EUROPA SE PONE LAS PILAS
Los fabricantes europeos acaban de presentar su arma secreta: una técnica de fabricación similar a la de las viviendas prefabricadas que promete bajar el precio de los eléctricos de forma drástica.
Seguramente lo del gigacasting te suene tan raro como la conversión de las pesetas al euro. Presta atención entonces: Esto va de unas piezas de aluminio enormes que sustituyen a decenas de componentes en un solo golpe para ahorrar tiempo, dinero y dolores de cabeza en el taller, pero con un precio que no todos podían asumir. En Europa eso no podíamos hacerlo, y así nació el gigastamping, la versión europea, económica y muy inteligente del gigacasting que promete simplificar la fabricación de eléctricos sin disparar el precio final al consumidor.
El gigastamping no es magia ni un truco barato. La idea se basa en estampar una pieza gigante de una sola pasada, sustituyendo 20 ó 25 componentes distintos. Así hay menos soldaduras, menos validaciones, menos compras de materiales y un coche que llega al cliente más barato y sin dramas, un poco como las naves industriales prefabricadas o como las carrocerías monocasco. No es especulativo, porque en España ya tenemos a Gestamp, que es una multinacional especialista en metales que ya trabaja en marcos de puerta dobles que incluyen el pilar C en un solo estampado, algo que reduce costes, acelera la producción y mantiene la robustez necesaria para que los eléctricos europeos sigan siendo seguros y fiables sin que te pegues un susto a pesar de ir con tu Plan Auto+.
La realidad es que en Europa, y sobre todo en el sur, siempre hemos sido excelentes recurriendo a nuestro ingenio para compensar la falta de medio, y mientras Tesla y las marcas chinas se financian para comprar maquinaria carísima de gigacasting, aquí aprovechamos las plataformas existentes y usamos materiales más económicos como el acero en lugar del aluminio. El resultado es un coche eléctrico europeo que mantiene la tecnología de vanguardia, pero con un precio más razonable y menos riesgo financiero para las fábricas. El gigastamping es, en resumidas cuentas, la manera de fabricar eléctricos a la europea: eficiente, barato y listo para competir en un mercado cada vez más saturado. Es nuestra manera de repetir la proeza que ya fue la carrocería autoportante.
La presión de los clientes y la escalada de costes no dejan margen de error, y cuanto más grande es la pieza, menos cosas hay que desarrollar, validar y comprar, y menos pasos en la cadena de producción significa menos problemas para la marca y más ahorro para el conductor, que al final es quien paga la factura siempre que nadie se ponga codicioso con los márgenes.
Además, permite introducir materiales más baratos sin comprometer la seguridad, por ejemplo, los fabricantes pueden estampar estructuras sólidas en acero en lugar de aluminio para lograr una mayor rigidez, una ligereza relativa y la reducción de costes. La flexibilidad que ofrece también permite adaptar la técnica a diferentes modelos y plataformas, y eso contribuye a que los eléctricos no se queden en coches de lujo inalcanzables. Esto no solo abarata el precio de producción, sino que abre la puerta a eléctricos más económicos para el público general.
El gigastamping refleja esa filosofía europea de antaño de crear un coche fiable, seguro y competitivo gastando menos. No se trata de copiar a Tesla, sino de hacerlo mejor y más barato.
Para el conductor, el cambio será casi invisible, pero se notará en el precio final del coche. Además, las reducciones de costes permitirán que los eléctricos europeos compitan con más fuerza frente a chinos y estadounidenses sin sacrificar autonomía, seguridad o prestaciones.
Para la industria, el gigastamping es una forma de sobrevivir en un mercado que exige velocidad, fiabilidad y costes reducidísimos porque la inversión inicial es mucho menor que la del gigacasting tradicional, y eso permite a los fabricantes europeos mantener sus márgenes sin tener que hipotecarse en maquinaria multimillonaria. El que reduce los tiempos de desarrollo de nuevos modelos es también algo interesante si se quiere responder rápido a las tendencias y demandas de movilidad del público.
Europa ha encontrado su propio camino para producir eléctricos con un método que combina la ingeniería inteligente, la reducción de costes y el pragmatismo industrial. Los coches eléctricos no tienen que ser caros, y la vieja Europa tiene todavía mucho que decir en la carrera del vehículo eléctrico si Bruselas no le cierra la boca. Los próximos años prometen eléctricos más asequibles, competitivos y, sobre todo, pensados para que cualquier conductor pueda permitirse subirse a uno sin pasar pena al pasar la visa.