TERCERA GENERACIÓN EN EURO NCAP
El modelo 2026 del SUV japonés fue sometido a finales del 2025 a la evaluación y se fue de ella con altas calificaciones. A continuación, los aspectos más destacados que demostró la prueba.
Tras su presentación en Europa a mediados del 2025, la primavera del 2026 marcará su desembarco en reductos clave como Japón y Norteamérica. El Mazda CX-5 es ese SUV que nunca renuncia a su personalidad y a la calidad de conducción, lo que se refleja en sus cinco millones de unidades alcanzadas. Tampoco, en un contexto de electrificaciones extremas, le suelta la mano a los motores de toda la vida, a juzgar por su actual propulsión híbrida ligera que parte de su motor 2.5 a gasolina. La seguridad es otro aspecto en el que se hace fuerte.
Después de su lanzamiento europeo, la tercera generación pasó por las instalaciones del Euro NCAP y, a finales del año pasado, supimos que el coche se había retirado de allí con las famosas cinco estrellas.
Un 90 % en la seguridad para adultos, un 89 % en la protección para los pasajeros infantiles, un 93 % para el resguardo de los usuarios de la vía más vulnerables y un 83 % en los sistemas de asistencia. Detrás de sus altas calificaciones por categoría, el test de este niño bonito arrojó desempeños a destacar.
En protección de ocupantes adultos, la referida a los traumatismos cervicales terminó con cuatro puntos sobre cuatro y no dejó dudas. Tampoco las simulaciones con barreras de colisión lateral de otros vehículos y la eficacia de la bolsa de aire delantera central, la que evita impactos entre conductor y acompañante. En general, el CX-5 2026 se presenta como un coche casi sin fisuras para los ocupantes delanteros en situaciones de choques laterales, según esta evaluación, mientras que en casos de impactos frontales es en las zonas bajas donde mejor se defiende.
Pasando a las plazas traseras, parte de su alta calificación en seguridad para niños se debió a la obtención de la máxima puntuación registrada en el momento en que los maniquíes que representan ocupantes de seis a diez años recibieron impactos frontales y laterales.
El frenado de emergencia demostró reaccionar como corresponde frente a peatones, ciclistas y motociclistas y aportó, con puntuaciones perfectas, a ese 93 % en la categoría de los más vulnerables del tráfico. Pero en este apartado la seguridad activa no fue la única aprobada con creces, ya que el CX-5 ha dejado muy buenas sensaciones en las pruebas de impactos, sobre todo en relación con las partes inferiores del cuerpo.
El frenado de emergencia automático para evitar choques con otros coches –integrado en la categoría de las asistencias– también se llevó una muy buena puntuación, en tanto que el SUV también demostró solidez al momento del mantenimiento de carril y eficiencia en la advertencia para el uso de los cinturones.
Estos puntos altos y sus consecuentes cinco estrellas hacen del Mazda CX-5 un modelo en el que confiar, y se integra al resto de los valores –conducción a combustión con etiqueta ECO, espacio y más que considerable volumen de carga, tecnología intuitiva y un diseño original– que hacen de su precio de partida de 35.200 euros un valor que por sí mismo no es accesible, pero sí razonable para lo que el vehículo da.