, pero mañana...
Es que una de las principales claves pasa por la infraestructura y existe una iniciativa en marcha. Mediante un proyecto que acaba de sembrar la primera semilla, Europa se propone alcanzar en 2030 unas 75 hidrolineras. El secreto está en la reactivación y puesta en valor de las estaciones ya existentes en carreteras, dándoles uso a través de los camiones fuel-cell para lograr bajar el precio de este combustible alternativo respecto del de las recargas eléctricas.
No es el hidrógeno una movilidad de efecto inmediato ni este programa quiere decir que proliferará y le allanará el camino a las producciones de bajo coste para acercarse a las mayorías con precios de compra terrenales. A su vez, mejor no descartar que el CR-V de hidrógeno, con una base de puntos de carga asegurada en los próximos años –se espera un total de estas 55 hidrolineras para el 2028–, se incorpore a la gama si, a finales de esta década, el escenario es propicio para que Honda lo sitúe como un punto de partida en un mercado de nicho.