Ceguera del 90%
Así se quedó casi ciega por mirar un eclipse la exdiputada Mercedes López: "Los días nublados son mortales"
Mercedes López Romero padece una ceguera del 90%. La causa: haber mirado fijamente al sol durante un eclipse cuando tenía ocho años. Recomienda que los niños no lo vean ni siquiera con gafas.
Los oftalmólogos insisten y los Gobiernos insisten: ver el eclipse solar total de mañana sin gafas homologadas no es ni debería ser una opción. Las lesiones oculares son irreversibles. El experto en retina Óscar Andrée ha insistido en que "no es seguro" tampoco mirar sin usar las gafas cuando el cielo esté nublado, "porque todavía hay parte de la luz del sol que nos podría estar llegando y podría dañar nuestros ojos". Y recuerda que la retina no duele, por lo que podemos tardar en notar los efectos de una lesión.
Precisamente eso es lo que le ocurrió a la exdiputada de Ciudadanos en Andalucía Mercedes López Romero, que padece una ceguera del 90% por haber mirado fijamente al sol durante un eclipse cuando sólo tenía 8 años de edad. De hecho, ella recomienda no mirar el eclipse, ni siquiera con gafas de protección, y menos aún si se trata de niños.
"Me da miedo ver que la gente va a ver el eclipse con niños y todo; no son conscientes del peligro que supone; me da miedo ver cómo la gente piensa aprovechar estas vacaciones, que se ponen en carretera y todo para mirar el eclipse", ha señalado Mercedes López, de 45 años y fisioterapeuta de profesión. Al cumplir 18 años se afilió a la ONCE, en cuya escuela estudio Fisioterapia, una vez que por su ceguera renunció a los estudios de Medicina y de Enfermería que le hubiera gustado cursar en primera y segunda opción, y después de que con 17 años le aseguraran que no podría obtener el carné de conducir.
Las lesiones por las quemaduras del sol no las acusó de inmediato y, según ha contado a EFE, fue en el instituto a los 14 años de edad cuando empezó a no distinguir algunos números en el encerado, por lo que recurrió por primera vez al oftalmólogo, quien enseguida identificó las quemaduras y le preguntó si había mirado hacia arriba de manera continuada. Efectivamente, así fue cuando tenía 8 años y, en compañía de otros niños en el patio de su colegio en la localidad de Dalías (Almería), donde se reunían para jugar por las tardes, se escondieron para poder mirar al sol durante un eclipse sin que los adultos, que lo hacían a cierta distancia y con medidas de protección, se percataran de su travesura.
"Empezamos a decir que a ver quién era la que aguantaba más", y fue ella la que lo hizo, en compañía de otros niños, entre ellos su hermana dos años menor, que no sostuvieron tanto la mirada y se libraron de las lesiones. La perdida de visión fue progresiva desde su juventud y todavía sigue acentuándose, de modo que también padece hipersensibilidad a la luz: "Los días nublados son mortales para mí, y los muy soleados también; y voy perdiendo visión con los años".
La televisión y la pantalla del teléfono móvil puede verlos sin ningún brillo ni contraste y sin desprenderse de las gafas de sol que emplea de manera casi constante, también en interiores. "Veo como si hubiera mucha niebla siempre, y los colores ya no los distingo y los confundo constantemente", ha añadido, al recordar que sus lesiones no se pueden operar por afectar al tejido nervioso, en plena mácula.