¿EN QUÉ QUEDARÁ ESTO?
¿Qué significan todos estos cambios con la baliza V16?
La DGT hizo algo poco habitual a menos de 48 horas de que entrara en vigor la obligación de la baliza V16 conectada y dio marcha atrás. O, al menos, aparentó hacerlo. Los triángulos de emergencia volvían a ser legales de repente, y pese a que su desaparición estaba escrita en piedra desde hacía meses.
El mensaje oficial hablaba de flexibilidad y de escuchar a los conductores, pero la realidad es bastante menos amable y lo que ha hecho la DGT ha sido salvar a los triángulos a última hora para evitar problemas en aquellas situaciones en las que la luz V16 no es suficiente.
Es ya un secreto a voces que muchos conductores no se sienten seguros con una luz V16 colocada sobre el techo, especialmente en carreteras rápidas, con tráfico denso o mala visibilidad, y la sensación general es que se ve poco y avisa menos.
No lo dicen solo usuarios anónimos. Lo han dicho guardias civiles de Tráfico, bomberos y profesionales de la carretera que se juegan el pellejo cada día. La V16 puede cumplir una función, pero no sustituye visualmente a un coche señalizado con antelación.
Si tras su implantación empezaban a aumentar los atropellos o los impactos contra vehículos detenidos, la pregunta era inevitable: ¿Quién asumiría la responsabilidad?
Ahí está la clave, porque al permitir ahora el uso voluntario de los triángulos, la DGT permite que en casos donde no habría visibilidad para la luz V16, sí sea posible poner triángulos.
Es la misma lógica que se aplica cuando una carretera está llena de baches: no se arregla, se coloca una señal de “firme en mal estado” y asunto resuelto. El problema sigue ahí, pero la responsabilidad ya no es del organismo.
Con los triángulos ocurre exactamente lo mismo. Es una cuestión de seguridad, pero también de blindaje legal.
La baliza V16 no es solo una norma. Ha sido una bandera personal del director de la DGT, Pere Navarro. Su defensa pública ha sido constante y firme.
El problema es que cuando una medida se personaliza tanto, cualquier consecuencia negativa deja de ser abstracta. Y si los datos no acompañan, el desgaste no es institucional: es directo.
Permitir ahora los triángulos es una forma elegante de decir: “si pasa algo, no fue solo cosa nuestra”.
La frase, atribuida a un agente de Tráfico, resume mejor que cualquier informe técnico el problema de fondo. Si un vehículo policial con luces prioritarias a veces no se percibe a tiempo, pensar que una baliza pequeña va a resolver una emergencia es, como mínimo, optimista.
La discusión no es triángulos contra V16. La discusión es visibilidad real en carretera, en condiciones reales, con conductores reales y no en simulaciones ideales.
La consecuencia práctica es clara: muchos conductores acabarán llevando las dos cosas. La V16 por obligación normativa y los triángulos por puro instinto de supervivencia.
No porque lo diga Tráfico, sino porque en la carretera, cuando algo va mal, nadie quiere ser el experimento de una norma mal afinada.