un regreso histórico
Artemis II llega a la Tierra con un protocolo pensado al milímetro tras hacer historia en la cara oculta de la Luna
¿Por qué es importante? El problema más preocupante tiene que ver con el escudo térmico, la gran defensa de la nave contra el extremo calor provocado por la fricción con la atmósfera.
Resumen IA supervisado
La misión Artemis II enfrenta un crítico proceso de reentrada a la Tierra en 13 minutos, durante el cual la nave Orión, sometida a una fuerza cuatro veces mayor que la gravedad terrestre, debe superar desafíos calculados al milímetro por la NASA. Un escudo térmico dañado podría complicar la situación, requiriendo una trayectoria más agresiva para reducir el tiempo en la zona crítica. La nave no tiene paracaídas de repuesto, pero puede aterrizar con menos de los previstos. Al amerizar en el Océano Pacífico, esferas hinchables aseguran su estabilidad para evitar que se hunda.
* Resumen supervisado por periodistas.
13 son los críticos minutos para la tripulación de la misión Artemis II. Este es el tiempo que tarda la nave Orión en realizar su entrada en la Tierra. "Al desintegrarse a una velocidad hasta cuatro veces mayor que la fuerza de la gravedad, la tripulación se sentirá cuatro veces más pesada que en la Tierra", ha explicado la NASA.
Es un proceso peligroso, pero calculado al milímetro por la NASA para evitar escenarios apocalípticos. "Si ocurre algo mal, la verdad es que no tienes capacidad de reacción", ha apuntado Carlos García-Galán, el director español del programa Base Lunar.
¿Y si se daña el escudo térmico? Sí se pueden producir importantes problemas durante ese tiempo. El más preocupante tiene que ver con un posible daño en el escudo térmico, la gran defensa de la nave contra el extremo calor provocado por la fricción con la atmósfera.
"Si en la última inspección antes de la reentrada descubren que el escudo térmico está dañado, se haría una trayectoria más agresiva, para descender más rápido, para que el escudo térmico sufra menos. En este caso, el pico de calor es más alto, pero el tiempo que tarda la cápsula en recorrer la zona más crítica es menor", ha detallado el divulgador científico Álex Riveiro.
Además, si la orientación de la cápsula al entrar en la atmósfera no es la adecuada, la tripulación está entrenada para corregirla.
La nave Orión no cuenta con paracaídas de repuesto, pero también en esto piensa la NASA. "No tiene paracaídas de repuesto, pero la nave esta diseñada para aterrizar con solo dos paracaídas principales (tiene tres) y uno de frenado (tiene dos). Incluso con uno podría aterrizar (pero el impacto sería más violento, claro) y la velocidad de descenso con todos los paracaídas abiertos es de 30 km/h al tocar el mar", ha declarado Riveiro.
Es posible que, al llegar al océano, la cápsula no caiga en vertical. Para hacer frente a este contratiempo existen unas esferas hinchables en su parte superior que tienen la función de enderezarla para que no se hunda en el mar. "Después de viajar más de 990.000 kilómetros, Orión ameriza en el Océano Pacífico", ha dicho la NASA.
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